Memoria histórica

Al día siguiente del asesinato de Calvo Sotelo, un órgano socialista decía que era preferible la guerra civil y, como observa Payne, iban a tener más guerra civil de la que pensaban. Ahora Zapo está por la memoria. Me parece que va a tener más memoria de la que imagina su malévola ignorancia.

En fin, dice también Zapo que su abuelo pidió no quedar como traidor a la patria. A nadie se le ocurriría hoy acusarle de tal cosa. Pero a su nieto sí. Traidor a la patria y a la democracia, colaborador de una ETA que nunca había conseguido tales posiciones políticas como con él y gracias a él.

Dice Zapo que la transición se hizo a base de mucha concordia y poca memoria. Y no deja de tener algo de razón el grotesco sujeto. Se borró casi por completo, durante muchos años, la memoria de cómo el PSOE había cooperado con la dictadura de Primo de Rivera y en cambio había saboteado la república. De cómo había practicado abundantemente el terrorismo desde 1933 o asaltado sangrientamente la legalidad democrática en octubre de 1934, con propósito, parcialmente fallido por el momento, de desatar la guerra civil. Se borró la memoria de la campaña, increíblemente falsaria, sobre la represión derechista en Asturias, que envenenó, por expresarlo como Besteiro, a millones de personas y creó el ambiente guerracivilista del 36; se borró el desplazamiento del poder, dentro del partido, de Besteiro y los suyos, el único sector moderado en el partido; se borró el proceso revolucionario desatado por los socialistas tras las anómalas elecciones del Frente Popular; o la participación socialista en el asesinato de Calvo Sotelo; se borró el recuerdo de las checas socialistas, de los García Atadell, de la gigantesca corrupción de sus dirigentes con los suministros de armas, corrupción que pagaban con su sangre sus propios soldados. Se borraron los gigantescos expolios y las sanguinarias luchas por el poder dentro del Frente Popular. Se borró la prácticamente nula oposición del PSOE al franquismo, o la reorganización del partido, ya muy al final de la dictadura y con permiso de la Guardia Civil. Y tantas cosas más.

Todo eso no solo fue borrado por la izquierda, también la derecha contribuyó, en pro de la concordia, a aislar y desacreditar a quienes se obstinaban en recordar o investigar el pasado. Esa actitud de la derecha ha permitido al PSOE presentarse como el partido de los "cien años de honradez", cuando ha sido, sin discusión, el más corrompido del siglo XX español; le ha permitido engañar a muchos con un historial democrático inexistente, pues su ideología oficial fue, hasta hace poco, la más liberticida de ese siglo; o aparecer como partido de la paz, cuando sus violencias en la república jugaron el papel principal en el desencadenamiento de la guerra. ¡Cuánto ha hecho la concordia derechista por asentar este peligroso fraude!

Tan excesiva concordia se habría justificado si, a su vez, las izquierdas y los separatistas hubieran adoptado el mismo talante. Pero fue totalmente al revés: estos no han cesado de producir multitud de libros, artículos, películas y panfletos acusatorios contra la derecha, en los que las verdades y las mentiras se mezclaban de forma inextricable. Ese talante resentido y retorcido, con fines políticos ajenos a la democracia, ha culminado ahora con la pretensión de oficializar por ley su versión de la historia, como en los países totalitarios.

Hubo mucha, excesiva concordia, en efecto, por parte de la derecha. Y mucha memoria, aunque falseada, por parte de la izquierda. Pero sospecho que eso se acabó. En los últimos años la verdad histórica ha vuelto por sus fueros, y no puede extrañar la furia inquisitorial, con propuestas abiertas de censura y de cárcel para los disidentes, con que ha sido recibida por la izquierda y los separatistas. Y no es de extrañar su ira: ¡ya daban por ganada la partida!

Al día siguiente del asesinato de Calvo Sotelo, un órgano socialista decía que era preferible la guerra civil y, como observa Payne, iban a tener más guerra civil de la que pensaban. Ahora Zapo está por la memoria. Me parece que va a tener más memoria de la que imagina su malévola ignorancia.

En fin, dice también Zapo que su abuelo pidió no quedar como traidor a la patria. A nadie se le ocurriría hoy acusarle de tal cosa. Pero a su nieto sí. Traidor a la patria y a la democracia, colaborador de una ETA que nunca había conseguido tales posiciones políticas como con él y gracias a él.
Presente y pasado, Blog de Pío Moa