Alta costura que volver a brillar tras la cuarentena

El diseñador de alta costura, Javier Quintela, ha vuelto a recibir en su atelier de la calle Compostela a todas aquellas novias que se han decantado por un vestido made in A Coruña para el día de su boda. La mayoría tendrán que esperar un poco más de lo previsto para lucirlo a causa de los aplazamientos en la temporada de verano pero, según el artesano, la verdadera “avalancha de trabajo” llegará en los meses de septiembre, octubre y noviembre. “Estamos muy contentos. Llevamos dos semanas abiertos, ya hemos organizado la agenda y, de nuestras clientas, tan solo un 30% ha pospuesto la boda para el año que viene”, explica Quintela. Durante estas semanas, además de vestidos, también se han encargado de confeccionar mascarillas personalizadas: “Utilizamos seda rústica, el único material regulador del calor y más transpirable que el algodón. También tenemos modelos para niños, pintados a mano por nosotros y de diferentes temáticas”.

La crisis del Covid-19 ha paralizado a todo el sector vinculado a las bodas y ceremonias, y golpea especialmente a los pequeños empresarios. Sin embargo, y aunque Quintela describe la vuelta al trabajo tras estar dos meses en ERTE como “muy dura”, confía en que la gente “valore la artesanía”, y se decante por invertir “en algo propio de su tierra y de mucha calidad”: “somos una empresa pequeñita de artesanos, y no podemos aguantar todo lo que queda de año sin facturar. Nuestros clientes nos comprenden y, en el caso de los que han atrasado la boda para 2021, han accedido a hacerse las pruebas y a llevarse los vestidos este año, con la promesa de que quince días antes de su boda les haremos otra prueba sin costes”.

El atelier de Quintela señala que apuesta por la calidad y el diseño personalizado, pero hay un factor todavía más importante que determina la elección final de sus clientas: la confianza, un elemento fundamental en tiempos de incertidumbre. “Para mí, el taller es como mi casa, y quiero que la gente se sienta así. Atendemos a puerta cerrada y con cita previa, mi equipo y yo trabajamos en un ambiente agradable, y dedicamos una hora y media a cada clienta. La gente lo valora mucho, sobre todo en estos momentos”, señala.

La gallega Talmu Castillo recuerda que el día que fue al atelier salió sin haberse probado ningún vestido, pero convencida de que era la mano de Javier Quintela la que debía estar detrás de su diseño. “Tenía muy claro que quería llevar un vestido de un diseñador gallego, y salí del atelier segura de que adoraba a Javier. Cuando buscas un vestido de novia necesitas que haya una conexión, y allí encontré a alguien que me comprendía y que escuchaba mis ideas”, cuenta Castillo, que se declara “encantada”.

Ella comparte historia con otras tantas parejas que pretendían casarse en estas fechas, y que han tenido que posponer la boda a causa de la pandemia. En el caso de la gallega, la ceremonia iba a tener lugar el 16 de mayo en Menorca, pero tras la crisis la ha aplazado para el año próximo. “Cuando todo esto empezó, no me imaginaba que tendríamos que posponer la boda. Ni si quiera me esperaba estar confinada más de dos semanas. Cuando vimos cómo se estaba poniendo la situación, creímos conveniente pensar en un plan alternativo, y así lo hicimos”, detalla.

La incertidumbre y el agobio marcaron aquellas primeras semanas, y Castillo agradece el apoyo de los profesionales del sector, de su equipo de wedding planner y de Javier Quintela, que le facilitaron las cosas en todo momento. “Fue muy duro, pero ellos nos apoyaron en todo. En nuestro caso estábamos muy angustiados porque no éramos solo nosotros: nuestros invitados tenían que viajar, y contaban con vuelos y reservas de hotel, así que tuvimos que dejarlo todo muy bien atado antes de tomar la decisión”.

Otra de las clientas del taller de vestidos, la coruñesa Elba Iglesias, ha tenido un poco más de suerte, ya que su boda estaba prevista para principios de octubre. Por el momento, la fecha se mantiene: “El Estado de Alarma se decretó el día que íbamos a probar el menú, pero no creímos que esto fuese a afectar a la boda. Es cierto que cada semana aumentaba la incertidumbre, pero ahora parece que hay luz al final del túnel, así que esperamos que en cinco meses la cosa esté mejor”, cuenta Elba Iglesias.

Por si acaso, la pareja de novios ya ha previsto tomar ciertas medidas de protección y seguridad el día de la celebración, y ambos están pendientes de lo que sucede con respecto a las movilizaciones entre países, ya que entre sus invitados hay familiares y amigos que residen en el extranjero. “Si no se abren las fronteras para entonces, tendremos que posponerla, porque estas personas son esenciales para nosotros”, concluye Iglesias.

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