Debate identitario

Comentarios al artículo de Albert Esplugas titulado Nacionalistas sin Z publicados en el blog de Radicales Libres.

1/5 ... empieza por la conclusión -prudentemente formulada- de que le parece un exceso retórico referirse a los nacionalistas de CiU, ERC, el BNG o el PNV como nazis o naZionalistas, conclusión o tesis que avala con una serie de argumentos.

No discuto la conclusión -discutible hasta el amanecer boreal- pero me importa mucho el método, y voy a comentar seguidamente, al hilo del propio artículo, tanto la tesis como sus premisas explícitas, sangrando el texto de Esplugas:

Me parece un exceso retórico llamar nazis o naZionalistas a los nacionalistas demócratas -CiU, ERC, el BNG o el PNV-. Creo que es inapropiado y contra-producente por varios motivos:
En primer lugar, en la tesis misma hay una petición de principio, y, creo, una falacia muy habitual. Está en la atribución de la condición de demócratas a los nacionalismos enumerados.

Bien: suspendamos ínterin el juicio, tremendo, de nazis, pero acaso debamos reparar también en si la atribución del título de demócratas no es gratuita. Porque los excesos retóricos pueden producirse en cualquier dirección ¿no?
En abstracto cabría postular conforme al principio general de buena fe que es demócrata un partido o un movimiento en tanto no demuestra lo contrario. Dado que las siglas citadas concurren a las elecciones en el seno de un estado de derecho -figuran inscritas en un registro público al que se accede previo examen de unos estatutos expresivos de una organización y funcionamiento internos democráticos y de la ausencia de fines delictivos- tales partidos o movimientos serían democráticos.

Pero no es tan sencillo, y en realidad ni siquiera es así:
1. la democracia en abstracto no existe. Sólo existen democracias concretas y determinadas, en una parte relativamente pequeña de la Humanidad. En el curso de la Historia acaso pueda decirse que hay una democracia aguardando a cada demos, pero la mayor parte no la han conocido nunca, y pese al optimismo antropológico, cabe temer que algunos nunca la conocerán. La democracia realmente existente en España es la democracia española, es decir, la correspondiente al pueblo español, del que emanan todos los poderes del estado -en pura lógica democrática-. El pueblo español es uno de los afortunados que, no sin enormes dificultades, ha alcanzado un estado democrático, con sus limitaciones e imperfecciones -cuya crítica y enmienda nos ocupa hasta la extenuación a muchos ciudadanos- pero que cumple mejor o peor los estándares mínimos. Y se da la circunstancia de que todos los partidos enumerados por el articulista aspiran a destruir la democracia realmente existente.

2. La segunda cuestión es si, tal aspiración obedece a una insatisfacción democrática por la democracia realmente existente, y busca su mejora -democrática- o substitución por otras democracias mejores -en el único sentido democrático en que varias democracias alternativas a la democracia realmente existente podrían considerarse mejores: es decir, más democráticas, admitiendo que se trate de una cuestión de cantidad (menos aristocráticas, menos caciquiles, menos ... En fin, con menos vicios o defectos, y más virtudes y ventajas desde un punto de vista democrático abstracto: con más libertad e igualdad, que son los valores definitorios básicos de la democracia constitucional, de los que derivan los instrumentales -gobierno representativo, imperio de la ley, división de poderes, garantía de los derechos, ...)-
Desde este punto de vista creo que la atribución de la condición de demócratas a los nacionalismos que se valen de la democracia realmente existente para destruirla es no sólo gratuita, sino también falsa.

Nuestra democracia no fue muy exigente en los requisitos para participar en el juego político. Admitió partidos cuyo designio histórico era la implantación de la dictadura del proletariado, algo muy poco democrático, aunque hayan acabado por substituirlo por la dictadura del progretariado.
Concurren a las elecciones partidos que son parte de organizaciones criminales, según es público y notorio -PCTV, ANV- y lo hacen con la complicidad activa y necesaria de los otros partidos nacionalistas demócratas -y también del socialismo gobernante, cuyas acciones y omisiones han sido determinantes de la actual situación-. ERC encuadra a terroristas que no sólo no se han arrepentido, sino que hacen apología del terrorismo. El BNG está formado en torno a una organización matriz, UPG, que, si no me equivoco, se define como marxista-leninista, es decir, potencialmente terrorista en función de las circunstancias. De hecho, enterró las armas debido a la hostilidad ambiental para su uso -razones coyunturales-. Todos ellos se refieren al terrorismo como lucha armada y sus condenas son contradictorias con la red de apoyos que han tejido para legitimarlo, ampararlo ... y, en el caso del PNV y EA, con la inhibición policial frente a sus manifestaciones, con la calumnia a las fuerzas de seguridad del estado, ... fatiga y asquea el examen de la actitud de este partido en esta cuestión. Todos los partidos nacionalistas demócratas legitiman el terrorismo secesionista por el mero reconocimiento de que tiene causas, y por la invención de un conflicto explicativo, que equipara a los terroristas como vanguardia de los respectivos 'demos' in fieri con el estado de derecho existente, y, por tanto, con el demos español que es su presupuesto.

