Asedio al Alcázar de Toledo. 1936 Mañana 14 de abril iba a pronunciar una conferencia titulada 'El asedio y liberación del Alcázar de Toledo" el general de brigada en la reserva Excmo. Sr. D. Blas Piñar Gutiérrez, en el Museo militar de La Coruña.

No podrá hacerlo por causas ajenas a su voluntad y a la de su eventual audiencia.

La prensa refiere dos explicaciones contradictorias e insatisfactorias de esa cancelación:

«no se ha seguido el procedimiento preceptivo para conseguir la autorización que permita la celebración de ese acto», dice el 8 de abril El Progreso, citando a EFE, que, a su vez, cita “fuentes militares”.

Es un poco sorprendente, porque en ese museo, como en cualquier otro, se celebran conferencias relacionadas con su objeto. Ésta era una más de un ciclo, y el procedimiento de programación fue el mismo para todas.

«reprogramación de las actividades culturales», dice La Voz de Galicia el 9 de abril citando a Capitanía. Una reprogramación en la que es “poco probable” que tenga cabida la conferencia anunciada y cancelada. Reprogramación es aquí eufemismo de censura.

Antes de esa cancelación ambigua se produjeron las siguientes noticias, siempre según los medios que se citan:

La Voz de Galicia el 8 de abril.- indignación en las filas del PSOE expresada por el diputado autonómico ... Méndez Romeu (que) arremetió contra el acto «Es totalmente intolerable que, en pleno siglo XXI, se celebre un acto de exaltación de la Guerra Civil con la imaginería franquista», comentó. También se detuvo en la coincidencia en el calendario («es una fecha cargada de significado») y el hecho de que la conferencia se llevase a cabo en una instalación oficial: «Estoy seguro que el Ministerio de Defensa no sabe nada de esto que se va a celebrar y confío que tome medidas contra ello», concluyó Méndez

Méndez Romeu, diputado regional del PSOE en GaliciaLas filas (prietas) del PSOE, arremeten, con el testuz de Méndez Romeu como ariete, contra un acto cultural que no les gusta. Se trata de una arremetida, no de una crítica razonada. En primer lugar porque no ha escuchado la conferencia -ni falta que le hace: el sectario ya sabe todo lo que tiene que saber-. En segundo lugar por la apelación a los dogmas de la religión laica, el culto de estado, de observancia obligatoria. La conferencia “reprogramada”, es decir, suprimida, constituía un sacrilegio múltiple contra esa pseudo religión:

por el tiempo: el 14 de abril es día santo en esa confesión, y por tanto inhábil para cualquier actividad ajena a la nueva historia sagrada, instaurada como forzosa y única por ley, como en la conocida novela orwelliana. Pero el tiempo inhábil se extiende al “pleno siglo XXI”. El Sr. Piñar tendría que haber pronunciado su conferencia el siglo pasado. El presente y el futuro pertenecen en exclusiva a los nuevos inquisidores.

Por el lugar, una instalación oficial. Las instalaciones oficiales, o los inmuebles costeados con fondos públicos, como el pisito de 300.000 € regalado por el Sr. Méndez Romeu al Ateneo republicano, sólo pueden acoger actos inspirados por su liturgia.

Por la intención. El arremetedor socialista prejuzga la intención de enaltecimiento de la Guerra civil, y adorna su “indignación” -esa técnica por la que el necio se inviste de dignidad, como observó McLuhan- con la alusión a la imaginería franquista

La guerra civil fue no sólo exaltada, en sus documentos de la época, sino planificada e iniciada por el Partido socialista en 1934, contra el gobierno legítimo de la República –defendida entonces por Franco-. El mismo partido que provocó su reanudación en 1936 para vengarse de su derrota, tolerando, alentando y practicando el terrorismo. Al menos, sobre los hechos históricos existe una visión alternativa a la canónica y obligatoria, impuesta por el régimen nacional-socialista. La ley de la memoria histórica no puede derogar la Constitución –como lo pretende- hasta el punto de impedir la exposición de los hechos históricos desde visiones distintas de la preceptiva.

