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Armado con una teoría, constreñido por un compromiso político y necesitado de una fuente de legitimación, el Gobierno de Rodríguez Zapatero emprendió el camino de la negociación con ETA. Los detalles de los contacto con la banda terrorista o con Batasuna, aunque en muchos casos publicados, no han sido ni desmentidos ni confirmados. En todo caso, no son necesarios para delinear los principales elementos de la actuación del Gobierno en torno a esa negociación. El 17 de mayo de 2005, a iniciativa del ejecutivo, una resolución del Congreso de los Diputados autorizó al Gobierno la apertura de conversaciones retrotrayéndose a la vieja doctrina del Pacto de Ajuriaenea relativa al «final dialogado de la violencia». Éste debía ser efectivo antes de que el Gobierno emprendiera la negociación con ETA, lo que no impidió que, en junio de 2006, Rodríguez Zapatero la anunciara sin atender al hecho, que enseguida se comprobará, de que la violencia política se había visto impulsada por el «alto el fuego». Entretanto, algún tipo de promesas podrían haberse efectuado en las conversaciones preliminares. O al menos se habían generado en la dirección de ETA expectativas suficientes para que ésta creyera que podía lograr progresos, a corto plazo, en sus objetivos políticos. Sin embargo, también es cierto que Rodríguez Zapatero nunca expresó con nitidez el alcance concreto de sus posibles concesiones, ni los límites específicos del proceso negociador. Y, por tanto, los nueve meses que duró el «alto el fuego» se desarrollaron en un ambiente de confusión creciente en el que se mezclaron las exigencias de cumplimiento de los compromisos del Gobierno por parte de ETA, la negativa de éste acerca de tales compromisos y su incapacidad para transmitir un mensaje claro y convincente a la sociedad española.

Aún así, hay elementos objetivos que señalan una actitud condescendiente del Gobierno con respecto a ETA y Batasuna. Apuntemos en este capítulo el cúmulo de declaraciones retóricas acerca del «proceso de paz», la subordinación a éste de las actuaciones de la fiscalía del Estado —lo que incluye la formulación de un discurso con el que se ha propiciado la subordinación de la justicia a los intereses políticos—, la relajación de las actividades policiales —reflejada en la reducción de las detenciones de etarras (gráfico 2), la escasísima detención de terroristas callejeros, apenas 17 en todo el período, o la reducción de las plantillas policiales destacadas en Francia—, la prestación de oídos sordos a los exabruptos de algunos presos de ETA en la Audiencia Nacional, incluyendo en este capítulo la justificación de la actitud sostenida por el preso de ETA De Juana Chaos, y la realización de una sistemática desacreditación de las víctimas del terrorismo bajo la batuta del Alto Comisionado Peces Barba.

Entretanto, por el lado terrorista, el ejercicio de la violencia continuaba dentro de una trayectoria de presión creciente sobre el propio Gobierno. Recordemos los hechos esenciales (10): seis oleadas de cartas de extorsión a empresarios vascos y navarros con un posibles rendimiento del orden de 1.350.000 €, a lo que se añaden otras formas de recaudación ilegal de fondos; continuidad de las campañas de desobediencia civil; exhibición de amenazas, desobediencia, orgullo de pertenencia a ETA y nulo arrepentimiento por parte de los presos que han sido enjuiciados por la Audiencia Nacional, a lo que se añade una escandalosa pseudo huelga de hambre por el citado De Juana Chaos; rearme de la organización terrorista mediante el saqueo en Francia de vehículos y armamento, completando así los anteriores robos de explosivos, documentos de identidad, materiales de falsificación, placas de matrícula y troqueladoras; y realización de atentados de terrorismo callejero. Estos últimos han seguido una pauta de crecimiento claro en cuanto a su frecuencia, hasta restablecer los niveles más elevados que se registraron en el período anterior a la tregua, y también con respecto a su capacidad para producir daños materiales, tal como se muestra en el gráfico 4.

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10 Vid. para el detalle, M. Buesa (2006): ETA en «alto el fuego»: nueve meses de actividad terrorista. Quinto informe de verificación de la violencia terrorista (31 de Diciembre de 2006), en www.foroermua.com