El relativismo practicado por estos partidos -exigencia de escrupuloso respeto al sistema legislativo en que, mediante fraude evidente, De Juana Chaos ha saldado veinticinco asesinatos con nueve meses de privación de libertad c/u, pero ningún respeto con el sistema constitucional de competencias según el que los presidentes de comunidades autónomas no pueden convocar referéndum. ... y así muchos más ejemplos-; el desprecio por la ley no es característica de un partido democrático. Es la marca de lo contrario, y estos partidos viven directamente en el fraude de ley o aspiran a perpetrarlo. Son partidos anti-sistema (democrático) a los que vemos convocando manifestaciones contra los poderes legítimos del estado, como las de Ibarreche contra el Tribunal Superior de Justicia con ocasión de la imputación de Atucha, o de ser llamado a declarar él mismo, o anunciando dramas si el Tribunal Constitucional no les permite salirse con la suya -esto unos nacionalistas demócratas no incluidos en la lista del Sr. Esplugas- porque viven constantemente con un pie fuera de la ley, ...

Ni soy la más cualificada para este análisis, ni agoto el tema, pero creo que llamar a la ensalada de letras que motiva este artículo nacionalistas demócratas no es que sea un exceso retórico comparable a llamarles nazis. Es algo, en mi opinión, peor. Porque el exceso retórico, como el articulista reconoce, es fácil de discernir, y no perjudica mucho a su víctima -incluso, como bien dice, puede volverse contra quien lo emplea-. La falacia es más insidiosa, más persistente y más dañina -para sus víctimas, que son, en este caso, los verdaderos demócratas, y, dado lo que está en juego, la democracia española y su titular, el demos, el conjunto de los españoles-.

Con lo dicho no niego la posibilidad de un partido secesionista democrático. Es una posibilidad inédita en España, hasta donde yo sé, pero en Canadá, donde el separatismo provocó un sólo muerto en el curso de su historia, cuando el asesino salió de la cárcel después de cumplir una pena como treinta veces superior -en proporción- a la de De Juana Chaos, fue expulsado de un acto público del partido independentista quebequés. Nada que ver con lo nuestro ...

Tal vez en Escocia, ... En fin, nosotros no hemos tenido suerte con nuestros independentistas.

Comentarios a Albert Esplugas (2/5)

  1. Es obvio que nacionalistas como CiU, ERC, el BNG o el PNV no defienden principios nacional-socialistas y que la realidad política en Cataluña se parece mucho más a la de cualquier otra región de España que a la del Tercer Reich. Es cierto que los gobiernos nacionalistas son en el margen más liberticidas (básicamente por las leyes de inmersión lingüística), pero eso no los convierte en nazis. No tiene sentido decir que soy como Rafael Nadal porque juego un poco mejor que otro tenista amateur.
Veamos algunas (otras) cosas obvias:
Todos esos partidos son nacionalistas. El nacionalismo, pese a los horrores que provocó y aún provoca, sigue teniendo prestigio, como lo siguió teniendo el comunismo hasta mucho después de descubrirse sus mayores realizaciones sociales -la muerte de Solzhenitsin nos ha permitido recordar la extraordinaria vitalidad intelectual de la oposición comunista a Franco, muerto Franco, claro, y lo prestigioso que era el comunismo en España (y ya no digamos en Portugal) en 1976, cuando todo el mundo estaba ya enterado de lo del Gulag-.