Al censor socialista no le gusta una conferencia que no oyó, la considera intolerable y nos impone su intolerancia a todos, socialistas o no, suponiendo, no sin algún fundamento, dado el atronador silencio de los que le derrotaron en las últimas elecciones, que su religión laica, su culto de estado, puede imponerse sin que nadie se atreva a replicar por temor al sambenito de franquista, que esta nueva inquisición administra a los infieles y relapsos. Pero el franquismo no nos amenaza hoy. Es un hecho histórico, y sólo históricamente puede juzgarse -como está aprendiendo en propias carnes cierto juez socialista-. Por el contrario, el socialismo -que provocó el franquismo, como es forzoso que crea todo buen materialista dialéctico o histórico- nos ha arruinado varias veces, y amenaza con seguir haciéndolo.

Jorquera, diputado nacionalista en el parlamento español

Por su parte Europa Press sugiere el 11 de abril que la “reprogramación” fue consecuencia de “las denuncias hechas por la Comisión pola Memoria Histórica”, ese chiringuito resistente a la crisis, constituido para reprogramarnos a todos los que no tenemos de serie el software nacional-socialista, o, no sin esfuerzo, hemos logrado desinstalarlo. En la misma noticia se informa de que el nacionalista Jorquera, temeroso de que la reprogramación encubra un mero aplazamiento, ha llevado el asunto a la sede de la soberanía nacional -española- «para que el ministerio aclare qué va a suceder "además de dar explicaciones de cómo es posible que en el seno del Ejército se produzcan este tipo de actos absolutamente antidemocráticos"» y para que «se "depuren las responsabilidades" que haya». Este Jorquera no es una lumbrera. Decía en una campaña que la suya era la única fuerza política imprescindible. No dudamos de cómo prescindirían de los demás si les dejan. Dado que Chacón está en plan Rajoy la respuesta ha sido tácita: “reprogramación”.

Seguramente nunca nos hubiéramos enterado de esta conferencia abortada si no hubieran sonado, atronadores, de un lado, el rodillo nacional-socialista, su intolerancia totalitaria -lo que un Méndez Romeu cualquiera considera intolerable, no será tolerado, aunque otros más tolerantes puedan considerarlo interesante, o pretendan decidir libremente asistir o no- y, del otro lado, el silencio acomplejado de quienes deberían proteger a la sociedad de aquella sórdida intolerancia, pues, la verdad, muchos no votamos a los no nacional-socialistas por sus méritos, sino por el justificado temor a éstos.

Así que alguien tenía que llamar la atención sobre este atropello, y, visto que nadie lo hacía, en estricta aplicación del principio de subsidiariedad, nos toca hacerlo a nosotros, una humilde asociación cívica, que defiende –quod erat demonstrandum- la libertad de expresión y de información, el derecho de cada uno a su propia memoria, la no subordinación al constructo nacional-socialista forzoso –o a cualquier otro-, el derecho de los méndez-romeu y los jorqueras a organizar sus aquelarres progres y a no asistir a las conferencias que no les gustan, y el derecho de los demás a no tragarnos sus ruedas de molino, a no compartir su ignorancia, su arrogancia ni su intolerancia, y a asistir o no a las conferencias que nos parezca.

 

Mi general, con el debido respeto, ¿tendría Vuecencia la bondad de pronunciar su conferencia cuando esta humilde asociación cívica, pueda organizarla?

Malo será que no encontremos en La Coruña un lugar, no tan adecuado como el Museo militar, pero, ese día al menos, mucho más digno, costeado por los ciudadanos voluntaria y no coactivamente, como tenemos que sostener las “instalaciones oficiales” reducidas a instalaciones del régimen social-nacionalista, que ha reducido la Constitución a una caricatura grotesca de la que muchos votamos en 1978, manoseándola impúdicamente, como hicieron con la de 1931. Es su carácter.          

Algo bueno debe tener su conferencia cuando los social-nacionalistas se retuercen como gremlins mojados ante la mera posibilidad de que tenga lugar. Nosotros haremos lo posible.

Coruña liberal