“Dejamos a las familias entrar a despedirse, cuando no se haca en ningn sitio”

La doctora Emma Mateos ha vuelto a su normalidad, en la consulta de la Casa do Mar. Su despacho tiene tres puertas y las estanterías están tapadas con plásticos, para evitar contagios. Todavía se emociona cuando habla de su labor en la residencia de la tercera edad de Eirís, en la que atendió a mayores infectados por coronavirus. No desea, por nada del mundo, un rebrote de la enfermedad, pero sabe que, si llegase a ocurrir, tomaría la misma decisión que hace unos meses: la de ir a atender a los “abuelos en su entorno” para poner a su disposición toda su experiencia y toda su vocación, la que tiene desde que era “muy pequeña” y ya decía que quería ser médica. Atrás quedan noches sin dormir, conversaciones para saber avances y el aislamiento obligado, por miedo a contagiar a su familia.

¿Cuánto tiempo lleva pasando consulta en la Casa do Mar?

Podría decir que toda mi vida, porque entré como interina hace veinte años, pero después fui entrando y saliendo. Estuve en Bergondo, en el Punto de Atención Continuada (PAC) en el servicio de Urgencias extrahospitalarias. y me reincorporé a la Atención Primaria hace seis meses.

Recién llegada ya se tuvo que enfrentar a la pandemia…

Me hubiera enfrentado igual desde cualquiera de los puestos de trabajo en los que estuve.

En la Casa do Mar es médica de familia, ¿cómo acaba en la residencia de ancianos de Eirís?

Cuando la gerencia organizó la intervención de las residencias, donde empezaron a aparecer casos positivos, se plantearon que necesitaban gente de Primaria de apoyo. Digo de Primaria porque somos los más funcionales a la hora de trabajar. Entiendo que llamaron a la gente que conocían de hace años y que tenemos un perfil que sabían que les íbamos a decir que sí. Esto se trata también de personalidad previa [dice entre risas]. Cuando me llamaron no lo dudé, les dije que sí porque, además, me hacía ilusión pasar al frente y poder hacer más. Aunque aquí en la Casa do Mar ya se estaba haciendo mucho, pensaba que podía hacer algo más.

¿Era tan horrible como nos imaginamos? Cuando pensamos en personas mayores en residencias en las que se detectan positivos, pensamos que de ahí pocos salen…

Yo solo puedo hablar de mi experiencia y de mi área sanitaria. Aquí lo que hicieron fue organizar un equipo, un grupo coordinado por el doctor Lamelo, de hospitalización a domicilio. Ese era el centro y, después, los tentáculos llegaban a todas las residencias, con personal propio [de las residencias] pero con apoyo del exterior de Primaria. Cada residencia es como una casa, aunque con mucha gente conviviendo. Cuando entra una infección, da igual si una gripe o el coronavirus, la posibilidad de contagio es más alta. Pero no era un sitio tan diferente para trabajar. Que hubiese muchos infectados no significaba que la situación fuese peor. Simplemente, decidimos ir a las residencias para darles un apoyo a los ancianos en su entorno. Es igual que con cualquier otro paciente de Primaria. Si está enfermo, pero lo puedo mantener en su domicilio, lo mantengo, que es donde más cómodo va a estar y mejor atendido. Si no puede ser, pues hay que trasladarlo al hospital. En las residencias había muchas posibilidades de atenderlos en su entorno.

¿Y cómo se organizaban?

Se montaron pequeños hospitales en las residencias. Cuando se detectó algún caso positivo se decidió hacer test a toda la residencia para saber a qué nos enfrentábamos. Una vez que tuvimos los resultados del test masivo, lo que hicimos fue reorganizar la residencia. Una zona que era para los que habían dado positivo, para mantenerlos aislados, y otra para los negativos. Las residencias tienen una disposición que permite eso, porque tienen alas, tienen zona de hombres y de mujeres, tienen enfermería, zona de válidos….

Y con lo que había tuvieron que reorganizarse.

Cogimos una zona en la que nos cabían todos los pacientes con Covid y la aislamos, la cerramos. Llegamos a tener 69 casos positivos en la residencia de Eirís. Eso no significa que todos estuviesen enfermos. Estaban infectados, pero hubo pacientes que no requirieron tratamiento de ningún tipo, otros sí… Teníamos un protocolo establecido, aunque era abierto porque, al final, somos los sanitarios los que decidíamos en cada caso. Hubo gente que recibió tratamiento y estuvo siempre bien y otra que lo recibió pero que estaba malita. Se montó un minihospital con una sala de personas que estaban más críticas para que no les faltase de nada, ni oxígeno, ni cloroquina, nada… Todo lo que pedimos nos lo dieron. Teníamos 69 pacientes positivos, pero teníamos una planta fantástica, con pasillos, terraza, con habitaciones… Es lo bueno de las residencias, eso y que estaban controlados diariamente.