Los partidos enumerados por el articulista no pueden defender, claro está, la superioridad de una raza supuesta, y su derecho al dominio/extermino de las demás. Este supuesto fue derrotado por las armas a mediados del siglo pasado, y en su revisión de la memoria histórica no han llegado tan lejos. Pero defienden la superioridad de un demos en guerra contra España (España y Francia, en el caso pantagruélico del PNV) que ha de ser purgado de la contaminación -deturpación, dicen los del BNG- de la cultura inferior. Que la lengua ha substituido a la raza en estos proyectos demóticos es algo fácil de colegir, porque el proyecto aranista o las patochadas racistas de Risco y otros son incompatibles con el estado de las ideas subsiguiente a 1945. No lo era con el precedente, como acreditan las buenas relaciones entre el PNV y el NSDPA, que, éstas sí, han sido objeto de la esponja de la memoria histórica.

Por supuesto que la realidad política en Cataluña se parece mucho más a la de cualquier otra región de España que a la del Tercer Reich.
¿Están conformes los independentistas catalanes con ese parecido? ¿No les parece humillante y vergonzoso? En efecto, ese parecido existe, pero a despecho de los independentistas, que lo niegan y quieren acabar con él. No es que quieran que Cataluña se parezca al Tercer Reich en 1944, pero sí aspiran a una sociedad homogénea, en la que nadie pueda disputarles el poder político ni el monopolio cultural. Los nacionalistas creen que nadie tiene derecho a gobernar sus estaditos que no sea nacionalista. Eso es axiomático. En cuanto a la limpieza etnolingüística y cultural, no hace falta formular hipótesis: lo tenemos a la vista.
El articulista no es como Rafael Nadal porque juegue un poco mejor que otro amateur al tenis, pero los tres juegan al tenis. Creo que esa es la cuestión. Porque en el exceso retórico en que se suele incurrir -no yo, precisamente, al menos en público- no se dice que Ibarreche sea como Hitler, o el héroe de Perpiñán como Himmler, ... Se dice algo distinto: que todos juegan al tenis.

Comentarios a Albert Esplugas (3/5)

  1. Hay nacionalistas catalanes, vascos, gallegos... y españoles. El objetivo de todos ellos es que la nación de la que subjetivamente se sienten parte tenga un Estado. Dentro de cada movimiento nacionalista hay elementos más extremistas e intolerantes que otros. En general los nacionalistas periféricos no buscan una "pureza étnica o racial", sí la protección y la promoción de lo que consideran su cultura y lengua nacional.
Hay nacionalistas catalanes, vascos, gallegos... y españoles
¿De veras? Pero, por alguna razón, el articulista no se ha visto en la necesidad de incluir a los nacionalistas españoles en la lista de los nacionalistas demócratas. Más aún: no los ha identificado con unas siglas. Yo querría que, ya que ha facilitado una lista de nacionalistas demócratas -PNV, ERC, ...-, nos ayudase a identificar a los nacionalistas españoles con su correspondiente nomen iuris, para examinar si lo son -demócratas- o no.
La omisión de un punto tan importante podría obedecer a alguna de las siguientes asunciones previas -subconscientes-:
— que todos los españoles somos nacionalistas, así que los nacionalistas españoles vendrían definidos de manera residual y negativa o por exclusión: seríamos nacionalistas españoles todos los españoles no adscritos ideológicamente a cualquiera de los otros nacionalismos democráticos; -que es la tesis, precisamente, de los nacionalistas-
— que los nacionalistas españoles no son demócratas -tampoco nazis, I hope-.

De lo que el Sr. Esplugas dice más adelante cabría deducir que los nacionalistas españoles, dado que ya tienen estado que les proteja contra los otros nacionalistas, no tendrían que ser 'nacionalistas en celo'. Pero algo debe haber especialmente perverso en esos supuestos nacionalistas sin siglas conocidas para que no merezcan la inclusión en la lista de los nacionalistas demócratas. Tal vez en alguna ocasión lo aclare.

