En el salón de actos de la Fundación Pedro Barrie de la Maza el profesor Schwartz, invitado por la asociación de estudios Poder Limitado que preside Luis Balcarce, ofreció ayer  un interesante esbozo de sus conocidos planteamientos liberales.

Para el adormilado observador español que cree que el paisaje del Estado del Bienestar siempre ha estado ahí, y que no concibe otra política alternativa al más o menos despótico Papá Estado el liberalismo sigue resultando cosa de anglófilos, gente rara ya se sabe, como en otro tiempo la ilustración fuera tema de afrancesados,

El propio Juan de Mairena, heterónimo para la cosa docente de Antonio Machado explicaba a sus alumnos que: "la libertad señores, es un problema metafísico. Hay además el liberalismo, una invención de los ingleses, gran pueblo de marinos, boxeadores e ironistas"

Los de los ingleses, salvando nuestros pioneros de la Escuela de Salamanca, más que una crítica es una constatación, pues la libertad en el mundo no existiría sin sus grandes baluartes de la cultura anglosajona.

Pero ¿es sólo un problema metafísico?

A mediados del siglo XIX cuando Silvela empezó a estudiar Derecho en el caserón de San Bernardo los presupuestos generales del Estado ascienden a 1.775 millones de reales de vellón.

Ahora la suma es astronómica tanto en términos absolutos como produce escalofríos en los relativos: el españolito indefenso se ve despojado de una buena parte de sus ingresos. Unos se supone que van dirigidos a la "solidaridad" pretexto del omnipotente Estado de Bienestar. Otros se dedican a reforzar el sistema despótico que nos dice qué tenemos que hacer e incluso en qué lengua tenemos que hablar.

Debería ser evidencia de razón, aunque de suyo no es así, que el Estado de Bienestar ha crecido de modo monstruoso e interfiere crecientemente en la Libertad y la responsabilidad individuales atributos humanos que permiten el auge y mantenimiento de la civilización.

Más allá de los aspectos económicos y financieros del asunto que no cabe abordar aquí, sí conviene recordar que el Estado suele tender a ser ineficaz, pues como se apuntó en el acto, suele verse recompensado por su propia ineficacia. Y acostumbra a no cumplir sus promesas. Y no duda en, por ejemplo, en recortar pensiones, y confiscar aportaciones a las futuras pensiones fijando plazos arbitrariamente.

El Estado de Bienestar invadiendo áreas de la sociedad civil y de la propia conciencia individual ha derivado en un foco de corrupción e irresponsabilidad, agravadas en el caso español por su lamentable sistema autonómico.

Las repúblicas no pueden subsistir sin virtud.

Y la virtud está en Responsabilidad, Trabajo, Propiedad privada, Impuestos bajos.

El profesor Schwartz es partidario que el viejo lema de los liberales británicos de no pagar impuestos si no se vota, se cambie a no votar si no se paga.

Y se está produciendo un creciente enfrentamiento entre calidad y cantidad. Incluso entre los que no participan de la creación de riqueza social. Entre voto democrático y autogobierno del individuo. Al fin, en otro modo de oligarquía y caciquismo.

El profesor liberal defiende que resulta preciso rebajar el tamaño del Estado para hacer que se ocupe de sus funciones básicas tradicionales: Defensa, Justicia y Orden Público.

Un discurso clásico en los países avanzados de cultura anglosajona pero casi insólito en la anticuada, injusta y acomplejada España actual.

Pero no inoportuno especialmente ahora en estos tiempos preelectorales en que las ofertas de los partidos recuerdan las timbas de tahúres o las disputas de majos y jaques disputándose los favores de majas y mozas del trato.

Sarastro