Terrorismo etarra
Decir que la victoria del PP el 20N es un fenómeno desmoralizador tal vez sería una exageración, sobre todo al pensar en cual era la alternativa. Pero que hay un efecto desmoralizador en relación con algunas expectativas, nos parece indudable.

Durante alguno de los gobiernos de predominio socialista en la II República escribió Don Julio Camba, el admirable periodista de Villanueva de Arosa, un artículo memorable en el que decía, entre otras cosas:

La República es el fenómeno más desmoralizador que se ha producido en España desde hace muchísimo tiempo. Mientras no la teníamos, confiábamos en ella, aunque sólo fuese como una salida para casos de incendio, y esto nos permitía conservar intacta nuestra moral en medio de las situaciones más difíciles; pero ahora que la tenemos, ahora ya no nos queda salida ninguna. ...

... Antes, cuando la República no era nada, lo significaba todo para nosotros. ... Ahora, en cambio, cuando lo es todo, no significa absolutamente nada más que la presencia física de unos señores determinados en el lugar que anteriormente ocupaban otros.

La República nos dejó sin República, como si dijéramos. Nos quitó la gran ilusión republicana, y esto es, en resumen, todo lo que ha hecho.

No pocos ciudadanos, y entre ellos muchos de genuina inclinación liberal y conservadora -los invitados a irse en aquel congreso de Valencia- votamos al PP en las pasadas elecciones, a pesar de todo, y conforme a la desacreditada doctrina del mal menor, porque nuestra prioridad absoluta era expulsar del poder a los socialistas, esa plaga bíblica que ha durado siete años y cuyo efectos amenazan prolongarse otros setenta, y para ese fin primordial el voto al PP parecía lo más eficaz. La opción UPYD, muy atractiva en relación con dos de los más graves problemas nacionales, el de la organización territorial -mejor dicho, el de la defensa de la nación frente a los nacionalismos- y el del terrorismo, aún cuando obtuvo muchos de nuestros votos conscientes -tal vez los más conscientes o avisados- carece del atractivo liberal o conservador que también el PP ha desdeñado. Así que muchos votamos al PP -no diremos esa vulgaridad de 'con la nariz tapada'- como quien se acoge a Guatemala huyendo de Guatepeor.

Y ya podemos hacer una primera evaluación de nuestra decisión.

En lo que menos importa, este gobierno ha subido los impuestos contra su promesa electoral. Pero lo más grave no es el incumplimiento -que podría estar justificado por el estado de necesidad, y que, en cualquier caso, ya parece constituir un elemento esencial de la política, hasta el punto de que ya nadie puede sentirse engañado por un incumplimiento electoral; si acaso, sorprendido por un cumplimiento-. Lo más grave es que la medida es contraproducente en relación con el fin buscado o con el pretexto aducido. A mayores impuestos menor vitalidad económica y, en definitiva, menor ingreso público: no remediará, sino que agravará el déficit y ahondará la recesión.

En declaraciones estupefacientes del Ministro Sr. Montoro, han hecho una reforma fiscal de izquierdas para dejar descolocada a la izquierda. Un alarde estúpido que nos sale muy caro a los ciudadanos que habíamos contribuido a descolocar a la izquierda de la mejor manera posible, colocándola en la oposición -¡qué remedio! ya que no la podemos colocar fuera del mapa.

Que tengamos que pagar esa broma del gobierno a la izquierda puede hacerle mucha gracia al gobierno, pero a los contribuyentes no nos hace ninguna.

En lo que más importa, algunos no podemos evitar la creciente impresión de que este gobierno también está ocupando el lugar del anterior en esa rúbrica equívoca, “la lucha contra el terrorismo”, que durante el mandato socialista encubrió, como en la distopía orwelliana, la verdad de la colaboración con el terrorismo -bueno, con sus fines, supuestamente para evitar sus medios- a cargo del mismísimo Gobierno.

 

¿También en este capítulo trata el gobierno de descolocar a la izquierda ocupando su lugar?

¿Realmente ha sido tal la eficacia destructiva del socialismo propiamente dicho que ya no es posible detener esa negociación? Cuesta creerlo: el bobo solemne retiró las tropas de Irak sin ningún remilgo. Aún sigue presumiendo de ello. Del mismo modo -bueno, no exactamente- en 2004 el gobierno del PP puso fin a toda negociación.

 

Que tantos ciudadanos, empezando por las víctimas del terrorismo, hayan luchado tanto bajo la ignominia zapaterista contra la negociación con los terroristas, para que ahora tengamos que ver cómo se produce simplemente y como efecto del cambio de partido en el gobierno, una sustitución del personal sin perjuicio de la continuidad de la misma política, es profundamente desmoralizador, y no vamos a aceptarlo.