Memoria histórica

Memoria histórica

El País, 10/10/2007 . El romanticismo europeo estableció el siniestro prejuicio de que la disposición a entregar la vida por las ideas es digna de admiración y de elogio. Amparados desde entonces en esta convicción, y a lo largo de más de un siglo, grupúsculos de las más variadas disciplinas ideológicas han pretendido dotar al crimen de un sentido trascendente, arrebatados por el espejismo de que la violencia es fecunda, de que inmolar seres humanos en el altar de una causa la hace más auténtica e indiscutible.

 En el blog de Santiago González.- El 28 de julio de 2006, día en que el Gobierno aprobó el Proyecto de Ley de Memoria Histórica cuya tramitación se desatascó la semana pasada, se cumplían 70 años desde que el primer gobierno franquista promulgó en Burgos el bando que declaraba inaugurada la guerra civil española.
En junio había cumplido medio siglo un documento extraordinario:
"existe en todas las capas sociales de nuestro país el deseo de terminar con la artificiosa división de los españoles en «rojos» y «nacionales», para sentirse ciudadanos de España, respetados en sus derechos, garantizados en su vida y libertad…".
Era una declaración del Partido Comunista titulada "Por la reconciliación nacional, por una solución democrática y pacífica al problema de España".

Hay que desmentir la falacia de que la Ley de Memoria Histórica viene a cubrir una reparación en justicia a las víctimas del bando vencido, cuando lo que pretende es retrotraer la legitimidad democrática a los tiempos de la II República convirtiendo a la transición, a su espíritu de conciliación nacional, y a la Constitución, en herederos del franquismo, y por tanto ilegitimar al Rey, a la UCD y su heredero parlamentario, el PP, y a otorgar un papel "honroso" a quienes llevan cuarenta años asesinando porque serían "luchadores antifranquistas".