«No será un número más»

ABC

SANTIAGO
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«Me he despedido con una pequeña caricia de mi doble par de guantes sobre su frente». El testimonio de una enfermera que da cuenta de la muerte de un paciente de 75 años, hipertenso y diabético, cuya vida ha arrebatado la pandemia de coronavirus, da una buena medida del impacto psicológico y emocional que tienen que afrontar los profesionales sanitarios. Una carga que se suma a las largas horas de lucha, a menudo denodada, para frenar la sangría de muertes que deja a su paso el Covid-19.

La enfermera anónima parafrasea a Miguel Delibes para titular «Cinco horas con Mario» su homenaje y recuerdo a este paciente, que así se llamaba, a través de una entrada en el blog Enfermeiras en loita (Enfermeras en lucha). El anciano, como tantos, llevaba una vida normal para su edad hasta que, hace una semana y media, notó las señales clásicas de alarma: sensación de falta de aire, tos y temperatura más elevada de lo normal.

Los días de Mario en el hospital han sido duros, con «la soledad del aislamiento» y el contacto físico «reducido a los contactos que tiene a diario con el personal sanitario y no sanitario». Momentos «breves». «Mis accesos a la habitación, aun queriéndolo, deben ser los justos para evitar nuestra exposición», relata la enfermera rememorando las jornadas de cuidados.

Finalmente, «el virus ha hecho mella en Mario. Aunque a su llegada entró siendo una persona autónoma, pasado estos días debido a la infección ya no puede valerse por sí mismo: la insuficiencia respiratoria se ha agravado, la neumonía bilateral le ha provocado una infección generalizada y ahora requiere de un alto aporte de oxígeno. Su deterioro avanza muy rápido y parece imparable». El relato es estremecedor. El final, más duro aún.

«Su corazón no puede más»

«Son casi las doce de la mañana y la vida de Mario pende de un hilo», narra la enfermera. «Hay que tomar la decisión más difícil y dura: ¿se sigue adelante con lo imposible o lo dejamos ya y hacemos que sea lo más cómodo posible para él?». El coronavirus ha llegado demasiado lejos en el organismo del anciano, a un punto de no retorno: «Finalmente su corazón ya no puede aguantar más y a pesar de que él lucha para mantenerse con vida en la soledad de su habitación, a la una de la tarde el médico confirma su fallecimiento».

La narradora de esta historia no elude la primera persona para revelar sus sentimientos y compartir el golpe emocional que ha sufrido. Profesional, sí, pero primero, persona. «Han sido varios días junto a él, varios días en los que he tenido la suerte de conocer su persona, varios días de risas y bromas cuando estaba permitido, varios días de soledad junto a él, pero éste último día, el de la despedida en la que sólo estábamos él y yo ha sido especialmente duro».

La caricia leve para decir adiós aúna todos los ingredientes de las tragedias que, a millares, se acumulan en España desde el inicio de la pandemia. Apenas un pequeño gesto, para preservar la humanidad pese a todo, pero siempre pequeño, porque el virus no perdona, y una enfermera es una pieza esencial que no puede permitirse engrosar la lista de damnificados.

«Han sido cinco horas con Mario hasta que no ha podido más. Su muerte ha hecho aumentar las tristes estadísticas de damnificados por el Covid-19, pero para mí no será un número más. Para mí siempre será Mario», concluye el desgarrador testimonio. Por desgracia, tan duro como otros que los profesionales sanitarios, sin compartirlos, guardan en su interior. Y que difícilmente podrán olvidar cuando todo pase.

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