El pulso cauto de Os Mallos

La calle Ángel Senra, peatonal y paralela al tramo de la ronda de Outeiro más próximo a la estación de San Cristóbal, es un termómetro bastante fiable de la actividad que da aliento al barrio de Os Mallos. Comercios de distintos sectores, bares y servicios a un lado y otro de la calle han recuperado en las últimas semanas el pulso que durante el periodo de confinamiento convirtió esa zona en algo parecido a un desierto. Creen los vecinos y trabajadores del entorno que “había muchas ganas de estar en la calle” y aprecian que ahora el barrio, en general, está adoptando una actitud “más responsable” que al comienzo del plan de desescalada programado por el Gobierno.

Mesas y sillas de terrazas demasiado juntas, vecinos sin mascarilla, distancias de seguridad sin respetar, artículos palpados en los establecimientos comerciales de proximidad. “Al principio tuve algo de miedo, pero ahora la gente actúa con más cabeza y responsabilidad”, reconoce la comerciante Ana Sánchez en su mercería, que de momento solo abre por las mañanas. Una mujer recoge allí unas mascarillas que había encargado. “Creo que los clientes de los bares están actuando con disciplina en general, salvo en algún episodio puntual que hay que reprochar”, cree Edy García Rodríguez, responsable de la cervecería Rivera 2. Lo dice recordando, -y queriendo olvidar- que en la misma calle hace un mes dos vecinos se enfrentaron a botellazos tras haber bebido de más durante horas, por lo que tuvo que intervenir la policía.

Una señal que confirma que el barrio está muy próximo a la normalidad es el tránsito de vehículos por la red de calles alrededor de Ángel Senra, donde ha vuelto a ser habitual la doble fila, como ocurre en Oidor Gregorio Tovar o Capitán Juan Varela, en ocasiones un tormento para los conductores del bus urbano. Es algo con lo que conviven con resignación los residentes en el humilde y obrero barrio de Os Mallos.

La gente también ha devuelto a las calles la vida interrumpida por la pandemia del coronavirus. Bancos, estancos y cadenas de alimentación tienen todavía a sus puertas colas de personas que esperan el momento de ser atendidas. Pero que haya más gente que hace una o dos semanas en la calle no quiere decir que la haya en los comercios en la misma medida que antes de mediados de marzo. “Sí, se ven más paseantes, personas que tienen que hacer recados, pero en las tiendas entran menos”, advierte Brais Recarey desde el mostrador de un establecimiento comercial de Ángel Senra. “Vendemos un 70% menos que hace unos meses y la caída en las ventas la vamos a notar muchos negocios en la zona, unos más que otros”, pronostica.

Parte del espíritu del barrio, de la cercanía que transmite, lo representan los encuentros más o menos habituales alrededor de la mesa de un bar. En una terraza de Ángel Senra, en un cruce, se juntan cuando hace buen tiempo tres amigas mayores, Elsa, Carmen e Isabel, con un café como estimulante. “Yo lo pasé muy mal”, dice una mujer. “Yo ahora me siento más liberada”, añade otra. La tercera prefiere callar y escuchar; también desconfiar de parte de lo que las autoridades han contado en estos últimos meses. “Todos hemos sufrido por lo que ha traído este virus, pero ahora al fin podemos vernos y contarnos nuestras vidas en la calle, por la mañana o por la tarde. Y ahora la gente ya puede volver a trabajar”.

Os Mallos, como los demás barrios de A Coruña, se desconfina con prudencia y general moderación. Otras de sus zonas frecuentadas todavía no transmiten la sensación de antes, de siempre, como en la plaza Padre Rubinos o frente a la estación de ferrocarril, con las áreas infantiles aún precintadas, sin las risas o los gritos de los niños y con gente que viene y va en busca de la normalidad.

Ana Sánchez – Comerciante
“Abro la tienda de mañana y coso máscaras de tarde”

Las mascarillas han estado muy presentes para Ana Sánchez durante el estado de alarma. Las ha confeccionado en su tienda y en su casa, donándolas a personas mayores o con discapacidad y vendiéndolas a particulares que se las piden. “Algo tenía que hacer en casa encerrada o me desesperaba sin ingresos. Así llevo todo el confinamiento. Abro por la mañana y coso las mascarillas por la tarde”, cuenta. Admite que ahora está “más tranquila” porque ve “más cabeza” en la gente: “Al principio notaba irresponsabilidad en la calle y en la tienda, ahora se actúa con más seguridad”.

Elsa Coto – Vecina
“En enero el Gobierno no se tomó en serio la crisis”

Elsa Coto, vecina de Ángel Senra, suele ponerse al día con sus amigas en un café del barrio. Antes del retorno a esta rutina, lo pasó mal en su domicilio, lejos de la familia, y disgustada por muchos aspectos relacionados con el Covid-19. “Me sentía fatal cuando cada día decían cuánta gente moría. Me cuidé lo más que pude, saliendo cada 15 días a hacer la compra. Y todos los días a las ocho, a la ventana a aplaudir. La gente se ha portado bien, no así los políticos. Al principio el Gobierno tenía que haberse tomado más en serio la crisis, porque lo sabía desde enero”.

Brais Recarey Díaz – Comerciante
“Hay gente en las calles, en los comercios no tanta”

Desde el mostrador de la tienda de cigarrillos electrónicos On Style, Brais Recarey advierte que los vecinos de Os Mallos han vuelto a las calles en mayor medida que a las tiendas del barrio. También nota un regreso al tabaco tradicional: “Abrimos en la fase 2 aunque antes hacíamos envíos online y eso funcionó bien. Pero al no salir de casa, muchos clientes no podían vapear y volvieron a fumar el cigarrillo de siempre”. “Hay gente que aún tiene miedo a salir. Ves más por la calle pero en los comercios no tanta. El sector sube a ritmo lento y ha perdido mucho”, lamenta.

Marina López Hermida – Vecina
“Igual se ven algunas mesas demasiado juntas”

En realidad, María López Hermida pasó el confinamiento en otro barrio, pero cuando pudo salir de casa se acercó varias veces a Os Mallos para hablar con sus abuelos, ella desde la calle y ellos en la ventana de su piso. Conoce bien el barrio y cree que los vecinos, con alguna excepción, están ajustándose a las medidas de seguridad: “Igual se ven algunas mesas demasiado juntas y no se respetan del todo las distancias. Pero creo que en general la gente se está portando bien, tanto ahora como cuando se podía salir de casa solo lo justo. Está claro que había muchas ganas de salir”.

Edy García Rodríguez – Hostelero
“La gente estaba ávida por tomar algo en las terrazas”

El gerente administrativo de la cervecería Rivera 2, en Ángel Senra, nota un repunte de clientela en su local en las últimas semanas, sobre todo cuando subieron las temperaturas, y aprecia que, en general, el comportamiento de sus consumidores es “bastante disciplinado”. “Siempre hay alguien a quien le hay que insistir un poco más para que acate las medidas de seguridad y distancia, pero creo que la actitud es aceptable. La gente estaba ávida por volver a tomar algo en las terrazas o en los locales; eso va dentro de la cultura y tradición gallegas”, comenta Edy García.

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