El discurso del Sr. Esplugas asume algunas tesis fundamentales del nacionalismo:
1ª, el subjetivismo y el voluntarismo respecto de la nación. Donde haya un individuo -id est Sabino Arana, Castelao, ...- que imagine una nación, hay una nación. Su éxito dependerá del número y calidad (muy importante, por ejemplo, que estén dispuestos a la violencia) de los contagiados de ese descubrimiento, que empieza siendo individual -siempre hay un hombre providencial- para acabar siendo colectivo -y colectivista, frecuentemente-.
2º, toda nación imaginada tiene derecho a un estado real. En esto están y son todos iguales: tanto da el supuesto y anónimo nacionalista español inidentificado e inidentificable que trata de gozar pacíficamente de la seguridad jurídica, de la igualdad y de la libertad que trata de ofrecerle el estado (de derecho) español, como los nacionalistas demócratas de BNG, PNV, ERC, CIU, ... que tratan de destruir ese estado de derecho existente para substituirlo por otros estados (¿de derecho?) internamente homogéneos y excluyentes de cientos de miles de ciudadanos, a no ser que acepten la completa asimilación kultural que se les ofrece. El éxodo de cerca de 200.000 vascos en casi tres décadas de régimen nacionalista no del todo independiente puede dar una pista del futuro, pues es un hecho, no una hipótesis. [Estos días toman las calles de alguna ciudad vasca unos nacionalistas para homenajear a unos terroristas. Se oye decir desde una república iberoamericana a la Vicepresidente del gobierno español que éste carece de competencias para asegurar el cumplimiento de la ley en ese territorio subgobernado por otros nacionalistas -demócratas- que no han hecho absolutamente nada para impedir el aquelarre de apología del terrorismo que han vuelto a sufrir las víctimas a las puertas de sus casas. Sin embargo, a la hermana Teresa sí se le ha perdido alguna competencia en aquella república, ... Debe ser el nacionalismo español expansionista y colonialista]

Pero, ¡cuidado! No incurramos en excesos retóricos.
En general los nacionalistas periféricos no buscan una "pureza étnica o racial", sí la protección y la promoción de lo que consideran su cultura y lengua nacional.
Y para ello nada mejor que la supresión de la elemental libertad de usar en la escuela la lengua propia -me refiero a la propia propiamente dicha, es decir, la del hablante, no a la propia de la nación nacionalista-.
De nuevo el voluntarismo y el subjetivismo como criterio político de imposición tanto sobre quienes lo comparten como sobre quienes tienen otra lengua nacional, y la atribución de legitimidad democrática a ese proyecto.
¿Será el discurso del nuevo PP dialogante con todos los nacionalismos menos con el español, que es intolerante, no democrático, y sobre todo, sólo saben do mora iniciados como Albert Esplugas?


Comentarios a Albert Esplugas (4/5)

  1. Un mismo nacionalismo se manifiesta de formas distintas dependiendo de las circunstancias. Si la lengua catalana fuera hablada por 400 millones de personas y tuviera el peso (mediático, económico etc.) que tiene el castellano en Cataluña, es posible que muchos nacionalistas no percibieran la necesidad de protegerla. Aunque esa es la impresión de mucha gente fuera de Cataluña, el castellano no está en peligro de extinción ni entra en la agenda política de la mayoría de catalanistas acabar con el bilingüismo. Equivocados o no, la mayoría de quienes defienden las políticas de inmersión lingüística lo hacen en base a argumentos proteccionistas: si no se defiende el catalán desde la Administración será desplazado por el castellano en el largo plazo. Para mucha gente es el catalán el que está en peligro de extinción (tiendo a estar de acuerdo con esta visión) y ése es el motivo por el que demandan la protección del Estado (ahí es donde yo discrepo). Por tanto, la defensa mainstream de la inmersión lingüística, aunque sea errónea, no tiene nada de nazi en particular (o es tan nazi como tantas otras políticas proteccionistas en otros ámbitos).
Vaya, he aquí la ley de hierro del nacionalismo, enunciable con esta proporción: cuantos menos, más bestias.
Los nacionalistas españoles deberían ser casi inocuos, con 400 millones de español-hablantes, pero ni por esas. Los nacionalistas catalanes son bastante mansos porque aún son unos cuantos millones. Pero los nacionalistas ñaka-ñaka son unos verdaderos fieras, porque los ñaka-ñaka son sólo media docena, y, de ellos la mitad unos traidores que han dejado de hablar el ñaka-ñaka y se han pasado al oki-oki, lengua de una tribu vecina y tradicional enemiga que son tropecientos, pero en la que hay unas mujeres muy atractivas, y... en fin, pasan esas cosas que corrompen las naciones y hay que evitar a toda costa.

