El ensimo traspi de Ciudadanos

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La marcha de la concejala Mónica Martínez de Ciudadanos, anunciada por ella misma pocas horas después del pleno del lunes en el que intervino por última vez como portavoz de la formación, supone el enésimo sobresalto que sufre el partido fundado por Albert Rivera desde que se presentó por primera vez a las elecciones municipales en A Coruña en 2015.

Martínez solo indicó en su despedida que pretende recuperar su independencia y ayer comentó en su página web que fue «una decisión muy meditada, con un punto de inflexión claro durante el confinamiento y coincidiendo con la asamblea de Ciudadanos». Añadió que «la pérdida de una persona muy importante» en su vida política fue «el detonante» de su abandono del partido.

Este se produce después de la marcha de Albert Rivera y la posterior nueva línea marcada por Inés Arrimadas, más acorde con la actitud exhibida por Martínez, quien en el congreso del partido se posicionó en contra de la nueva líder y en contra de los pactos con el PP. La portavoz de Ciudadanos en Galicia, Beatriz Pino, aseguró ayer a este periódico que conoció la decisión al mismo tiempo que los medios de comunicación y que se solicitó a Martínez que renuncie a su acta de concejal por «coherencia», ya que firmó la carta ética que todos los cargos públicos del partido suscriben, en la que se comprometen a abandonarlos si dejan la militancia.

Desde 2015 en Ciudadanos se han sucedido situaciones como la de una aspirante a ser la candidata Alcaldía que pierde sus opciones por un mensaje inoportuno, la designación de un cabeza de lista que acababa de abandonar un partido rival y su posterior salida del partido tras no conseguir un escaño, la dimisión de parte de la directiva local tras enfrentarse a la nacional y ahora el abandono de la militancia de su única concejal y su negativa a dejar el puesto en el Concello, como le exige la dirección gallega.

El protagonismo alcanzado por Rivera y Ciudadanos en 2015 incentivó de forma notable las afiliaciones al partido en toda España, también en A Coruña. Un desconocido Antonio García-Plata, exmilitante del PP, resultó elegido en marzo de ese año como responsable de la agrupación local y propuso que la candidata a la Alcaldía en los comicios de ese año fuese la farmacéutica Lola Prieto. Pero los conflictos comenzaron a los pocos días cuando se desveló un mensaje de WhatsApp en el que Prieto proponía a una afiliada de Ciudadanos como integrante de la candidatura municipal del PP.

A pesar de que la afectada insistió en que se trataba de una broma, sus posibilidades como aspirante a la Alcaldía se diluyeron como un azucarillo. Por si fuera poco, a solo pocas semanas de las elecciones, el partido dio entrada en sus filas a exmilitantes de UPyD, que competía por el mismo espacio político e iniciaba entonces su declive. Uno de los nuevos afiliados, Santiago Folla-Cisneros, fue designado por la dirección estatal como el aspirante a la Alcaldía y, a pesar de su inexperiencia y de ser un completo desconocido para los votantes, el tirón de Rivera le dejó a solo 130 votos de obtener representación.

El partido afrontaba entonces el reto de la consolidación sin disponer del escaparate que habría supuesto estar presente en la Corporación. La dirección local le fue encomendada a otra exmilitante de UPyD, Patricia Pertierra, en noviembre de ese mismo año, pero la designación del abogado compostelano Antonio Rodríguez como cabeza de lista en la provincia para las generales de 2015 generó otra polémica. El letrado evitó el contacto con los medios y los debates durante la campaña, lo que no fue un obstáculo para que se convirtiera en el único representante gallego de Ciudadanos en el Congreso.

La repetición de las elecciones pocos meses después dejó a Rodríguez fuera de la candidatura para dejar paso a José Canedo, quien había sido el candidato de UPyD a la presidencia de la Xunta en 2012. Albert Rivera justificó su exclusión con el argumento de que «no había estado a la altura», pero su decisión generó un gran malestar en varias agrupaciones coruñesas, entre ellas la de la capital provincial, cuya coordinadora, Patricia Pertierra, decidió abandonar el partido en mayo de 2016 junto con otros compañeros poco antes de que la dirección nacional decidiera expulsarles.

Folla-Cisneros también optó por dejar la formación, que quedó en estado de hibernación en la ciudad hasta que la proximidad de las elecciones municipales de 2019 la reactivó. La búsqueda de un candidato hizo que se sopesase que el profesor universitario José María Paz Gago fuese el cabeza de lista, pero la militancia lo rechazó y fue elegida Mónica Martínez, quien logró acceder a la Corporación.

La exigua representación de Ciudadanos y la existencia de otros cuatro grupos políticos en el pleno hacía complicada la labor de Martínez, pero desde el primer momento dejó claro que pretendía realizar una oposición «constructiva».

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