¿Qué celebramos?

Asistimos, un verano más, al derroche injustificado de los recursos públicos en fiestas pagadas por los ayuntamientos, esto es, por todos los españoles, para que ciudadanos y ciudadanas (Bibiana dixit) asistan gratuitamente a este tipo de eventos; hay de todo y para todos, desde fuegos artificiales, conciertos de todo tipo, teatro, espectáculos infantiles, no en vano existen las concejalías de fiestas, cuando no, institutos municipales dedicados full time a eventos y festejos de todo tipo. En los presupuestos 2009 del ayuntamiento de La Coruña (partidas 70.457), el ayuntamiento tiene previsto hacer transferencias por importe de 4.500.000 euros al Instituto Municipal de Espectáculos. Casi nada…Además, en esto de las fiestas no hay colores partidarios, todos quieren ofrecer más, en un círculo vicioso de más fiesta, más gasto, el motivo es lo de menos. Algunos ciudadanos asistimos incrédulos a este esperpento nacional, España está de fiesta permanente, en el país que más paro y déficit está generando. Me resulta chocante este despiporre en el gasto con el deseo generalizado en la población para reducir su factura fiscal, esto es, pagar menos impuestos legal o ilegalmente: facturas sin iva, trabajo en economía sumergida, declaraciones por debajo del valor de mercado,etc…

 

Aquella infausta frase de Tierno Galván de “a colocarse y al loro”, el alcalde pop de Madrid, el de la movida, viene muy bien al caso, pues desde entonces o ya antes los ayuntamientos compiten por organizar las mejores fiestas, contratar a los grupos de moda, gratis total, en su afán por distraer y entretener a la ciudadanía. Pan y circo. La excusa, el fomento de la cultura. Lo que no dicen que lo que fomentan es la cultura del gratis total y del mínimo esfuerzo a costa de todos.

 

Al mismo tiempo, leemos y oímos que en las cajas de los ayuntamientos no queda ni un céntimo, pero para gastar en fiestas siempre hay. Pero como los ingresos bajan y las fiestas continúan, significará que se cargarán a los ya abultados déficits municipales y engrosarán su larga lista de deudas. Y no pasa nada… Resulta que nuestros paupérrimos consistorios, algunos próximos a la suspensión de pagos, siguen incrementando sus deudas para que la fiesta no pare y el jolgorio continúe. Esto recuerda a aquellas familias que, incapaces de atender sus necesidades básicas diarias, en un alarde de ingeniería financiera, tiran de visa para hacer maravillosos viajes que no saben ni cómo ni cuándo pagarán. Pero como el dinero público no es de nadie ...

 

Con independencia de la situación económica actual en la que son inadmisibles estos despilfarros, hay que poner en cuestión y cortar de raíz este tema por lo inapropiado de ver a una administración pública organizando festejos. ¿Son las fiestas un servicio público a gestionar desde los ayuntamientos o sus institutos ad hoc? Vamos hombre…, que baje Dios y lo vea.

 

Existen o deberían existir comisiones de fiestas formadas por aquellas personas que quieran y dispongan de tiempo y energías para estos menesteres y que, a su vez, obtengan la financiación de aquellos vecinos o empresas interesadas en esas celebraciones y si eso fuera insuficiente, recurriendo al cobro a los participantes en las mismas. Y si no se pudiesen financiar por si mismas, que no se hagan, y cada uno en su casa, tan ricamente. En mi casa, las fiestas me las pago yo y si no puedo hacerlas no obligo a todos los vecinos a pagarlas. Una vez más lo que vale para una familia, vale para una administración pública. La organización de fiestas no es labor de un ayuntamiento, que supongo que antes que gastarse el dinero en fiestorros tendrá bastantes cosas más necesarias que hacer. No parece aceptable pagar impuestos -coactivos- para esto.

 

Creo, en definitiva, que incluso para divertirse hay que ser serio empezando por las administraciones que gestionan los impuestos que salen de nuestras rentas que tanto nos cuesta ganar; no entiendo esta actitud irresponsable por parte de administraciones y administrados que tan alegremente aceptamos el derroche del dinero público. No parece justo que las generaciones venideras tengan que pagar los conciertos, gratis total, a los que asistían sus papis 25 años antes.