El voluntarismo y el subjetivismo del articulista se manifiesta también en la elasticidad histórica:
Un mismo nacionalismo se manifiesta de formas distintas dependiendo de las circunstancias.
En esta prodigiosa formulación hay un elemento hard, el nacionalismo, que permanece constante, aunque varíe su conducta, y un elemento soft, que son las circunstancias. Porque, en efecto, un invento de Prat de la Riba, de hace poco más de un siglo, es una constante histórica inamovible, pero que el catalán tenga cuatro millones de hablantes o cuatrocientos son circunstancias mudables.
En función de esas circunstancias, el nacionalista -que es casi como decir el homo sapiens-segrega más o menos adrenalina, se le eriza más o menos la pelambrera, y percibe más o menos la necesidad de protegerse la lengua.

¿Y cómo se protege la lengua todo buen nacionalista demócrata? Introduciéndola, velis nolis, en la boca de los nacionalistas de la otra nación -que no deben ser demócratas, a juzgar por su conducta omisiva-.
Sobre las impresiones de mucha gente fuera de Cataluña -probablemente nacionalistas españoles (dudosamente demócratas, claro)- yo no sé si habrá alguien tan estúpido como para temer que el castellano esté en peligro de extinción. Probablemente sí, porque hay de todo. Pero este planteamiento de la cuestión es típicamente nacionalista, y, tengo que decirlo, tramposo. Querría decir estúpidamente tramposo, pero no lo afirmo porque si es capaz de persuadir a un publicista inteligente como el Sr. Esplugas, algún mérito debe tener.

El problema es el siguiente:
En las regiones con lengua privativa los nacionalistas la han impuesto, con exclusión de la común, en todos los ámbitos cautivos o sometidos al poder público, muy especialmente en la educación, absolutamente nacionalizada a estos efectos -y a otros-, y en la administración pública. Y tratan de hacerlo en todo lo privado que pueden condicionar de algún modo, desde la liturgia católica la economía -comercio, etiquetaje, contratación pública, ... todo aquello que subvencionan o condicionan de cualquier otro modo-. Y hacen todo esto frente a la evidencia -que han constatado y reconocido expresamente- de que, donde no llegan, es decir, donde se refugia la libertad residual, la gente sigue siendo 'anormal' ...

Así pues, quienes acaso incurrimos en el exceso retórico advertido por el autor, no abrigamos temor alguno por 'la extinción del castellano' -ni siquiera practicamos el credo ecolingüista de que haya que proteger lengua alguna -propia o impropia-, ni nos paramos en la lista de las lenguas en extinción, palabrería nacionalista que trufa y estraga el discurso del Sr. Esplugas-. Simplemente sostenemos que los nacionalistas demócratas suprimen la libertad de lengua en todo aquello que pueden controlar o condicionar. Algunos decimos más: el caprichito de que todo el mundo acabe hablando como al nacionalista le dé la gana no es el fin -ni siquiera el nacionalista demócrata es tan estúpido-, sino un medio para que todo el mundo acabe pensando de la misma manera, y a la lengua en extinción anude la nación oprimida y todos sus corolarios. Ni siquiera es necesario expresarse en catalán, porque la linguomanía nacionalista -al servicio de esos nacionalistas demócratas- puede expresarse perfectamente en castellano, como demuestra el Sr. Esplugas, y es tal vez en castellano como rinde mayores servicios a la causa, aunque no creo que sea su intención en este caso.

Dice que
no entra en la agenda política de la mayoría de catalanistas acabar con el bilingüismo
Lo que, manifiestamente, entra en la agenda de los nacionalistas es relegar la lengua propia de cientos de miles de personas a lo coloquial, a lo familiar -ancilar- y privado, y mutilar absolutamente la posibilidad de acceso a la cultura letrada en esa lengua [la mutilación mental infligida a los escolares inmersos en las lenguas llamadas propias, a los que se priva del derecho de acceder a una cultura definida por las destrezas letradas, y no por la alfarería ni por las danzas regionales.] -pese a la indigencia, mayor o menor, de la disponible en la otra - La degradación consiguiente hará el resto.

