Libertad de idioma

El pasado día 13 la edición regional de El Pais publicó un notable artículo firmado por Antón Reixa. Yo no sabía a qué se dedicaba ahora el personaje. Hace muchos años le oí en un debate en televisión, en el que llevaba la voz cantante, tratando de ridiculizar lo que comúnmente se llama canción española -Escobar, las 'folklóricas' etc.-. Imputaba su popularidad en Galicia al franquismo. Obligaba a deducir que el desinterés del público por la música que hacía él entonces se debía al disfavor del Régimen-. Le puse una etiqueta al sujeto, lo que probablemente es muy injusto, y no le volví a prestar atención.

Casualmente vi la página 30 de El país del día 13 de este mes, y comprobé la consistencia de las ideas del Sr. Reixa: sigue pensando que el éxito artístico o profesional depende del favor del poder, y trabaja con ahinco para conseguirlo.

El artículo es un concienzudo enjabonamiento de los jefes de la TVG, de lo que deduzco que se halla en espectativa de negocio. Eso no sería más que la versión regional del cambalache del PRISOE y la titiritería hispánica. En eso no hay hecho diferencial.

Empieza loando la programación infantil -Songoku, Sin Chan y Xabarín- por su eficacia 'normalizadora'. Ésta es la razón de ser del ente, lo que no se debe olvidar cuando se opine sobre él. Este es uno de los ejes del artículo: la finalidad sacra como inhibidor de la crítica. No es infrecuente que el ditirambo a la normalización se haga mediante una conducta anormal -como la mía en este momento, es decir, en español-, y en un medio que ya se ha disculpado por su anormalidad.

Continúa con que, puesto que el ente es -valga la redundancia- por y para 'la normalización', tiene que ser generalista, es decir: tiene que ofrecer de todo y para todos. Le parecen miopes las polémicas sobre la renovación de "la parrilla" o sobre sus índices de audiencia. Comprensivo, informa de "una tendencia a consolidarse en torno al 14-15 %" lo que le parece brillante. A mí me parece el delirio de la lisonja del vendedor.

El artículito termina con una anécdota y con su genial categorización por el autor; literalmente, (s.e.u o.):
"Hace unos años Fraga nos dijo a un colectivo de productores que los 7.000 millones de ptas. que en aquel momento dotaban el presupuesto de TVG eran muchos kilómetros de carreteras.
Es un pensamiento arcaico y demagógico porque la tele pública tiene que ver con la calidad de vida y de cultura y, en el caso de TVG, con el confort lingüístico de todos. Por eso el despilfarro o no del dinero público en TVG hay que medirlo no por la cantidad sino por la racionalidad del gasto, y en esa racionalidad está la de cumplir con los objetivos para los que fue creada. Comienza a ser evidente que para equilibrar y ampliar su oferta a la pluralidad de la sociedad gallega y de los gallegohablantes TVG necesita más recursos. Entre otras cosas para poner en marcha un segundo canal, porque tan legítimo es el deseo de la audiencia de tener fútbol en gallego como buen cine y documentales culturales"


Llamar la atención sobre el elevadísimo coste del juguete de los titiriteros y sobre uno de sus posibles costes de oportunidad -infraestructuras viarias, camas hospitalarias, ...- es arcaico y demagógico, dicho en uno de los párrafos más demagógicos que he leído últimamente -y hay para escoger-.
Lo moderno, progresista y nada demagógico es decir que no importa lo que se gaste en la telegaita -todo gasto real es racional, y si no, lo racionaliza Reixa-, porque casi la ve el 14 % de la población, y es para normalizarla a toda, también al otro 84 % -por lo que ojito con las críticas, eh, (todo lo que toca a la 'normalización' es sagrado)-; porque 'tiene que ver con' la calidad de vida y el 'confort lingüístico' de todos. Todos nos sentimos más cómodos si el 14 % de de la poblacion que debe constituir el lumpen cultural de la región -hablen el idioma que hablen- está distraído con la telegaita.
Mientras no seamos normales el resto, es decir, hasta el día del Juicio, habrá TVG, un gravamen perpetuo sobre los presupuestos de la admnistración de una de las regiones pobres de Europa, y, por tanto, sobre las rentas de uno de los colectivos de ciudadanos relativamente pobres de Europa, de sus hijos, nietos y de todas sus generaciones hasta el fin de los tiempos. Reixa tuvo la poca suerte de que, al ladito de su pródiga arenga progre pudiera leerse que para alcanzar la media europea de servicios hospitalarios necesitamos 8,600 camas más. ¿A cuántas de ellas renunciamos por el confort lingüístico de todos, que incluye, entre otras, la ledicia de disfrutar de 'futbol en gallego'? -empiezo a cree que el gallego es para algunos como el ketchup para cierto pequeñín de mi familia: sin él, nada; con él, todo-.

De los 7.000 millones anuales llorados por el arcaico y demagogo Fraga, hemos progresado a mucho más del triple, y subiendo.

Yo comprendo que la venta conlleve algo de lisonja, pero Reixa no está intentando meramente un pingüe negocio privado. Lo hace en público, y públicos son, para nuestro mal, los recursos en riesgo de 'despilfarro o no'. Me da que sí.