Cuando Landelino se despein – La Opinión A Coruña

A los 85 años, y por causas naturales (lo que antes se llamaba morir de viejo) fallece en Madrid Landelino Lavilla Alsina que fue una figura de la Transición y que todavía se mantenía en activo como miembro del Consejo de Estado. Todos los que hayan visto las archifamosas imágenes de la entrada del teniente coronel Tejero en el Parlamento la tarde del 23 de febrero de 1981 recordarán la cara de susto y de extrañeza que puso Lavilla desde su sitial como presidente del Congreso de los Diputados. Y también recordarán, una vez fracasado el intento de golpe militar, la forma desenvuelta y meticulosa con que despidió a los diputados recordándoles sus próximas citas. Tenía que ocurrir una auténtica hecatombe para que don Landelino perdiera la compostura y se despeinara. Antes de eso, había formado parte del grupo Tácito una firma colectiva que desde las páginas del Ya y del resto de periódicos de la Editorial Católica propugnaba (siempre desde la extrema prudencia) una salida democrática de la dictadura franquista desde una perspectiva cristiana conservadora en la línea que marcaba el cardenal Herrera Oria. De ese grupo de propagandistas formaron parte, entre otros, José Manuel Otero Novas, Alfonso Osorio, Pío Cabanillas, Álvarez de Miranda, y Ortega y Díaz Ambrona. Todos ellos tuvieron un papel destacado en los gobiernos que presidió Adolfo Suárez, aunque a Landelino Lavilla le tocó la enojosa tarea de soportar a pie firme la debacle electoral de UCD en 1982 tras la renuncia de Calvo Sotelo a ser cabeza de cartel. El partido que había fundado Suárez para aglutinar el voto moderado desde el poder pasó de tener 157 escaños a 11 y poco tiempo después desapareció en beneficio fundamentalmente de la derecha que lideraba Fraga. Pese a que los analistas políticos daban por segura una contundente derrota en las urnas, don Landelino no se amilanó e hizo una campaña agotadora recorriendo prácticamente todo el país estrechando manos, soportando abrazos y dando mítines en mercados y plazas de toros. Hasta quedarse casi afónico. Daba un poco de pena contemplar a aquel hombre de, natural tieso, cortes y educado, metido en la barahúnda electoral. Yo recuerdo haber visto sobre la mesa de mi despacho en un periódico una foto del señor Lavilla marcándose un pasodoble, muy agarrado, con su esposa doña Juanita en un baile popular en Tenerife. Estaba sin chaqueta (algo impensable en él) y bastante despeinado. La gira española del candidato dio pie a toda clase de encuentros. Una tarde en un pueblo aragonés una rondalla le cantó esto: “En esta tierra es blasón/ mantener tipo y figura/ Tú lo has hecho Landelino/ lo sabe todo Aragón”. En otro orden de cosas, la campaña del señor Lavilla tuvo aspectos originales. Bajo el eslogan principal de Landelino responde sus asesores imprimieron en los carteles unos párrafos largos en los que se detallaban sus promesas de gobierno -Por ejemplo, esta dedicada a una madre de familia preocupada por el futuro de sus hijos en una sociedad cambiante. A saber: “No queremos cambiar el modelo de sociedad. Lo que queremos es una transformación de esos modos de vida para mejorar”-. Y así sucesivamente. No le sirvió de mucho explayarse. El PSOE con un mensaje más escueto, Por el Cambio, arrolló

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