Memoria histórica
 . En el ABC.- ...Hasta los más lilas de la progresía bienpensante montan el número si alguien del PP se abstiene de condenas retóricas al franquismo, pero luego no tienen inconveniente en coaligarse con los antisemitas gallegos que escupen sobre las cenizas de los seis millones de judíos asesinados por los nazis y aplaudirían con las orejas si un par de bombas iraníes borrasen a Israel del mapa.
Ante esta izquierda moralmente inmunda, Rajoy no tiene derecho a mostrarse acomplejado....

EL pasado jueves, en la Cuatro, al final de su entrevista con Rajoy, Gabilondo transmitió a éste la pregunta de un espectador que pretendía saber del candidato del PP en qué cuneta estaban enterrado un supuesto tío suyo (del espectador, por supuesto). Rajoy reaccionó con rapidez pero con torpeza, explicando que no había tenido un solo franquista en su familia. La explicación sobraba. En primer lugar, porque es inexacto suponer que todos los republicanos y gentes de izquierda asesinados durante la guerra civil lo fueron a manos de franquistas. Como es sabido, las izquierdas mostraron una patética tendencia a matarse entre ellos (tampoco ausente por completo en el otro bando, aunque mucho más controlada). En segundo, porque hay que ser bastante gentuza para hacer ciertas preguntas, y a la gentuza no hay que darle explicaciones. Yo habría salido del paso rebotando la pregunta al padre de Gabilondo, y no porque el padre de Gabilondo entendiera de cunetas y asesinatos, sino porque la bajeza moral del mensajero sí requería una respuesta contundente. Ignoro si la pregunta llegaba de fuera o fue una treta estúpida ideada por Gabilondo y su equipo. En ninguno de los dos casos tiene justificación. Estamos ante el episodio más indecente de lo que llevamos de precampaña, y probablemente de toda la legislatura. Nunca el zapaterismo mediático había llegado a semejante extremo de zafiedad. La simple formulación de la pregunta suponía que Rajoy tenía algo que decir al respecto, y constituía una implícita imputación a éste -y, por extensión, al PP- de complicidad con los asesinatos cometidos por miembros del bando vencedor en la guerra civil. Incluso si venía del exterior -cosa que dudo-, debería haber sido interceptada por el equipo de Gabilondo, y, en última instancia, por el propio presentador: era lo que un mínimo de ética profesional exigía.
En fin, Gabilondo se ha retratado. Pero Rajoy no estuvo muy brillante en su réplica, que tradujo una vez más los complejos de inferioridad de la derecha. Qué tendrá que ver lo que fueran sus antepasados con el cuento lacrimoso del tío y la cuneta. Supongo que muchos militantes y votantes del PP vienen de familias franquistas, como otros muchos del PSOE, de Izquierda Unida o de los partidos nacionalistas, o como el mismo Gabilondo, sin ir más lejos, y eso no los hace más responsables que Rajoy de los crímenes de la guerra civil. Por enésima vez, el candidato del PP cae en una trampa burda, porque eso es la milonga de la memoria histórica: no un intento de resarcir a los descendientes de las víctimas de la dictadura y de la guerra civil con una compensación simbólica, sino una insidia urdida para hundir a la derecha en el descrédito y aniquilarla con mayor comodidad. Todos somos hijos o nietos de fachas o rojos, y eso tendría que habernos servido para entender que ciertos caminos llevan directamente a las cunetas y más abajo todavía. Si la izquierda se empeña en transitar por ellos, allá se las componga con su adición a la cadaverina, pero la derecha no debe dejarse pillar una sola vez más en semejante ratonera dialéctica. Hasta los más lilas de la progresía bienpensante montan el número si alguien del PP se abstiene de condenas retóricas al franquismo, pero luego no tienen inconveniente en coaligarse con los antisemitas gallegos que escupen sobre las cenizas de los seis millones de judíos asesinados por los nazis y aplaudirían con las orejas si un par de bombas iraníes borrasen a Israel del mapa.
Ante esta izquierda moralmente inmunda, Rajoy no tiene derecho a mostrarse acomplejado. Lo de su antifranquismo familiar, que se lo guarde. No le añade ningún mérito especial y suena a excusa no pedida que avala la hipocresía y la mendacidad del enemigo (la pregunta de Gabilondo fue una pregunta de enemigo, no de simple adversario). Y, a todo esto, cabe preguntarse por qué los «regeneradores de la democracia» no han dicho ni pío sobre este asunto. Uno empieza a sospechar que piensan que contra la derecha vale todo.