Fuerteventura.- El joven majorero Kevin García, residente en Filipinas, viajó a Tailandia hace varios meses para trabajar como voluntario en el país y a falta de pocos días para renovar la visa le robaron el pasaporte. 


A pesar de haber pedido ayuda a la Embajada Española, todavía no ha podido salir del territorio y se encuentra confinado en un hostel en situación de ilegalidad.



 Cada día que pasa aumenta la penalización económica que deberá abonar antes de poder viajar y ya lleva acumulados más de 600 euros. 


Hace tres días llegó a su correo electrónico la carta firmada por la Embajada Española que, acompañada por el pasaporte de emergencia expedido tras el robo, supondría el fin de su pesadilla. 


El problema es que llega con más de mes y medio de retraso “y ahora mismo ya no me garantiza la salida”, se lamenta. 


El joven envidia la respuesta que otras embajadas, como la alemana, ofrecieron a sus ciudadanos facilitando su despedida de Tailandia con rapidez, una vez anunciado el cierre del espacio aéreo por la pandemia.


 Hubiera evitado una situación que, según explica, sin ayuda y a partir de los cuarenta días como ilegal se podría poner seria e, incluso, llevarlo a prisión. 


Un contexto, reconoce, que “me mata día a día” y que aguanta gracias a la solidaridad que se promueve entre viajeros que también se encuentran atrapados en el país. 


Kevin se ha visto obligado a echar mano de todos sus ahorros y también de la ayuda económica que le ha enviado su familia. 


Por eso, y soñando con poder volver cuanto antes a su casa en Filipinas, agradece los esfuerzo que desde distintos ámbitos se están realizando para mejorar su situación, en especial a su madre y también a su grupo de amigos de Fuerteventura que, “a pesar de esta pasándolo mal están haciendo un esfuerzo muy grande” por reunir dinero y enviarlo a Kevin.