"El hecho que Zurita llamó la doma y castración del Reino de Galicia..."

 

Eduardo Pardo de Guevara y Valdés

Consejo Superior de Investigaciones Científicas

 

 

Encabeza estas líneas una célebre frase de Castelao, pronunciada el 18 de septiembre de 1931, en el contexto de un discurso parlamentario titulado Proyecto de Constitución,y repetida después en una de sus obras más difundidas.(1)

La importancia que aquí concedemos a estas palabras es la que se deriva de su repetición y aceptación como síntesis de un hecho irrefutable. Tras ella, pues, se descubre una conocida interpretación negativa, desafortunada exactamente, del reinado de los Reyes Católicos y, muy en particular, de lo que fue y supuso para Galicia -y para los gallegos- la política pacificadora emprendida por aquellos monarcas durante sus primeros años de gobierno (2)

Pero, antes de considerar con un poco de detalle los hitos fundamentales de esta política en relación con Galicia, pues ése y no otro es el objeto de estas páginas, convendrá precisar de inmediato que la célebre cita de Castelao es en su literalidad simple y llanamente errónea. Esta afirmación tajante no precisa de argumento ni comentario, puesto que se corrobora con la sola transcripción ad pedem litterae de lo escrito por el propio Zurita. Estas fueron las palabras del cronista aragonés:

En aquel tiempo se comenzó a domar aquella tierra de Galicia, porque no sólo los señores y caballeros della pero todas las gentes de aquella nación eran unos contra otros muy arriscados y guerreros, y viendo lo que pasaba por el conde [de Lemos] -que era gran señor en aquel reino- se fueron allanando y reduciendo a las leyes de la justicia con rigor del castigo.(3)

Debe añadirse, por otra parte, que el sentido de esta breve alusión está muy lejos de coincidir con la interpretación de Castelao, quien asume el término "doma" en su sentido literal y lo extiende al conjunto del reino gallego para extraer, a partir de ahí, esa visión intencionadamente sesgada -el añadido de la "castración" es por sí mismo revelador- que ha quedado anotada. En realidad, el sentido de las palabras de Zurita, analizadas en todo su contexto, asemeja ser exactamente el contrario. Y esto sí que merece una breve reflexión.

El comentario del cronista aragonés, que fue uno de los más reputados historiadores españoles de las décadas centrales del XVI -nació en 1512 y murió en 1580-, se incluye en sus famosos Anales de la Corona de Aragón, obra monumental a la que dedicó treinta años de trabajo, buena parte de ellos invertidos en la consulta de textos y documentos, muchos hoy perdidos. Este conocimiento vasto y directo de la documentación, de donde procede gran parte del crédito y valor de su obra, permitió a Zurita una indudable familiaridad con la terminología política de aquel reinado. En este contexto justamente debe situarse el término "doma", utilizado -siguiendo los textos de la época- en relación con la política real que permitió restaurar la paz y el orden en Galicia, al igual que "reducir", "allanar" "remediar", "someter", "sujetar", "rendir" o simplemente "asentar", que con idéntico sentido utiliza el mismo cronista al tratar de la resistencia de la ciudad de Trujillo o del marquesado de Villena, o de los asuntos de Navarra, Aragón, Cataluña, Cerdeña o Italia.

Pero la identificación de estos términos -y en particular el de "doma"- con la política de restauración de autoridad real y de restablecimiento del orden que guió la actuación de los Reyes Católicos durante los primeros años de su reinado, no se establece a partir sólo de los respectivos contextos en que aquéllos se incluyen, sino que se concreta de forma expresa e incuestionable en el ámbito emblemático. Y ciertamente, de la misma forma que las intitulaciones y armerías regias se hicieron eco de la nueva realidad política(4), los emblemas de carácter personal -las llamadas divisas- sirvieron también para asumir y sintetizar de manera simultánea mensajes de naturaleza semejante.(5) Entre las diversas divisas traídas por aquellos monarcas, las más ilustrativas en este sentido son las que tenían, a la vez, un sentido cortés o galante; es decir, el haz de flechas atadas por medio, que era la divisa de doña Isabel, por ser la inicial de don Fernando, y el yugo, que lo era de don Fernando, por ser la inicial de doña Isabel.(6)

