Terrorismo etarra
El homicidio –sin perjuicio de la calificación definitiva- del gendarme francés Jean-Serge Nérin nos ha recordado al primero que cometió un terrorista nacionalista vasco contra un guardia civil español.

Con la cautela con la que hay que tratar estos asuntos, no parece que la banda haya instruido a sus miembros para que, eventual o deliberadamente, maten a policías franceses. El coste es demasiado alto, y no habrá escapado a sus cálculos.Más bien parece que el matador ha obrado al margen de las directrices de la banda, aunque no puede descartarse lo contrario, pues ha habido otros tiroteos .
Cementerio de Malpica, 07 de junio de 1968En el verano de 1968 un tal Javier Echevarrieta, de unos veinte años, mató a José Pardines Arcay, de veinticinco, guardia civil. No era algo planeado. De hecho, lo decidió unos instantes antes de disparar, bajo los efectos de un fármaco muy usado entonces por estudiantes, la centramina.

Encontramos un paralelismo entre los dos hechos, aunque podemos equivocarnos en nuestra apreciación.

Lo que no tiene nada que ver es la reacción de la izmierda que glorificó al asesino de José Pardines y lo convirtió en un mártir –sería abatido a los pocos días cuando intentaba huir de una sacristía tiroteando otros guardias civiles-.
ETA le debe casi todo lo que ha sido a aquel crimen no planeado de 1968 --a su "gestión" propagandística por el nacionalismo y sobre todo por la izquierda. No sería de extrañar que acabe debiendo su fin a este crimen de 2010. Amén

ETA moriría, así, como nació, matando, y no como pretende Zapatero, en la mesa de negociaciones, “sin vencedores ni vencidos”. Quiso esa ignominia para los españoles, porque toda ignominia le parece poca para nosotros, y algunos tenemos pocas dudas de que este nuevo crimen le ha sorprendido preparando la segunda parte de la negociación. Aunque seguirá en ello, porque la cabra siempre tira al monte, es posible que ahora Francia no tolere un desenlace zapateril, aunque gobernare allí el socialismo francés.

Documentaicón:

El primer eslabón de una cadena de terror

El asesinato que torció la Historia