Generalidades
CONTRA EL POPULISMO (©LIBRESEIGUALES)

El domingo 22 de marzo se abre con las elecciones andaluzas el año electoral español. Si las previsiones se cumplen, habrá luego elecciones municipales, autonómicas en buena parte de España, incluida Cataluña, y finalmente generales. Estos procesos electorales van a desarrollarse bajo una doble, e inédita, amenaza populista.

La primera amenaza proviene de la anunciada voluntad del gobierno de la Generalidad de Cataluña, y de los partidos que lo apoyan, de convertir las elecciones autonómicas en el plebiscito previo a una declaración unilateral de independencia.

La segunda procede de la irrupción, subrayada por todas las encuestas, de Podemos, un movimiento que promueve la impugnación del legado de convivencia de la transición y cuyos dirigentes se han mostrado comprensivos con formas autoritarias y criminales de la política, como el chavismo o el terrorismo etarra.

Estos dos populismos convergen en su objetivo: el asalto al sistema de derechos y libertades instaurado por la Constitución de 1978, al que unos atropellan por la vía del secesionismo y otros tildan con desprecio de régimen para tratar de hacerlo indistinguible del franquismo. Y los dos tienen algunas características comunes:

Proponer pueriles ficciones radicales a los arduos problemas reales.
Exhibir corrupciones concretas, que la democracia persigue, descubre y castiga, como prueba de la corrupción sistémica de la democracia española.
Convertir al discrepante en malvado, se trate de Madrid o La Casta.
Intimar con ideas que han provocado estragos en Europa y los siguen provocando en algunos países de América Latina.
Defender la autodeterminación de algunas comunidades autónomas y la grave limitación consiguiente de la libertad, igualdad y soberanía de todos los españoles.

Algunos actores clave del actual sistema tienen importantes responsabilidades en la emergencia de la amenaza populista:

Los partidos mayoritarios están lejos de ser ejemplo del rigor ético que prescriben y aún no han sido capaces de anticipar con sus prácticas el proyecto de una España adulta y de calidad, regida por el mérito.

Determinados medios de comunicación, incluso públicos en Cataluña, han convertido la información y el debate político en una nueva y exitosa versión de la telebasura. Su actitud forma parte del inmoral aprovechamiento clientelista de la crisis económica que tan duramente ha castigado a los ciudadanos.

Las conductas delictivas de algunos dirigentes políticos y sociales se han visto agravadas por la acción de una Justicia técnicamente precaria, lenta en la instrucción y, en ocasiones, cautelarmente justiciera.

Pero el populismo no puede legitimarse a partir de un diagnóstico que es obvio para todos. Ni mucho menos por el cuento de hadas que trata de contar impúdicamente a los ciudadanos, prometiéndoles que los problemas se resolverán en cuanto se decrete la independencia de Cataluña o se aplique a la comunidad española el modelo chavista.

No hay un solo ejemplo de sociedad desarrollada que haya resuelto sus crisis mediante el atajo populista. Las crisis deben abordarse desde la democracia, no contra ella.

De ahí que Libres e Iguales pida una doble reacción frente a la principal amenaza política a nuestra democracia:

La primera, a los ciudadanos españoles. Para que en las convocatorias electorales que se avecinan no entreguen su voto a ninguna opción populista.

La segunda, al Partido Popular, Partido Socialista, Unión Progreso y Democracia y Ciudadanos. Para que negocien estrictamente entre ellos cualquier acuerdo postelectoral a fin de impedir que la contaminación populista erosione letalmente las instituciones y las bases mismas de la democracia española.

En Madrid, a 18 de marzo de 2015