Residencias sin positivos, s se puede

El personal de las residencias de mayores en las que todavía no se ha registrado ningún caso de contagio de coronavirus ni entre sus usuarios ni en su plantilla reconoce que hay una parte muy grande de cuidado, de prevención y de protección y un componente menor, pero también relevante, de “suerte”. Son, al menos una decena las instalaciones que todavía no han registrado contagios y extreman las medidas en su día a día para que siga siendo así en la ciudad y la comarca.

La doctora Libertad López, de la residencia García Hermanos, en Betanzos, explica que, para mantenerse a salvo de la pandemia o, cuando menos para intentarlo, restringieron las visitas en el centro a finales de febrero. “Esta residencia la lleva la congregación Hermanitas de los Ancianos Desvalidos, que tiene centros por toda España, cuando vimos qué estaba pasando en Madrid ya tomamos medidas”, comenta. En el centro hay aproximadamente 170 usuarios a los que, a diario, hacen pruebas para vigilar que estén bien. Por ahora, la Xunta no les ha realizado los test.

Las residencias de mayores, por tener usuarios de alto riesgo, en su mayoría ancianos con patologías previas, se convirtieron en víctimas del coronavirus. Según los datos del Sergas, actualizados ayer, quedan todavía 218 mayores infectados en diez residencias y 71 trabajadores en diez centros de A Coruña y comarca. Desde el inicio de la pandemia han fallecido en las residencias del área metropolitana 28 mayores.

El catedrático de la Universidade da Coruña en Geriatría y también director de la residencia A Milagrosa, José Carlos Millán Calenti, asegura que, desde que la primera semana de marzo restringieron el acceso a las instalaciones, no solo de familiares sino también de proveedores, los usuarios han enfermado menos. “En esto, la suerte influye un poco, pero el trabajo influye más”, resume. La ausencia de seres queridos la suplen con videollamadas y correos electrónicos. “No podemos decir que no nos asusta que entre el virus, pero si entrase estamos protegidos y preparados”, dice Millán Calenti, que asume que, cada día sin contagio “es una victoria”. “Desde el 10 de marzo no hemos tenido ni un resfriado. Están mejor que nunca en cuanto a salud, después tienen la parte estresante del confinamiento, que tratamos de paliar con salidas al jardín y con actividades, pero la mayor parte del tiempo la pasan en la habitación y van las terapeutas a sus cuartos, también celebramos los cumpleaños y estamos preparando el Día de la Madre… Es un día menos que queda y el esfuerzo, aunque nos cansemos, merece la pena”, explica Millán Calenti, que sabe que el virus puede aparecer en cualquier momento, aunque no será porque ellos le hayan dejado las puertas abiertas.

La directora adjunta de El Pilar de Bergondo, Ana Maroño, está pendiente de los test masivos. “Yo creo que todo el mundo lo está haciendo muy bien, pero es más cuestión de suerte que de otra cosa. Lamento mucho la situación de los centros en los que hay contagios”, dice Maroño, que tiene en su residencia 58 usuarios, e incide en el “apoyo inmenso” que está recibiendo del Sergas, sobre todo de los doctores Lamelo y Lariño, que son los encargados de ofrecerles soporte.

En la residencia La Luz, de Sada, como cuenta la responsable del departamento de administración, Ángeles Gayoso, las restricciones empezaron ya después de Carnaval, iban a hacer su fiesta una semana después de la del Concello, y la anularon para evitar el ir y venir de gente. A finales de febrero ya no dejaban entrar a los mayores de 70 años y cada residente podía recibir solo la visita de un familiar. Esta restricción duró unos días, después, endurecieron la medida y el centro se cerró a los visitantes. “Seguimos con la rutina, pero el servicio de fisioterapia, que aquí es externo, ya no lo tenemos”, explica.

