Libertad de idioma
        Excma. Sra.:                                       La noticia en La Voz de Galicia
        Los profesores abajo firmantes, componentes de los departamentos de Lengua castellana y Literatura de los I.E.S. "A Xunqueira I", "Sánchez Cantón" y "Valle-Inclán" de Pontevedra, deseamos manifestar nuestro malestar y firme rechazo a las coacciones y amenazas que, a través del servicio de la inspección educativa, estamos recibiendo los profesores de Lengua y Literatura castellanas. Nos referimos a la orden de que las programaciones de nuestras asignaturas tienen que estar obligatoriamente en lengua gallega. Especialmente grave ha sido la actuación de la inspección en el IES "Saturnino Montojo" de Ferrol, donde todos los miembros del departamento de Lengua castellana y Literatura han sido amenazados con la apertura de un expediente disciplinario si no traducían su programación al gallego.

    La razón esgrimida para este desafortunado comportamiento parece residir en el argumento de que una programación es un documento administrativo y dado que el Decreto 247/1995 de 14 de septiembre modificado por el Decreto 66/1997) de 21 de marzo, establece que "A Administración educativa de Galicia e os centros de ensino dependentes dela utilizarán, con carácter xeral, a lingua galega…", las programaciones deberán redactarse en gallego.
        En primer lugar, y como usted no debe ignorar, los departamentos de los centros educativos son órganos pedagógicos y precisamente por ello, sus jefes forman parte de la comisión pedagógica. Es tarea de estos departamentos realizar una programación en la que, entre otros, entran aspectos como contenidos del curso, libros de texto,  lecturas, terminología que se debe emplear, tipo de ejercicios, modelos de pruebas, etc. Se trata, por tanto, de un documento planificado y sostenido de un proceso de enseñanza, de una herramienta de trabajo que incide directamente e incluso forma parte fundamental en el desarrollo de las clases. Por ello está recogido en la legislación que los profesores adaptarán su actividad docente a las programaciones didácticas aprobadas por los departamentos. Y precisamente una de estas unidades didácticas que tenemos que desarrollar y explicar en 2º de Bachillerato es la referente a los textos jurídico-administrativos, con un análisis de sus tipos, caracter
ísticas lingüísticas, rasgos morfosintácticos y semánticos o situaciones comunicativas en que se producen.
    Pues bien, créanos que nada más alejado de un documento administrativo. Engañaríamos gravemente a nuestros alumnos si incluyéramos las programaciones dentro de este tipo de documentos. Nada tienen que ver ni formalmente ni en sus contenidos con los documentos administrativos, como pueden ser solicitudes, denuncias, notificaciones, instancias, convocatorias, diligencias, recursos, etc. Y no encontrará tampoco ningún rasgo o modelo que se asemeje ni en el "Manual de Documentos Administrativos" publicado por el Ministerio de Administraciones Públicas, ni en el "Manual básico de Documentos Administrativos" publicado por la Xunta de Galicia.
    Llegados a este punto no puede por menos que asaltarnos una duda. Como usted bien conoce en las oposiciones a plazas de profesores de Lengua castellana y Literatura, una de las pruebas consiste en la presentación de una programación que los opositores deberán defender oralmente. ¿Tendrán que presentar estos candidatos su programación de Lengua y Literatura castellanas, en gallego? ¿Tendrán que realizar su defensa de la programación de Lengua castellana y Literatura igualmente en gallego? ¿Recibirán los tribunales instrucciones precisas para que rechacen estas programaciones en castellano?      En segundo lugar debemos esgrimir un criterio estrictamente pedagógico. Con toda razón la ley establece que la lengua gallega será impartida en su propia lengua y que los materiales educativos empleados estarán escritos normalmente en gallego. Por la misma razón, no parece difícil deducir que lo deseable para la mejor enseñanza de una de las lenguas oficiales lo sea también para la otra y, por tanto, las programaciones de la lengua y de la literatura castellanas, como documento fundamental para su enseñanza deberán estar redactadas en castellano.
        En tercer lugar, y abundando en los criterios pedagógicos, debemos considerar que la riqueza que supone estar en una sociedad bilingüe, conlleva, sin embargo, algunas distorsiones que es necesario corregir. Nos estamos refiriendo a las lógicas y mutuas interferencias. Para evitarlas resulta indispensable establecer claramente la frontera formal que las delimite y los documentos que se manejen no deben presentar entremezcladas redacciones en ambas lenguas. Una programación de lengua castellana redactada en gallego sólo contribuiría a alimentar esta ceremonia de la confusión.
        En cuarto lugar y moviéndonos también dentro de criterios estrictamente pedagógicos no acabamos de entender que unas programaciones pensadas normalmente en castellano, con referencias a autores y títulos normalmente castellanos, con presentación y análisis de estructuras y de fenómenos castellanos, con terminología lingüística y literaria castellana, tengan que traducirse al gallego. Si todos sabemos que, incluso en la mejor de las traducciones, es imposible mantener una total fidelidad al original, qué no ocurrirá si estamos manejando términos lingüísticos que no tienen equivalencia en ambas lenguas.
        Como última consideración deseamos añadir que no consideramos que la mejor medida para defender y fomentar el uso de nuestra lengua, el gallego, sea la de tratar al castellano como si no fuera una lengua oficial. Ambas lo son y ambas son un fiel reflejo de la actual realidad de la sociedad gallega. Estamos en una sociedad bilingüe y defender ese bilingüismo es tarea de todos. También de las instituciones.
    Pontevedra 21 de noviembre del 2006                                                Atentamente