...En mi caso el delirio independentista coincidió con el imponderable de una vida sexual insatisfactoria que me llevó a relacionarme con hombres y mujeres aquejados del mismo ostracismo. Ellos eran tipos hostiles y visionarios que proclamaban el nacionalismo como liberación de la exclusión histórica de Galicia; ellas, por su parte, eran unas chicas muy feas que concebían la lucha armada como una manera de sublimar sus frustraciones sentimentales, confiando al ardor de la pelea las energías que no podían canalizar a través del sexo. Los sectores materialistas de aquel nacionalismo echaron mano de Karl Marx cuando en realidad tendrían que haber recurrido a Sigmud Freud. ... en La Razón