... la defensa mainstream de la inmersión lingüística, aunque sea errónea, no tiene nada de nazi en particular (o es tan nazi como tantas otras políticas proteccionistas en otros ámbitos)
Admitamos, a efectos dialécticos, que la inmersión brutal, ofensiva, humillante, atentatoria contra la dignidad de sus víctimas -aunque sea por su bien- en Cataluña, en Vascongadas, Navarra, Galicia y Baleares, no tiene nada de nazi, o no más que otras políticas proteccionistas en otros ámbitos. ¿Por ejemplo en materia de espacios naturales? ... ¿de especies animales en extinción? ... ¿de masas forestales contra el riesgo de incendios? Me gustaría un ejemplito. ¿de mujeres en riesgo por violencia doméstica?
La necesidad de forzar el argumento conduce al Sr. Esplugas a un relativismo insostenible, porque eso que llama políticas de protección, consistentes en la erradicación mediante penalización, de la posibilidad de usar su lengua en la escuela a cientos de miles de alumnos -art. 13 del decreto 124/07 de la Junta de Galicia- no es asimilable a 'otras políticas proteccionistas en otros ámbitos'. Recuerda más, salvadas las distancias, a algunos aspectos de las leyes de arianización del III Reich.

Comentarios a Albert Esplugas (5/5)

  1. Comparar a los nacionalistas con los nazis devalúa lo que hicieron los nazis. Me imagino caras de desconcierto y miradas de "dónde diantre nos hemos metido" cuando pienso en una conferencia en la que se compara a los nacionalistas catalanes con los nazis y los asistentes son judíos que sobrevivieron al Holocausto o familiares de víctimas.
A mí tampoco me parece bien la banalización del mal, que es una constante en la conducta de los nacionalistas demócratas, y tiene tan graves consecuencias morales en nuestro panorama político. Acabo de oír al Sr. Ercoreca referirse a los crímenes de De Juana como 'desaguisados', y como ésta hay miles, hasta el punto de que yo lo considero un rasgo constitutivo de los nacionalismos demócratas. Consta en las hemerotecas la negativa del BNG a condenar el Holocausto si la declaración no incluía una condena pareja de la guerra de Israel contra el terrorismo palestino.
Dicho esto, a mí también me cuesta mucho imaginar una conferencia en la que se compare a los nacionalistas catalanes con los nazis ... en Cataluña. En realidad, en Cataluña no sé si es posible hablar públicamente del nacionalismo catalán por alguien que no pertenezca al clan -en una conferencia anunciada en la universidad, por ejemplo- aunque los conferenciantes no tengan ni remotamente la intención de pronunciar esa comparación. Hay precedentes -Juaristi, Arcadi Espada, Savater, ...- que, sin incurrir en tal 'exceso retórico' hubieron de desistir de la retórica sin exceso.

Las razones, contundentes -la retórica de los puños-. Serían nazis en Alemania, pero tal vez su traducción al catalán exija otra palabra. En diversos incidentes violentos se han identificado miembros de partidos independentistas catalanes -ERC-; y en todo caso la minimización de los demás (algo así como lo de 'los chicos de la gasolina', de Arzallus).

Con el exceso retórico denunciado, tal vez con razón, por el articulista, no se alude necesariamente a independentistas catalanes comandando campos de exterminio de charnegos. Tampoco en 1930 había campos de exterminio de judíos. La serpiente, antes fue huevo. La experiencia histórica debería servir para algo. Se denuncia una ideología racista en su origen y en su esencia -aunque haya substituido la raza por la lengua y por el folclore a efectos funcionales-, y se denuncian unas tendencias cuyo pleno desarrollo conduce a la asimilación, a la rendición de la mitad de la población -como ya está sucediendo en el ámbito escolar- o a la exclusión absoluta. Tal vez el nacionalismo catalán no es más porque no puede más por el momento, y porque los tiempos no consienten lo que estaba de moda en los años treinta en Europa -aunque hemos vuelto a verlo en los noventa en Yugoslavia-. Con todo esto, no sé si lo perentorio es atenuar la crítica.
El nacionalismo catalán, y los demás, tienen su proyecto. Un proyecto en el que no caben cientos de miles de ciudadanos. Puede ser excesivo calificarlo como nazi. Pero en la guerra retórica abierta, no sabría si ese 'exceso' es mayor o menor que los puestos en circulación por la alianza social-nacionalista, que incluye, nada menos, que la invención de la Historia, y en lo menudo la atribución del carácter de fascista -vulgo facha- a todo opositor, incluido el autor del artículo comentado.
En tal coyuntura, siendo siempre higiénico vigilar los propios excesos retóricos, se me presenta como más urgente denunciar los del adversario.
  1. Cuando uno cae en la exageración y en los excesos retóricos corre el peligro de que solo le tomen en serio los que ya están de acuerdo con él.
No sé si esto es cierto, pero debiera serlo.