En la residencia de A Zapateira, las puertas se cerraron el 3 de marzo, para evitar que los mayores se sintiesen solos, dispusieron medidas para que pudiesen estar en contacto con sus familias, haciendo videollamadas un día sí y otro no. Tienen quince residentes y ya han realizado los test de la Xunta, que han dado todos negativo. Lo que más les ayuda a pasar el confinamiento, según explican desde la dirección, es salir al exterior, a una zona común por la que pueden pasear los miembros de esta “gran familia”.

La directora de la residencia Torrente Ballester de A Coruña, con casi un centenar de plazas, Irene Mosquera, explica que intentan seguir haciendo actividades y que a sus mayores los días no se les hagan eternos, así que, como cada último viernes de mes, este celebraron conjuntamente los cumpleaños de tres residentes, los que comparten fecha de nacimiento en marzo. Soplaron las velas sobre una tarta de goma eva, una medida previa a la llegada del coronavirus, ya que, para evitar contagios, no soplan sobre la tarta comestible. La de verdad la tienen servida en la mesa en cuanto se acaba la ceremonia de pedir un deseo.

En esta residencia, que depende de la Xunta, ya se realizaron las pruebas y tanto mayores como trabajadores dieron negativo. “Hay un porcentaje de suerte, un 10%, diría yo, pero desde el minuto uno pusimos en marcha todos los protocolos que nos dijeron y eso es el 90% de que no tengamos positivos”, explica Mosquera, por ejemplo, los trabajadores ya no lavan su pijama en casa, todos los uniformes se quedan en la residencia para ser desinfectados. También desdoblaron el comedor para que, en lugar de comer cuatro personas por mesa, como había sido siempre, sean solo dos las que compartan mesa y mantel. Los aparatos de la sala de fisioterapia pasaron al salón de actos y las actividades se hacen ahora en este espacio, y, antes de cada comida, se toman la temperatura .

“Al principio, lo vivimos todos con cierta angustia, pero con el paso del tiempo, estamos viendo que está mejorando muchísimo su estado emocional. Notamos más unión entre ellos y con nosotros que antes”, relata Mosquera, que agradece el cariño que reciben no solo de las familias sino también de sus “abuelos”, que les cantan el Resistiré al mediodía. La directora de la residencia Fonte do Santo, en Coirós, que tiene 32 plazas, Cristina Sande, agradece que las familias hubiesen entendido las medidas que impusieron unos días antes de que se declarase el estado de alarma, para que no fuesen a visitar a sus mayores para evitar el contagio.

La directora de la residencia de Santa María de Ois, en Coirós, Carmen Cancela, explica que, en su centro todavía no se realizaron los test masivos, pero sí se le hicieron pruebas a dos residentes que dieron negativo. “Nosotros cerramos el centro antes que otros, en cuanto se registró el primer caso en el Chuac ya hablamos con las familias. “Nos preguntan cuándo se va a acabar esto y cuándo van a poder venir a visitarlos y es complicado porque no les sabemos dar una respuesta. Ojalá que sea pronto, porque lo están deseando”, comenta Cancela.

Recuerda el gerente de la residencia de Bribes, José Matamoros, que la semana antes de que el Gobierno decretase el estado de alarma, en el centro ya no entraba ni salía nadie ajeno a las instalaciones. “Ahora es todo un poco más soso porque no vienen los familiares, aunque nosotros intentamos suplirlo con más cariño, les pedimos que nos envíen fotos y se las enseñamos a los pacientes…”, relata Matamoros. En este centro cuentan con 5.000 metros cuadrados de campo para pasear, pero como por ahora “el tiempo no ha acompañado” no pueden estar fuera todo el tiempo que les gustaría. “Tenemos miedo de que se constipen y se confundan síntomas”, reconoce Matamoros. Loli Vázquez, directora de la residencia Asden, otorga a la suerte un “porcentaje muy pequeño” en la ecuación de que sus 34 residentes hubiesen dado negativo en las pruebas.

La residencia Oleiros, que había registrado un positivo, ayer recibió los resultados de su test masivo con 125 negativos.

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