La caa como compaera de vida

José Enrique Veiga contaba seis años cuando empezó a pescar con su padre. Ahora tiene 38 y no concibe la vida sin una caña en la mano. En todo este tiempo, jamás pensó que iba a estar casi dos meses sin ir a pescar. Y no por limitaciones propias, sino por obligación. La pesca deportiva también desapareció con el confinamiento.

Con el anuncio de la desescalada, los pescadores deportivos empezaron a ver la luz al final del túnel. Pero se quedaron con las ganas. “En la fase 0, cuando se publicó que se podían practicar todos los deportes, la pesca no apareció ahí. La metieron en la fase 2, en agricultura”, recuerda Veiga, que en el momento pensó, como otros de sus compañeros, que era “ilógico”. “La pesca está reconocida como deporte por el comité olímpico españoles. Hay deportistas de alto nivel que se dedican a eso. Nos pareció muy chocante”, critica.

Veiga detalla que la pesca tiene “muchas variantes”, como puede ocurrir “con el ciclismo”, por eso reclamaron que se les dejase hacer lo que más les gusta. “Solo pudimos ir a pescar tres días”, cuenta. Y fue porque la Xunta, a pesar de que el Gobierno central indicaba la contrario, autorizó esta actividad siempre que se realizase de forma individual, sin contacto con terceros y guardando las distancias de seguridad establecidas por el Ministerio de Sanidad. “Fue un desbarajuste”, señala José Enrique Veiga, que añade que “nada estaba claro”.

Así, algunos no dudaron en coger su caña y salir a pescar. “Yo fui aquellos tres días, antes de la negativa de Madrid. Pero hubo gente que no lo hizo porque nadie tenía claro qué estaba permitido y qué no”, reconoce. Veiga, que pertenece a la asociación Róbalo, tampoco tenía mucha información al respecto y confiesa que las dudas eran constantes. “Nosotros estamos en foros, en la asociación, nos llegan comunicados y, aun asi, no había nada claro”, asegura Veiga.

Después de quitarse el mono de ir a pescar, el Estado volvió a decir que no a esta actividad. “Creo que la Xunta se precipitó, quizá tenía que fijar una fecha para que todos se enterasen y no abrir la temporada a trompicones”, analiza Veiga.

Finalmente, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, rectificó e incluyó la pesca como deporte. “Estábamos deseando ir a pescar. Eso fue lo que pidió el colectivo en todo momento”, reitera el secretario de Róbalos, que cogió ayer por primera vez la caña.

Mientras, Veiga se dedicó a “preparar una embarcación” para tenerla terminaba justo cuando se pudiese salir a pescar, a partir de hoy. “El problema es que este año la temporada casi se perdió. Yo suelo ir a mar y río. Y en los embalses, por ejemplo, con el calor ya no se pesca nada”, detalla.

José Enrique Veiga estaba deseando coger la caña, pero también le apetece “ir a bucear”. “Es lo que estaría haciendo ahora mismo si no hubiese pasado esto”, cuenta, emocionado por retomar esta actividad. Otra de sus pasiones es la de hacer señuelos de pesca artesanales. “Es que llevo toda la vida pescando”, se disculpa, mientras organiza su fin de semana para salir a pescar.

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