Incertidumbre en la FP: “Parece que no existimos”

A menos de un mes de la finalización del curso, y con más o menos desavenencias en los acuerdos, la mayoría de niveles educativos conoce ya las circunstancias en las que se desarrollarán los procesos de evaluación. Todos menos uno: no existe un criterio claro que defina el futuro próximo del alumnado de Formación Profesional de Galicia, que ve terminar el mes sin que nadie haya sabido darles una respuesta.

La Consellería de Educación, pese a haber publicado unas orientaciones provisionales respecto al tema, espera el anuncio de la normativa estatal por parte del Ministerio, que dicen acatarán “por lealtad institucional y responsabilidad con su comunidad educativa”. En dichas orientaciones, instan al profesorado a localizar a los alumnos con dificultades para incorporarse a la docencia telemática y a poner los medios necesarios a su alcance. Explicitan, además, que en el tercer trimestre deberán desarrollarse actividades de recuperación, repaso o ampliación de aprendizajes necesarios.

“Es un descontrol”, ratifica Araceli Barros, directora del centro Tomás Barros. Alega que, pese a que tratan de desarrollar con la mayor normalidad posible la programación por la vía telemática y se encuentran en contacto estrecho con la Consellería, la incertidumbre se ha instalado entre alumnos y profesores a la espera de una resolución definitiva. “Hasta que no salga algo en el DOGA no podemos hacer nada. Damos las clases por plataforma, email o como podemos, no queremos darle informaciones contradictorias a los alumnos”, añade. Confirma que, tan pronto se publique el dictamen, empezarán a contactar con empresas y responsables de la Xunta para gestionar la situación.

“Nos sentimos olvidados”, se queja un estudiante del centro López Vicuña. Denuncia que la situación empieza a ser insostenible respecto a las condiciones de la docencia del ciclo que estudia, el de Educación Infantil. La queja recurrente gira en torno a la poca o nula unidad de criterio entre los profesores de las asignaturas. Perciben que son pocos los que están teniendo en cuenta la excepcionalidad de la situación y que la mayoría ha optado por doblar la carga de trabajo para compensar la falta de clases presenciales. “Una profesora ha decidido examinarnos semana tras semana, otra nos dice que hagamos un teatrillo o un juguete con materiales de casa y nos exige lo mismo que si estuviésemos en el instituto”, ejemplifica.

Así lo corroboran otras alumnas del mismo centro, coyuntura a la que añaden otras circunstancias que dificultan en gran medida una finalización del curso satisfactoria: “Muchos no vivimos en A Coruña y no tenemos los libros ni el material aquí, mandan trabajos que no son asequibles económicamente, mucha gente no tiene recursos en su casa”. La modalidad de docencia telemática tampoco está funcionando, a ojos de muchos, como debería. “Solo se nos carga de trabajo a la espalda, ni se molestaron en probar las clases virtuales”, señala otra de las alumnas del centro.

La otra gran preocupación mayoritaria, el cómo se desarrollarán o suplirán los ejercicios que todos los alumnos deben realizar en las aulas en las titulaciones más prácticas, y cuya adaptación a la vía telemática es imposible, aguarda sobre la mesa a la espera de una resolución. Los alumnos, que saben de lo esencial de llevar a la práctica las destrezas aprendidas en la teoría, esperan con cierta angustia las directrices. “Las prácticas las damos por perdidas, en un año tendremos que estar en una empresa y así hay pocas posibilidades de que nos cojan”, asegura un estudiante de Automoción de Someso, “parece que no existimos”.

Para los estudiantes de segundo curso, que deben pasar obligatoriamente por la Formación en Centros de Trabajo para obtener su título, la situación parece estar un poco más clara. La Xunta abre como posibilidad acortar la duración de la práctica hasta los mínimos legales (220 horas en medio y superior y 65 en básica). Además, los alumnos podrán finalizar la formación vía teletrabajo si la empresa lo permite. En el caso de las prácticas previstas para fuera del periodo ordinario, el alumnado podrá hacerlas antes del 31 de agosto, de modo voluntario, o a partir del 1 de septiembre.

Los estudiantes del centro Ánxel Casal han decidido mover ficha y han realizado una encuesta, que arroja en forma de datos las dificultades que enfrentan a la espera de que se les informe, así como las propuestas de mejora que se recogen en los resultados. Las quejas son recurrentes: piden clases por videoconferencia, un volumen de tareas adaptado, evaluación mediante trabajos y una mayor implicación por parte del profesorado. “Estamos siendo prácticamente autodidactas, no nos explican el temario, solo me respondió a las dudas una profesora”, se queja uno de los alumnos del centro. En el instituto Fernando Wirtz, la tónica y los ánimos son similares, como asegura una estudiante: “Cada profesor hace lo que quiere, suben las cosas cuando quieren, no se comunican con nosotros, no sabemos si lo que hacemos está sirviendo de algo”.

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