Yo tengo un motivo de gratitud a esta institución (el día de las letras domésticas), porque el año -o el día- de Cunqueiro, tuve curiosidad, y descubrí un tesoro.

Bien es verdad que, probablemente con injusticia para con algunos de los autores homenajeados en años sucesivos me sobrevino el aburrimiento, y, éste dedicado a la dinamitera del habla, sólo conozco esta acusación disuasoria, que es lo que la propaganda ha seleccionado, tal vez por su impacto y seguramente sin culpa ninguna de la víctima del homenaje.

Pensé que habría sido algún pequeño goebbels, incrustado en la correspondiente covachuela burocrática desde que el albur electoral entregó el poder a sus amigos -o en alguna agencia privada o semipública amiga- quien hubiese discurrido este sintagma terrorista, o, al menos, algo terrorífico -dinamitera del habla-, a saber por qué obscuro mecanismo freudiano. Forma parte del subconsciente de nuestra más lucida -que no lúcida- izquierda ese confuso magma o imaginario del que brotan potentes metáforas como "fusilar voces" cada mañana, tumbar rivales en la vía del tren o colgarles de un soporte estable de la estructura ferroviaria. Pero no: acabo de oír por la radio que el motejador fue otro vate con agudo sentido poético, también homenajeado uno de estos años. El burócrata se ha limitado a elegir entre los ditirambos disponibles el que le ha suscitado mayor afinidad espiritual.

Así pues, el día de las letras gallegas no me produce ya emoción alguna, pero sí alguna reflexión, que se intensifica este año en que los linguócratas han venido amenazando con que sería algo especial -no en vano están ellos ahora a cargo de parte sustancial del Presupuesto y del Tesoro-

¿Por qué un día de las letras gallegas, y no uno de las portuguesas o de las maltesas? [es que he oído hoy en la tele que estamos por debajo, entre otros, de Malta, en acceso de la población a Internet]

Los gallegos no descollamos, en el contexto hispano -o, si esto molesta mucho a alguno, en el europeo- por nuestra afición a la lectura. Por otra parte, los muñidores del invento han tenido buen cuidado de considerar letras gallegas la literatura escrita exclusivamente en una de las dos lenguas de la región, y, en concreto, en la lengua literaria minoritaria -en el sentido de tener menos productores sobresalientes, y, consecuentemente, muchos menos lectores reales y potenciales-. Autores relevantes han cultivado las dos lenguas, pero, salvo el caso del mencionado Cunqueiro, en los comienzos del culto, tengo la impresión de que en este santoral no se admite de buena gana a quienes tengan obra significativa en español, como podría ser el caso de José Ángel Valente .

¿Por qué unas gentes no especialmente preocupadas por la lectura, o dadas a ella, disfrutan de un día festivo, feriado, consagrado a la apoteosis de la literatura producida en la lengua regional?

Bueno: es un día de combate. Se dedica más bien que a la exaltación de la literatura, a la propagación de una ideología lingüística. Es también, un día de derrota, para la incubación melancólica del ansia de revancha de un agravio jamás sufrido. Como esa celebración chií que conmemora el asesinato de un yerno del Profeta, pero aquí, el asesinado simbólico que se reivindica es "a lingua".

Creo que la consagración de un día tal, es muy explicativa de lo que ha pasado entre nosotros desde la llamada transición. (o Transición). Vulgarizando a Marx para la ocasión, la superestructura simbólico-festiva es trasunto de la política-ideológica.

Si no me equivoco, todos los españoles disfrutamos del mismo número de días feriados, aunque no todos tengamos el mismo número de horas de trabajo/año. La cuestión es importante porque en el capitalismo imperfecto en que vivimos hay una tendencia, aunque sea limitada, a la competencia: compiten entre sí las economías de los países, de las regiones, de las áreas, ... En consecuencia, ningún país puede permitirse que sus gentes se tiren a la bartola más que las de los otros países.

Dentro de ese sistema de práctica igualdad cuantitativa -no es cosa ahora de meterse en la productividad, ni yo podría hacerlo- cada región expresa su hecho diferencial eligiendo los santos católicos o los héroes cívicos o los hechos históricos que considera constitutivos, y en esa dedicatoria expresa y afirma su peculiaridad.

Pues bien: los próceres de la patria gallega han decidido invertir uno de los días del cheque festivo, en la exaltación de la lengua regional. Este día, fontaneros, panaderos, albañiles, ingenieros, peones, ... todos a darse un hartazgo de letras gallegas. Por supuesto, la participación de la gente en esta liturgia es muchísimo menor que en las fiestas religiosas tradicionales, aunque también ésta decrece constantemente con la secularización.

Pero lo que me interesa destacar es que una minoría ínfima y no muy culta, ha impuesto una festividad 'culta' pública -forzosa- a toda la población, en pleno siglo XX. Ello constituye un caso singular de la llamada normalización lingüística. Los asalariados no tenemos un motivo especial para agradecer ese regalo cualitativo -pues el día, con otra advocación, y en otra fecha, habríamos de disfrutarlo igual-

Yo propongo mantener la fecha y consagrar la celebración a la libertad. Podría ser, por ejemplo, el día del dolce far niente. Pero, eso sí: no sería obligatorio. Es decir, que el que quisiese, si la organización de su actividad productiva lo permitiese, que trabajase.

Sí, ya sé: es una idea demasiado buena para que encuentre acogida. Es, sobre todo, una idea blasfema. Cierto que nadie o casi nadie cree en los misterios ahora celebrados. La advocación de la dinamitera del habla no puede llenar el vacío del opio del pueblo.-y conste mi respeto por esa ilustre desconocida, que probablemente no hizo nada por merecer tan explosiva etiqueta, y acaso no estuviese de acuerdo con su canonización. Pero eso a los profetas del nuevo culto no les importa: no respetan a los vivos; cómo van a respetar a los muertos- Yo, si no tuviera pendientes de repaso algunos tomos de La busca del tiempo perdido, bien que le dedicaría a esa buena mujer la atención que los organizadores del culto reclaman. Pero la vida es angustiosamente breve.

La vida individual, porque la colectiva sigue: en los prolegómenos del gran día -en jornada lectiva- se produjo la macroepifanía de 40.000 niños por las calles de villas y ciudades. Una amiga me dijo que vio a un grupo pasar cantando "ondiñas veñen, ondiñas veñen, (bis) e van" (una metáfora popular pero profunda, del eterno retorno) Es el evento anual llamado 'correlingua', una institución mistérica de la nueva religión. Un día de júbilo y exaltación para los docentes de la secta; un día liviano o aligerado para los otros, que se quedan sin niños, o al cargo de uno o dos disidentes, y un día "distinto" para los rapaciños corredores -en realidad, paseantes-. A los padres se les dice que les llevan de excursión. Y todos contentos.

Por otra parte, en el 17/05/07 es un día histórico. Una modesta iniciativa de un grupo de docentes y madres ha superado dos mil firmas en su página web contra la imposición lingüística, y estiman que tres veces más en papel. Y no han hecho más que empezar. Nunca se había preguntado a los padres su parecer sobre el experimento normalizador, y está siendo una sorpresa ¿lo está siendo?