¿Cómo?

A esa zona solo accedíamos nosotros. Teníamos una planta Covid, exactamente igual que en un hospital, pero mejor, porque estaban en su entorno, en sus habitaciones o en unas similares a las que tenían. Incluso a los asintomáticos se les permitía pasear por el pasillo, con medidas de precaución, pero podían estar al aire libre dentro de la planta Covid, por lo que tuvieron una calidad de vida mejor de la que hubiesen tenido en el hospital. Se trataba de eso.

¿Hubo pacientes que fueron trasladados al hospital o no salieron de la residencia?

Sí, sí. El procedimiento es igual que en una consulta de Primaria o en un hospital. Tienes un paciente que da positivo, entonces ves si necesita tratamiento, La intención del tratamiento es curativa, si lo necesitaba, se le ponía allí. Si necesitase algún soporte que no pudiésemos darle en la residencia, se le trasladaba al hospital. Sin ningún problema. Hubo pacientes, pocos, que se murieron en el hospital, otros ingresaron y sobrevivieron… Igual que se hace con cualquier paciente que viene a la Casa do Mar. Depende de muchas cosas, del estado de dependencia, del estado previo,. Si tengo una persona encamada, con baja calidad de vida y no le va a beneficiar el traslado al hospital, la atiendo yo. Estábamos en la residencia 24 horas, había tres médicos, tres enfermeros y todo el personal de la residencia. Si hacía falta un tratamiento curativo, se ponía, si se necesitaba uno paliativo, también. Nunca nos dijeron que no a nada y eso tengo que defenderlo.

Anímicamente, ¿fue muy complicado?

Son los más vulnerables (se emociona)… La verdad es que fue fantástico porque es gente que a nada que les des recibes mil veces más. Son muy agradecidos. Ahora mismo no sé cómo explicarlo. Daba igual que tuviesen demencia o que fuesen válidos, ellos te reconocían, te agradecían la visita todos los días… Entonces, sabías que estabas haciendo algo bien.

Igual que entraron en las residencias, se tuvieron que ir, ¿cómo fue volver a la normalidad?

Sí, a medida que iba habiendo más negativos, se seguía el protocolo de estar en observación y, cuando ya estaban bien, los retornábamos a la zona sin Covid, e íbamos retirando personal hasta que el médico de la residencia se pudo hacer cargo de la situación.

En tantos días, habrá habido momentos complicados…

Momento duro es cuando ves que el paciente se te va a morir, algunas veces se mueren con Covid, pero no por Covid. En este caso, la mayor parte de la gente tenía un nivel de dependencia muy alto previo, ya estaban muy deteriorados y no se hubiesen beneficiado del tratamiento hospitalario. En esta situación excepcional, no íbamos a hacer nada que no hiciésemos en la vida diaria. Un paciente encamado con 90 años y cáncer de colon muy avanzado, por ejemplo. El médico de Primaria, con el oncólogo, va a decidir si es beneficioso darle quimioterapia, en este caso, no se le da, porque no se va a beneficiar y dársela es maltrato. Eso sí, siempre consensuado con las familias. En el caso de los Covid positivo que estaban peor, se les informaba todos los días por teléfono. En el momento de tomar la decisión de tratamiento paliativo se consensuaba con la familia y se permitió, desde el principio, cuando no se hacía en ningún sitio, que entrasen a despedirse. Los vestíamos y les poníamos equipos de protección y pasaban a la zona de críticos para despedirse.

¿Y entre tanta tristeza, hubo también momentos bonitos?

El día a día. Entrabas con la pantalla, como disfrazada y cuando les hablabas, te conocían y te llamaban por tu nombre… Es bonito entrar, es bonito estar y también salir. Lo echo de menos y pienso que me quedaría allí.

Durante la pandemia se metió de lleno en la residencia, ¿ha digerido ya todo lo vivido?

Era más fácil trabajar allí. El primer día que volví a mi consulta tenía un sentimiento de vacío total. Estuve en una guerra, pero en una agradable, en la que me sentía útil, que es lo que me gusta de la profesión que elegí. Al volver me faltaba algo. Me faltaban ellos.

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