Social

   ... tanto la presente carta como las abortadas responden a la misma buena intención, e incluso al deseo egoísta de conservar la alegría por su victoria, a la que contribuí con mi voto, en defensa propia, y, se lo confieso, más angustiada por la posibilidad de que los ingenieros sociales del colectivismo identitario dispusiesen de otros cuatro años para seguir haciéndonos felices, que esperanzada por la posibilidad de que el vacuo centrismo nos proteja efectivamente contra tales proyectos. ...

Respetado Sr. Presidente:


Lo primero, felicitarle por la drástica reducción de altos cargos, aunque debiera ir seguida de una congruente política tendente a la paulatina reducción del aparato burocrático y de su intervención en la vida de los ciudadanos. Ya sabe: cuanto más pequeña sea la máquina de amolar, mejor para los amolados. Se lo digo desde el lado de éstos, claro.

Es la primera carta que le escribo, aunque he dejado unas cuantas en el tintero. Por ejemplo, una a propósito de sus rituales místicos ante el arbitrario o parcial panteón –aprecie el oxímoron- de algunos gallegos más o menos ilustres que otros.

He llegado a tener la impresión de que el estado aconfesional perdía por momentos ese carácter en su representación. Su opción por la fórmula de la promesa frente a la del juramento en la toma de posesión oficial me informa de su indiferencia por la religión tradicional, pero sería alarmante que la hubiera substituido por el culto druídico nacionalista. A fin de cuentas, aquélla predica el amor al prójimo sin distinción de raza, sexo, etc.,  mientras que éste es letal para la libertad y la igualdad de los ciudadanos.

Pero he de apresurarme a advertir que tanto la presente carta como las abortadas responden a la misma buena intención, e incluso al deseo egoísta de conservar la alegría por su victoria, a la que contribuí con mi voto, en defensa propia, y, se lo confieso, más angustiada por la posibilidad de que los ingenieros sociales del colectivismo identitario dispusiesen de otros cuatro años para seguir haciéndonos felices, que esperanzada por la posibilidad de que el vacuo centrismo nos proteja efectivamente contra tales proyectos.

El género tonto, o esa tontería de género.

Estaba cantado que la triste –pero maligna- Oposición, carente de todo vestigio de vergüenza,  le reprochase no haber respetado la cuota de género en la composición de la Junta.
Se ha defendido V.E. apelando a la literalidad de la ley, perdiendo con ello la oportunidad de denunciar una ley estúpida, que ofende la inteligencia de las personas, concepto maravilloso de la civilización occidental -persona- que el retro-progresismo ha conseguido desterrar del proceso político, substituyéndolo por los componentes primarios de la especie, para volver a poner en primer plano las diferencias zoológicas y postergar la esencial igualdad humana; concepto maravilloso que incluía a mujeres, hombres y hermafroditas, e hizo posible el progreso de nuestra civilización en la igualdad jurídica.

Sabe mejor que yo que la progredumbre no le va a perdonar su victoria, y no va a reparar en medios, incluidos los moral o intelectualmente inaceptables por quien tenga algo de lo uno o de lo otro.
Yo hubiera preferido que respondiera Vd. –voy a apearle el tratamiento, que es muy pesado- apelando al sentido común, más que al acatamiento formal de esa ley veterinaria que obliga a verificar el sexo de las reses que han de componer toda corporación, como si su objeto fuese la reproducción pecuaria, cuando, es de suponer, no se constituye una junta de gobierno para que sus miembros y miembras hagan uso en ella y en cuanto tales, de su condición sexual, sino de talentos que no guardan relación conocida con el sexo. Ha optado Vd.  por  el acatamiento formal y externo de esa ley. Espero que, al menos, ese acatamiento no obedezca a la debilidad intelectual y moral interna propia de la progredumbre que tiene enfrente, y sea mera táctica, aunque se pierda con ello la oportunidad de poner un poco de claridad moral contra la promiscuidad conceptual de la corrección política. Pero, es cierto, además de exigirles a los políticos que nos hagan el mínimo daño posible, no podemos pretender, encima, que nos ilustren. Pero tampoco debería Vd. renunciar a ello: la progredumbre se revuelca en su vómito como la niña del exorcista cuando alguien con autoridad se atreve a decirles un poco de verdad.


Tal vez una táctica alternativa, plausible, hubiera sido no contestar en absoluto, no rebajarse a ese chusco debate. Y una solución mixta, dejar la defensa de la proporción sexual del gobierno regional precisamente a las mujeres designadas. Tendrían mucha credibilidad en este tonto asunto.

Sobre la confusión de estado y gobierno, ya que ha optado Vd. por una respuesta conceptual al robo fiscal socialnacionalista que tratan de imponer Montilla y Chaves, le hablaré otro día.

Siga con salud y mucho ánimo, que buena falta le harán.

Respetuosamente, con mis mejores deseos,

Carlota Corday