Debate identitario

Debate identitario

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Como Tetro, hemos querido incluso amputar de nosotros el mismo nombre, España, así como los símbolos que la representan, levantando ante su mera presencia un sinfín de suspicacias. La lengua común en la que nos entendemos la hemos arrinconado, camino de excluirla, en varias regiones, y en las demás lo seguimos consintiendo cuando votamos a los partidos que lo propugnan; la malquerencia entre unas regiones y otras sigue avanzando. Tratamos asimismo de ignorar o deformar nuestro pasado y nos empeñamos, como Tetro, en sustituirlo por el que los nacionalismos han ido delirando. Como Tetro, los españoles, en buena parte, nos estamos convirtiendo en un ser incomprensible, imprevisible, que, embarcado hoy en este periplo zapateril, no quiere recordar de dónde viene ni aspira a saber a dónde va y no soporta las preguntas sobre quién es.

El BNG alerta de "un desembarco de personas de fuera" en Galicia

Del blog de Monsieur de Sans foy


 
¡Veciños, veñen da fora!
¡Salid gallegos de casa
que es muy grave lo que pasa!
¡Galicia entera se escora
porque los pies forasteros
han hollado, en mala hora,
esta tierra de gaiteros!

sigue en el blog del autor
(dedicado a Elentir)

La fea jeta del nacionalismo gallego no es más que el remedo de las feas jetas de los nacionalismos catalán y vasco

... el deseo de regresión a la supuesta época dorada que la civilización, la industrialización y el estado moderno habían venido a destruir. El movimiento cultural en el que fermentó el nacionalismo catalán, en la segunda mitad del siglo XIX, se denominó, precisamente “Renaixença”, y para él, todo lo que aconteció desde la entrada del “castellano” (traducido: del estado moderno) en Cataluña, se entendió y se denominó genéricamente como “Decadència”. Fue un fenómeno similar al “Resurdimento galego” o al deseo de regresión al estado tribal de los vascones por parte de Sabino Arana. Según estos movimientos, la salvación estaba, una vez más, en regresar al pasado, en negar la historia.