Económica
En el ABC.- En el corazón de Europa al que nuestro caudillo socialista español prometió devolver a España y en el que ni se le llama ni se le espera -ni al caudillo ni por desgracia al país-, se suceden grandes acontecimientos con inmenso calado sin que los españoles, tan pendientes de caudillos caribeños irritados, los perciban en toda su magnitud y asuman las consecuencias para el futuro común. En Francia y Alemania está en marcha el gran esfuerzo modernizador para forjar el estado que, ..., sea capaz de ... combatir el igualitarismo coactivo.
En el corazón de Europa al que nuestro caudillo socialista español prometió devolver a España y en el que ni se le llama ni se le espera -ni al caudillo ni por desgracia al país-, se suceden grandes acontecimientos con inmenso calado sin que los españoles, tan pendientes de caudillos caribeños irritados, los perciban en toda su magnitud y asuman las consecuencias para el futuro común. En Francia y Alemania está en marcha el gran esfuerzo modernizador para forjar el estado que, siempre con vocación social, sea capaz de liberar e incentivar la creatividad, la competencia y la iniciativa y combatir el igualitarismo coactivo. Una noticia de ámbito casi íntimo ha enconado el debate. El martes, el peso pesado de la autoridad moderada del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), Franz Müntefering, el vicecanciller y ministro de Trabajo, dimitió por razones que conmueven y le honran y que nadie decente debe poner en duda -la enfermedad terminal de su mujer. Este hecho supone, en las actuales circunstancias, una carga de profundidad, lanzada por la fatalidad, contra un proceso paralelo en Alemania y Francia que es tan necesario para el futuro de Europa como combatido por las fuerzas de la reacción desde el sindicalismo, el clientelismo gremial y el izquierdismo ideológico.
Müntefering hacía un mutis dramático que su jefa de Gobierno y compañera de coalición, la cancillera Angela Merkel, lamentaba y honraba en los mejores términos de la complicidad patriótica y empatía humana en la rivalidad política. Merkel y Müntefering han logrado poner en marcha un clima de optimismo empresarial, laboral y ciudadano inexistente en Alemania desde la unificación. Pero las constelaciones propicias para las reformas de gran alcance son a veces víctimas de avatares personales o caprichos de ocasión. Mientras el vicecanciller anunciaba su supremo sacrificio personal de abandonar cargo, vocación y ambiciones, los líderes sindicales en Francia y Alemania, intentan sabotear las reformas que suponen un sacrificio bien moderado y que han demostrado ser un inmenso beneficio para la sociedad y la prosperidad común. El despegue del decrépito Reino Unido que heredó Margaret Thatcher se inició con la derrota de los anacrónicos sistemas de chantaje que tenían secuestradas economía, libertad y nación. Fue aquella batalla contra el sindicalismo premoderno como la batalla contra la resignación en el Este de Europa iniciada una década después, el principio del fin del «Viva las cadenas» de gran parte de Europa oriental y occidental y el comienzo del proceso de unificación en libertad en el continente. La recuperación de la libertad y la iniciativa frente a la imposición de las leyes de dependencia y obediencia dieron frutos entonces y han de volver a hacerlo. Merkel y Sarkozy están decididos a culminar un proceso imprescindible para que Europa coja el ritmo de desarrollo en la economía globalizada.
El nuevo vicecanciller es el ministro de Asuntos Exteriores, Frank Walter Steinmeier, sin poder en el SPD para frenar al izquierdismo que ha crecido con las frustraciones de un partido que se siente perdedor en la coalición. Es evidente que con la retirada de Müntefering se acaba la labor creadora de una coalición de éxito que ha sacada de su estancamiento a Alemania. Comienza la carrera electoral en el gabinete, lo que puede suponer su ruptura a medio plazo. Pero aunque se llegue pronto a nuevas elecciones, el legado de esta coalición es bueno y claro. Como lo es el hecho que los intentos de sabotear las reformas en la Francia de Sarkozy las protagonizan sectores organizados pero nunca mayoritarios. Si el SPD recae en el izquierdismo al que le quiere forzar su izquierda y la secta paleosocialista de Oskar Lafontaine puede cavarse una trinchera de reacción, populismo y demagogia como los izquierdismos meridionales y especialmente el carpetovetónico. Pero todo indica que en el corazón de Europa, Merkel y Sarkozy, dos líderes antitéticos de nuestro caudillo «progresista», muy lejos de prometer y regalar adelantos para comprar votos o lealtades, tienen los argumentos necesarios para demandar sacrificios, esfuerzo y rigor por el bien de un futuro razonable y razonado. Tienen muchas expectativas de ganar el pulso. Por el bien de toda Europa.