El yugo, en concreto, tiene un especial interés para el caso que aquí se trata, pues su simbolismo original se forjó durante la guerra de sucesión con los portugueses, vinculándose directamente con la "doma" de los nobles rebeldes y la consiguiente pacificación del país, como acaba de demostrar J. L. Mingote Calderón, quien llama la atención respecto a la tipología de las primeras representaciones de esta divisa real: el yugo de tres gamellas para la doma de ganado rebelde(7).En su documentado estudio, al tratar de los sucesivos simbolismos que explican la aparición y posterior modificación formal de esta divisa, recuerda que al poco de iniciarse el reinado -entre los años 1475 y 1476 exactamente- Fray Íñigo de Mendoza, predicador de la reina doña Isabel, escribió un celebrado Sermón trobado al muy alto e muy poderoso príncipe, rey y señor, el rey don Fernando, rey de Castilla y de Aragón, sobre el yugo y las coyundas que su alteza trahe por divisa, texto de carácter programático -así lo estima Mingote Calderón- donde se refleja de forma expresa y clara la visión que se tenía ya entonces de la celebre divisa, todavía no generalizada y por tanto no de todos conocida. La estrofa número 14 del mencionado Sermón trobado es, sin duda, la más clarificadora e importante:

 

Rey temor de los tiranos,
a quien crezca Dios los cetros,
salud de los castellanos,
beso vuestros pies y manos
en comienço de mis metros,
a quien Dios sea tasugo
contra los ojos dañados,
pues a su clemencia plugo
daros coyundas y yugo
con que fuesen sojuzgados
los toros nunca domados
(8).

Esta imagen de los toros bravos que deben ser refrenados, asociada a los nobles rebeldes a la autoridad real, no es en modo alguno inédita ni extraordinaria, pues se repite en diversos textos, algunos bastante anteriores al Sermón trobado, como recuerda Mingote Calderón. En cualquier caso, para lo que aquí interesa, el concepto de "doma" en relación con los nobles rebeldes y la paz consiguiente se incorporaría muy pronto al lenguaje real. Así, por ejemplo, en las cortes de Toledo de 1480, cuando los propios Reyes expresan su satisfacción por la victoria obtenida sobre los sublevados, reconocen la merced e grandísimo beneficio que Dios, nuestro sennor, nos ha fecho en avernos dado grande vigor e perseverancia para aver como avemos domado e subjetado nuestros rebeldes e por justa e poderosa guerra aver ganado la paz de los reyes nuestros comarcanos...(9) Y esto mismo es lo que se sigue reflejando mucho después, en 1516, muerto ya don Fernando: con la mención expresa de las dos divisas reales, el concejo, justicia, regidores y caballeros de la ciudad de Valladolid sugirió a Carlos I que debía venir a tomar en la una mano aquel yugo que el Católico rey, vuestro abuelo, os dejó, con que tantos bravos y sobervios se domaron, y en la otra las flechas de aquella Reina sin par, vuestra abuela doña Isabel, con que puso los moros tan lejos, que es menester que de 16 años comencéis a caminar para llegar a Jerusalén, para restituir su Santa casa a Dios.(10)

Estas pocas referencias textuales, extraídas entre otras muchas de la obra de Mingote Calderón, permiten precisar el sentido justo del término "doma" utilizado por Zurita en su famosa referencia a Galicia. Nada que ver, por consiguiente, con la anulación política y cultural del reino gallego de que habla Castelao, sino todo lo contrario; esto es, la exacta reducción de sus gentes, señores y caballeros incluidos, a las leyes de la justicia, pues éstos y aquéllos -todos en efecto- eran unos contra otros muy arriscados y guerreros. Una reciente interpretación, nada sospechosa, sitúa la cuestión en sus verdaderos términos:

A acción dos Reis Católicos en Galicia, que nalgunha ocasión chegou a se considerar "centralista" nun alarde de anacronismo, foi vista na mentalidade colectiva como unha auténtica liberación e o inicio da pacificación do reino, obxetivo que buscara tamén, con menos éxito, a irmandade de 1467.(11)

 

Y nada más cierto. Tras el ensayo arrollador de la gran sublevación irmandiña de 1467, sometido en 1469, la realidad gallega retornó a su situación anterior. Pero esto no sucedió en el caso de los Reyes Católicos, pues la política de pacificación y restauración de la autoridad real puso definitivo término al largo rosario de guerras, conflictos, violencias y arbitrariedades de todo tipo, que sin interrupción había dominado la vida gallega desde al menos un siglo atrás.(12).