En La Voz de Galicia.- ... Vista su política territorial, su giro histórico en la lucha contra ETA y su bien probada voluntad de no pararse en barras para ganar las elecciones, hace mucho que no espero nada del presidente del Gobierno. Pero, ¡y el Partido Socialista! ¿Dónde se esconde, si es que aún existe, el Partido Socialista?

Las señas de identidad de la socialdemocracia -dentro de la cual se inscribía el PSOE hasta la infausta llegada a su dirección de Zapatero- se reducían, en esencia, a una suma de Estado social y democracia.

Abandonado todo delirio de instaurar el socialismo -origen de la catástrofe política, económica y social del comunismo-, el proyecto socialdemócrata, en el que muchos seguimos creyendo frente al populismo radical que se ha adueñado de gran parte de la izquierda, consistía sobre todo en hacer compatible la división de poderes y la garantía de los derechos, característica de la democracia liberal, con la redistribución de la riqueza, que forma parte de las mejores tradiciones de la izquierda.

El instrumento fiscal habría de ser, en tal sentido, la palanca social fundamental para impulsar decididamente la igualdad. Recaudar impuestos progresivos para devolver lo recaudado en forma de servicios sociales: ese será el secreto. Recaudar, por supuesto, de los más favorecidos para redistribuir entre los más necesitados.

Frente a esa tradición socialdemócrata, la izquierda líquida (populista radical) que ahora nos gobierna ha decidido hacer todo lo contrario: recaudar sin justicia social, mediante el mantenimiento de una bolsa de fraude fiscal descomunal contra la que apenas se hace nada, y practicar la redistribución inversa. Pues ¿qué otra cosa, sino eso, es financiar los nacimientos de un modo lineal, es decir, al margen de la renta de los beneficiarios?

Si ese episodio constituyó en su día una auténtica vergüenza para todos los que nos reclamamos de la cultura progresista, ¿qué decir de las ayudas al alquiler de viviendas que han entrado en vigor este 1 de enero?: que desde la óptica de la redistribución fiscal constituyen un escándalo.

¿O no supone un escándalo mayúsculo que se financie con 210 euros mensuales (más o menos la mitad de lo que cobran en España cientos de miles de pensionistas que carecen de todo apoyo social o familiar) el alquiler de viviendas por jóvenes de entre 22 y 30 años que pueden ganar hasta 22.000 euros anuales, que es algo menos de la mitad de lo que gana un catedrático? ¿Es que ya nadie tiene en el PSOE la sensibilidad social para entender que esas ayudas -¡lineales, por supuesto!- beneficiarán a docenas de miles de jóvenes que, sencillamente, no las necesitan, por el simple hecho de que todos son potenciales votantes socialistas?

 


Nota del editor.- En esta página solemos hacernos eco de los excelentes artículos del Prof. Blanco Valdés denunciando, precisamente, con acierto, la política territorial y 'anti' terrorista de Z, a las que alude hoy para justificar su nula esperanza en el personaje.

NO compartimos, claro está, la fe del profesor en la conciliación de estado de derecho y estado social, pero poco importan su fe y nuestro descreimiento: el estado es social, no solo porque lo dice la Constitución, en un oxímoron insuperable en el art. 1º -como el lingüístico en le 3º- sino por la fuerza de los hechos consumados: era 'social' el estado franquista, pese a que, inteligentemente, el general no se tomó muy en serio todo el programa de Falange, y social el heredado de aquella situación (ejemplo: la expropiación de casi toda la propiedad inmobiliaria urbana en favor de los inquilinos por aquella increíble ley de arrendamientos deja pálida la ayuda, también lineal, criticada por D. Roberto Blanco en este artículo)

Nosotros no creemos, como el Prof. Blanco Valdés que las dádivas estatales por nacimiento de niños -compatibles con la financiación pública de los abortos en la SS, y la más abyecta tolerancia en 'la privada'- o las ayudas para los alquileres de viviendas a jóvenes no opulentos, deban existir, siempre que sean "progresivas" o escalonadas, en función de la renta.

Nosotros creemos que no deben existir en absoluto. Creemos que la 'política familiar' es otra cosa muy distinta -empezando por el respeto a instituciones milenarias, que no impedía la consideración que merecieren otras nuevas y distintas-, y creemos que esas generosas dádivas financiadas con el expolio fiscal redundarán, como es lógico y natural, en un encarecimiento de la vivienda.

Pero estas son discusiones razonables en la política de un país, y, en honor a la verdad, hay que reconocer que ningún partido recoge nuestro ideario: los socialistas del PP -abundantes y, a juzgar por la precampaña, hegemónicos- contestan al manirroto Z con el consabido "y nosotros más" (al menos esa letra y esa música es lo que percibimos en el "alma social" del PP -por ejemplo, Dª Ana Pastor-)

Lo que queda fuera del campo de la democracia, y de la discusión política lícita, es el debate prepolítico sobre la existencia de la nación, o sobre la superioridad esencial -y efectiva- del estado de derecho sobre las mafias criminales, con una de las cuales, Z ha discutido nuestros asuntos, rebajándonos a su abyección.

Por eso, desde la discrepancia política en lo político, queremos reconocer nuestra coincidencia y agradecerle al Prof. Blanco Valdeś su tenaz lucha con el pensamiento y la palabra, por defender ese espacio político común en el que discrepar lícitamente como demócratas: la nación española constituida por ciudadanos libres e iguales bajo el estado de derecho. Tenía méritos sobrados para ser una estrella intelectual en esta lóbrega noche del socialismo, pero sacrificó, sin duda, el poder, la influencia y el dinero inherentes al abrigo del poder para ser fiel a sí mismo. Y eso es infrecuente.