Terrorismo etarra

ETA es consciente de que necesita de manera imperiosa estar en las elecciones autonómicas y municipales. Necesita tanto los fondos que dicha presencia le aportará como la recuperación del poder político y de la capacidad de comprar voluntades- repartiendo prebendas- que supone la participación en la contienda electoral y la ocupación de cargos públicos.

Si ETA logra presentarse a través de cualquier subterfugio a estas elecciones, no sólo será una tomadura de pelo al Estado de Derecho, sino que supondrá alejar varios años el final del terrorismo nacionalista. Buscar atajos sólo nos aleja de la solución del problema que es sólo una: la persecución implacable del conjunto de la estructura terrorista con todos los medios legales y en todos los frentes –policial, legislativo, judicial, internacional, social-, su asfixia económica y política, la extensión de la desesperanza entre sus simpatizantes desechando de manera rotunda e irreversible cualquier posibilidad de un horizonte de negociación.

Existen en este momento elementos objetivos suficientes para sospechar que el Partido Socialista y el Gobierno mantienen abiertos los cauces de negociación con la banda y que el ejecutivo tratará de permitir la concurrencia del brazo político de la estructura terrorista a las elecciones de mayo. Las actas de las negociaciones durante el último alto el fuego de la banda no sólo nos muestran un Gobierno sin límite moral alguno, sino que acreditan cómo se ha hecho de la mentira a los ciudadanos la norma en materia antiterrorista. Exactamente eso es lo que sucede en este momento cuando niegan cualquier contacto con ETA.

Si existe alguna posibilidad de parar la negociación encubierta con ETA y con ello la presencia de los terroristas en las Instituciones, es mediante la movilización ciudadana. Si la ética o la moral no es barrera alguna para el ejecutivo en la lucha antiterrorista, tendrá que serlo el clamor popular. Sólo una movilización que muestre un rechazo indudable de la población a cualquier nueva negociación con ETA y que sea indicativo del coste y desgaste político que podría suponer la presencia de los terroristas en las Instituciones, evitará que ETA acceda a los Ayuntamientos mediante cualquiera de sus planes alternativos al señuelo de Sortu.

La estrategia de deliberada confusión desplegada en el País Vasco, con la supuesta pretensión de la reconciliación y el perdón, violentando la justicia y la libertad, equiparando la actividad terrorista con la legítima actuación policial, con la denuncia de supuestas torturas,… sólo pone de manifiesto que una mayoría notable de la clase política ha optado por asumir el discurso falaz de ETA y se empeña en contentar a la banda terrorista y a su entorno.

Por este motivo es fundamental que el día 9 de abril de 2011 se consiga un gran éxito en la manifestación convocada contra la presencia de ETA en las elecciones y que todos los ciudadanos contrarios a la legalización de facto del brazo político de ETA ejerzan su responsabilidad y acudan a dicha convocatoria


Coruña Liberal se ha adherido a este comunicado hecho publico hoy por Foro Ermua.

Nuestro ethos liberal nos impone una reflexión sobre este párrafo: (ETA)"Necesita tanto los fondos que dicha presencia le aportará como la recuperación del poder político y de la capacidad de comprar voluntades- repartiendo prebendas- que supone la participación en la contienda electoral y la ocupación de cargos públicos." Significa que el poder político entre nosotros no es una responsabilidad sino un chollo, es decir, una desgracia para quienes no aspiramos a ejercerlo pero no podemos evitar costearlo y soportarlo. Porque la conclusión obvia es que dependemos pura y simplemente de la buena voluntad de quienes lo ostentan: si son benévolos, pues buena suerte; si son socialistas, nacionalistas o terroristas -sin descartar que los que se acogen a alguna etiqueta alternativa sean estúpidos- pues mala suerte. Es imperioso cambiar esa triste realidad que nos degrada a la condición de súbditos.

Lo de menos es que viajen e primera, pero no puede haber una diferencia tan abismal entre gobernantes y gobernados en una democracia: tienen que ser posiciones intercambiables sin que nadie sufra un trauma por ello. Entrar en la política no tiene que ser algo tan ambicionable -y tan asequible- para los delincuentes, sean o no terroristas. Hay que limitar el poder del estado o de sus asaltantes. Es una necesidad imperiosa de nuestra dignidad ya no como ciudadanos, sino como personas.