Es inútil mirar para ese otro lado. Los niños no vienen de París. Los matones que le parten los dientes a una joven política vasca del PP, intentan romperles la crisma a los de Ciudadanos o sabotean actos cívicos en Galicia, no vienen de no se sabe dónde ni salen de los bajos fondos. De las familias salen, claro, pero sobre todo de las escuelas. De nuestras madrassas. Mejor dicho, de las de ellos. De aquellos que las han tomado, con el beneplácito de la autoridad incompetente, para convertirlas en centros de adoctrinamiento nacionalista. El artículo en Libertad Digital .