Nunca podremos saberlo. De ninguna manera quieren que lo sepamos. Jamás hemos de tener constancia de cuántos padres elegirían enviar a sus hijos a colegios en los que todas las materias se impartieran en lengua vernácula. Ni de cuántos preferirían llevarlos a centros donde el español fuera la lengua vehicular. Impiden ese conocimiento quienes erigieron su poder sobre la pulsión identitaria y cultivan la patología narcisista que exacerba las pequeñas diferencias. Ese poder suyo se fundamenta en un hurto. En hurtar la realidad.   El artículo íntegro en Libertad Digital