Libertad de idioma

Libertad de idioma

HACE no mucho tiempo que el gallego estaba marginado, pero era la lengua social vehicular. La mayoría del pueblo la usaba con naturalidad, a lo que se sumaba una creciente y activa minoría que hacía de las libertades lingüísticas parte de su lucha por las libertades civiles. Después llegó la democracia, la amnistía, la Constitución y el Estatuto de Autonomía. Cada cual que ejerciera su derecho a expresarse en la lengua que le diera la gana. Pura utopía. Los nuevos guías de lo políticamente correcto se pusieron a legislar, a obligar, a reglamentar, a reconstruir la historia y a dar la vuelta a la tortilla idiomática. De nuevo las dos Galicias, pero esta vez con las correlaciones de fuerza invertidas; ahora el marginado sería el castellano.   El artículo íntegro en La Voz de Galicia
Nunca podremos saberlo. De ninguna manera quieren que lo sepamos. Jamás hemos de tener constancia de cuántos padres elegirían enviar a sus hijos a colegios en los que todas las materias se impartieran en lengua vernácula. Ni de cuántos preferirían llevarlos a centros donde el español fuera la lengua vehicular. Impiden ese conocimiento quienes erigieron su poder sobre la pulsión identitaria y cultivan la patología narcisista que exacerba las pequeñas diferencias. Ese poder suyo se fundamenta en un hurto. En hurtar la realidad.   El artículo íntegro en Libertad Digital
Llamémosles la Tríada. Son los tres grupos que alientan y defienden la a-normalización lingüísta: los fanáticos, los burócratas y los bienpensantes. Los dos primeros son fáciles de entender, y difíciles de convencer: sobre esas ideas apoyan su poder y su sueldo. En cambio, merecen especial atención los bienpensantes, esa minoría amplia que apoya silenciosamente lo que los otros hacen. El post completo y comentado en el blog de Radicales Libres/24/02/07