Paciencia, ingenio e internet, aliados de las parejas separadas por el confinamiento

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El confinamiento provocado por la pandemia del coronavirus, ya a punto de cumplir su primer mes, ha traído consigo una realidad extraña para aquellas parejas que no conviven bajo un mismo techo, obligadas a un distanciamiento que todavía no tiene fecha de caducidad, y que han encontrado en la paciencia, el ingenio e internet sus mejores aliados.

Aunque cada relación es un mundo, el estado de alarma las ha igualado en cierto sentido, porque ahora da lo mismo que entre uno y otro medien unos pocos kilómetros o las fronteras de varios países: en ambos casos los besos se mandan a una pantalla.

“Es raro estar en la misma ciudad, separados por un bus y un metro, tan cerca, y con la imposibilidad de salir y vernos”, dice Marta, para quien lo que más se echa en falta son esas citas ya convertidas en rutina: las cervezas de los lunes, el cine de los miércoles…

Una normalidad que, al igual que para tantos otros, se ha visto reemplazada por soluciones de todo tipo: quedadas a distancia para hacer deporte o estudiar, películas vistas simultáneamente, juegos en línea y, por supuesto, las omnipresentes videollamadas, auténtica tabla de salvación en todos los casos.

Planes frustrados

Más allá de su impacto en el día a día, el confinamiento ha tirado por tierra multitud de planes elaborados antes de que el coronavirus golpeara España.

“Yo ahora mismo tendría que estar en Salzburgo, porque se suponía que íbamos a pasar allí la Semana Santa, y en cambio ni sé cuándo me voy a ir ni si voy a poder ver a Martin en verano, porque no tenemos mucha información ni nadie la tiene”, cuenta Lola, cuyo novio es austríaco.

Aunque su relación “siempre ha sido a distancia“, normalmente se ven cada dos o tres semanas, lo cual contrasta con la “incertidumbre” actual, amplificada por las realidades dispares de Austria, donde “las medidas de confinamiento son mucho más laxas”, y España.

A Víctor la explosión de la pandemia le pilló en Ibiza, donde estaba de vacaciones con su pareja. Ante la inminencia de la declaración del estado de alarma, adelantaron su regreso, y según aterrizaron se dijeron adiós, él camino a Vitoria y ella en dirección a Madrid. No han vuelto a verse desde entonces.

Más suerte tuvo Pablo, a quien le dio tiempo a completar el viaje por Francia con su novia que había planeado tras hacer el examen del MIR. Pero, también en su caso, se separaron nada más volver a casa y siguen sumando días de distanciamiento.

Nuevas rutinas

“Realmente Manu y yo nos ‘vemos’ mucho. Por ejemplo por las mañanas nos hacemos una videollamada y nos dejamos los móviles puestos mientras cada uno estudia, y así es más o menos como si estuviéramos juntos en la biblioteca”, indica Ana, dando un ejemplo de las nuevas costumbres que van haciéndose hueco en la vida de pareja.

Los fines de semana, Lola queda con Martin para hacer deporte, mientras que Pablo lo hace con su novia para ver series y películas, un hábito bastante extendido.

Los juegos son otra opción, facilitada por las aplicaciones móviles pero siempre potenciada por la creatividad: Marta dice que han sacado ideas de concursos como ‘Saber y Ganar’, y que también practican pasatiempos clásicos de papel y lápiz como el ‘Hundir la flota’.

Y, con un poco de buena voluntad, hasta las celebraciones pueden hacerse a distancia. A Víctor, que ha cumplido años durante el confinamiento, su pareja le insistió en que comprase una tarta y unas velas para que pudieran soplarlas juntos mientras hacían una videollamada.

Separación sobrevenida

Un caso singular es el de Paula. Ella, ya casada y embarazada de siete meses, vive con su marido, Fran, y no obstante tuvieron que experimentar una inesperada separación: al dar positivo por coronavirus una compañera de trabajo de él, decidieron que ella se fuera a casa de sus padres mientras él pasaba una quincena de aislamiento.

“Al principio te lo tomas como que es una fase que hay que pasar y ya, pero a medida que iban pasando los días, pues estás acostumbrada a vivir con él, y tienes una serie de rutinas, y los dos terminamos echándonos mucho de menos. Y cuando te quedas sola en la cama y te das cuenta de que estás embarazada, de que no sabes si el bicho va a dar la cara… entra un poco el agobio”, cuenta Paula.

Además, tampoco se libró del miedo a contraer la enfermedad en casa de sus padres, dado que ambos seguían trabajando por dedicarse a actividades esenciales. Así que al final acabó alojándose con sus suegros, donde pasó cuatro días “horrorosos” hasta que pudo volver a su hogar.

“Fue muy emocionante volver a casa, Fran estaba bien y al momento se me pasó la ansiedad de los días anteriores. Ya lo vivimos como una batalla ganada, y a nivel de pareja la verdad es que nos ha cambiado bastante”, dice Paula.

Paciencia ante la incertidumbre

En definitiva, coinciden todos los entrevistados, lo mejor es plantearse la situación con paciencia, aunque pesen la ausencia de contacto físico y el no saber cuándo volverá la normalidad.

“Nosotros lo llevamos bien, e intentamos buscar el lado positivo, esto no nos está suponiendo ningún tipo de tensión”, asegura Ana, al tiempo que Lola destaca que ahora habla con su pareja “de una manera más habitual” que antes y la reconforta que, pese a la distancia, puedan acompañarse el uno al otro durante el encierro.

A veces, a fin de cuentas, conviene ver las cosas con perspectiva. “Mientras estemos los dos sanos, no creo que haya que montar ningún drama. Será un mes, dos meses, tres meses, pero al final, tarde o temprano, nos vamos a ver. Y también es una forma nueva de vivir un noviazgo y de conocer otra faceta de tu vida en pareja”, concluye Marta.

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