Un crecido número de ciudadanos nos reunimos ayer a las ocho de la tarde al lado de la Delegación del Gobierno en La Coruña, como en otras veintinueve ciudades españolas, para manifestar nuestro rechazo a la política del Gobierno en materia terrorista -no podemos llamarla política antiterrorista- en todos los frentes. Éramos más que el 11 de septiembre, pero menos de los que seremos el 11 de Noviembre.

En Coruña se leyeron estas palabras de D. Gabriel Moris, vicepresidente de la AVT (A Gabriel Moris le asesinaron un hijo en las acciones terroristas del 11M): 

 

La claustrofobia, relativamente frecuente entre los seres humanos, no ha sido una enfermedad que me haya afectado, al menos yo no he sido consciente de que la padeciera. Desde esta situación, he intentado en ocasiones comprender a las personas que la padecen. De un tiempo a esta parte, concretamente desde el desdichado 11-M, he sentido y sigo sintiendo una marcada sensación de claustrofobia. Como no he recibido ayuda psicológica ni psiquiátrica, tampoco he recibido una explicación racional sobre la aparición de dicha enfermedad en mí. Me gustaría, no obstante poder comprender si las causas de mi nueva situación son endógenas o exógenas.

Voy a tratar de explicar alguna de mis vivencias por si alguien puede ayudarme a salir de la situación en que me encuentro.

Cuando viajo, por carretera principalmente, y entro en un túnel, por muy iluminado que esté, siento la necesidad de salir cuanto antes de dicho túnel; posiblemente esto sea muy común entre las personas que viajan pero yo creo que esto puede tener relación con la aludida claustrofobia.

A partir del citado 11-M en que viví la tristísima experiencia de perder un hijo, experimenté interiormente una paz, a pesar de la situación, fuera de lo normal, como si una luz inmaterial me iluminara y calmara todos los sentimientos, que como humano, se dieron cita en mi ser. Esta percepción, que durante un tiempo permaneció y me sigue acompañando, se mezcló con la realidad de la ausencia material de mi hijo y la evidencia de que la vida, aquí y ahora, continúa. Y aquí precisamente creo que radica el origen del aludido padecimiento de claustrofobia.

Cuando ocurre un hecho tan anormal, tan inhumano y tan irracional; hecho con un marchamo tan acusado de voluntariedad por parte de los planificadores, de los ejecutores y de los beneficiarios, para mí supuso la entrada en un recinto cerrado y oscuro. Fue mi primera sensación de claustrofobia. Nuestra esperanza en aquellos momentos se alimentaba del sentimiento de que hay otra vida en la que el mal no tiene la última palabra como ocurre en esta existencia. Esta esperanza permanece en mí como telón de fondo de mí vivir. En lo que respecta a la existencia terrena, creo que el crimen es un fiel reflejo del fracaso del hombre. Fracaso humano del planificador, fracaso del ejecutor y fracaso del beneficiario.

Una vez situados en el túnel, sentimos la necesidad de alimentar nuestra esperanza, pensando que la luz aparecería en forma de conocimiento de lo ocurrido. Pasados treinta meses y visto el rumbo que los poderes públicos han impuesto a las investigaciones (silencio, ausencia de investigación y falseamiento de pruebas sobre las hipótesis de lo ocurrido) la salida del túnel no la percibimos, sentimos la sensación de estar condenados a vivir en la oscuridad impuesta por los que al principio pedían la lógica transparencia. ¿No puede ser ésta la causa de mi claustrofobia? ¿Podrían hacer algo los Poderes Públicos por iluminar nuestra vida sin la presencia de los seres queridos que nos arrebataron? ¿No podrían intentar al menos comprender nuestra situación como yo lo intentaba antes con los que padecían la citada claustrofobia?

Desde hace un mes aproximadamente he percibido algún indicio de que algo va cambiando en el tratamiento dado al mayor crimen de nuestra reciente historia: El juez del Olmo abre una investigación sobre los explosivos. Algunas figuras de la política hacen declaraciones sobre
la investigación. Aparecen declaraciones periodísticas de personas relacionadas con el atentado. Se ha podido ver algún debate televisado sobre el estado de las investigaciones. El Congreso, que cerró su investigación de forma fraudulenta, ha vuelto a debatir las últimas investigaciones periodísticas sobre los atentados. La prensa, que después de lo de Al Qaeda y los "terroristas autoinmolados" calló prudentemente, también se ha incorporado al debate.

Bienvenidos todos al esclarecimiento de los hechos y a ayudarnos a salir del túnel. Puede haber posiciones distintas y encontradas pero seguro que "de la discusión sale la luz".

No quisiera acabar sin recordar la noble actitud de los ciudadanos, que sin haber padecido directamente el golpe del terrorismo, han tenido el valor moral de programar concentraciones por toda la geografía nacional para exigir la investigación de la verdad de lo ocurrido el 11-M.

Todo ello nos anima a mantener la esperanza de que algún día saldremos del túnel en que nos metieron unos pocos contra nuestra voluntad.