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30/06/08 Roberto Blanco presenta su libroAcudimos a la presentación un poco antes para coger sitio. No fue necesario: la presentación del libro del intelectual gallego que más y mejor ha escrito sobre el asunto –en el fondo, la pervivencia del estado nacional- no interesa a mucha gente, constatamos con pena: tal vez la ilusión momentánea del fútbol distrae de lo que no queremos ver. Y también que el acto, pese a su importancia y a su realce institucional, no fue objeto de la más mínima difusión. algo así como "estamos contigo, Roberto, pero mejor que no se enteren los malos" (Esto no es una certeza)

Queremos decir algunas cosas:

La primera, sorpresa por el respaldo del editor de La Voz a un libro de estas características. El tratamiento periodístico de la materia en La Voz, al menos hasta ayer, siempre ha sido parcial y, sorprendentemente, favorable a la demagogia identitaria, con la honrosa excepción de los artículos de opinión de Roberto Blanco y un muy reducido número de columnistas.

La Voz tiene tics muy acusados, muy arraigados y muy difíciles de modificar –en el supuesto de que existiese un atisbo de voluntad de hacerlo-. Un ejemplo entre mil: el mismo día que anunciaba la presentación del libro con una entrevista al profesor Blanco Valdés, en un reportaje sobre las llamadas ‘islas atlánticas’ –patochada notable, porque Galicia no las puede tener mediterráneas, y Canarias o Azores son y no están- el titular rezaba que por fin serían gallegas, como consecuencia de una transferencia administrativa. La Voz viene identificando estos procesos administrativos de supuesta descentralización –cuyo resultado suele ser lo contrario, y casi mejor que no hagamos las cuentas- con un largo y penos proceso de descolonización, en el que la comunidad indígena irredenta va ganando tenazmente todas las batallas. Por lo visto, después de que unos obscuros burócratas pongan a la firma de personajillos como Quintana unos papeles, los islotes costeros o la cuenca fluvial del Miño serán gallegas; hasta entonces son colonias ocupadas por la potencia metropolitana.

Este es el marco interpretativo del periódico desde hace años. Es profundamente demagógico, hasta el extremo de haber empobrecido su lenguaje. Un ejemplo muy claro: en español hay dos palabras con significados claros y distintos: municipio, como ente administrativo demográfico y territorial y ayuntamiento o concejo como órgano político que gobierna y administra ese ente. Pues bien: en la prosa de La Voz de Galicia ha desaparecido esa distinción y se confunden para todo propósito ambos conceptos en el vocablo concello, tanto que la noticia se redacte en español, que es lo habitual, como en gallego. No sé si habrá podido prescindir, congruentemente, del adjetivo municipal. Imposible renunciar a la boutade de que el resultado es bien espeso.

Basta ojear cualquier ejemplar del periódico para constatar esa obsesión identitaria en el tratamiento de cualquier noticia, desde un traspaso administrativo hasta ‘el ejército gallego’ en Afganistán.

Y, por supuesto, comparte la jerga políticamente correcta de toda la prensa sin excepción, incluida la COPE en su programación local: la única comunidad política con entidad es Galicia; por encima de esta madre sagrada está ‘el resto del estado’. Así, por ejemplo, llueve en Galicia pero podrá llover o no en otras zonas del estado. Y como esto, todo lo demás.

Cómo el nacionalismo ha logrado imponer su sintaxis y su semántica estúpidas a todos los medios, no lo sé ni dispongo del tiempo y del espacio precisos para explicarlo aunque supiera. La Voz no es una excepción en esto. Lo sorprendente es que su editor se implique en la presentación de un libro que, sí, fue sembrado en su periódico entre 2002 y 2007, pero fue mucha más la mala hierba.

¿Acaso empieza a percatarse alguien de que los nacionalistas ya no se conforman con la complacencia dispensada en español? Tal vez después de la conquista absoluta de la administración y la enseñanza –los ámbitos cautivos- ha llegado el momento de la empresa, el comercio, ... la prensa. Y eso amenazaría las ventas, porque un periódico es el idioma en que se escribe, y la administración linguocrática no puede subvencionar el periódico al 100 %, es decir, no puede suplir permanentemente la pérdida de lectores. NO hablemos ya de la independencia: el pavoroso tratamiento del "decreto del 50 %" y de la reacción ciudadana que suscitó lo dicen todo. No hubo modo de apear a la Voz de que el decreto del 50 % no es del 50 %.

No me resulta creíble que la infiltración nacionalista en el periódico –mucho más eficaz en español que en gallego- se haya producido durante todos estos años en fraude del editor, o sin que se percatara. Más bien creo que se produjo ante sus ojos.

NO menos sorprendente el respaldo explícito, en este caso mediante un breve discurso introductorio bien elaborado, del director general de Caixa Galicia. Porque una cosa es la generosa ayuda en que consiste la cesión de su espléndida sede para actos de todo signo, y otra muy distinta la colaboración a la edición del libro y la presentación del director general. Por supuesto que le honra, y que hace falta valor, en el contexto creado por el social-nacionalismo para dar la cara por un autor como Roberto Blanco, y que la entidad, lamento decirlo, incurre en ciertos riesgos, pues en el fondo de esta cuestión late, sin duda, la amenaza de la violencia por parte de grupúsculos alentados y financiados por el nacionalismo gobernante.

En cuanto a la presentación en sí, siempre es interesante escuchar a Roberto Blanco, aunque la ocasión, muy institucional, no se prestaba a entrar en faena. Sencillamente había en la sala un pequeño grupo de españoles y algún individuo en primera fila que no lo es, y no era cosa de montar en ocasión solemne un debate internacional.

Agradecí que expresase su admiración por Julio Camba, que comparto, como uno de los mejores columnistas del siglo pasado. Y, ciertamente, se le nota a Roberto Blanco esta influencia.

No quiso molestar a las autoridades presentes, más o menos comprometidas, algunas de ellas, en la basura del proceso de paz –siquiera por omisión, siquiera por permanecer en el partido que se degradó en esta nueva versión del GAL, es decir, de combatir el terrorismo por cualquier medio distinto de la aplicación de la ley-. Pero lo que no dijo ayer está dicho en el libro, con energía y con claridad insólitas en la izquierda española y rigurosamente inéditas en la gallega.

Escabroso tema –y no bien resuelto en la presentación- sobre aquello que puede ser objeto de diálogo o negociación con los terroristas.

La tesis de Roberto, o su resumen ayer, fue: el estado de derecho no tiene nada de qué hablar con una banda terrorista hasta que ésta decida entregar las armas, y, entonces, de lo único que podrá hablarse es de un tratamiento penal o penitenciario generoso.

Rogelio Alonso ha dicho muchas veces que la oferta permanente a los terroristas de generosidad para cuando decidan dejarlo, no es, precisamente, ningún incentivo a dejarlo.

Y nosotros concordamos más con esta tesis, que, tal vez, en el fondo, y sin las estrecheces del resumen, sea también la de Roberto Blanco. Sin embargo, la eficacia de la intoxicación gubernamental –y la insuficiencia de la crítica de la derecha política, que ha abandonado la ortodoxia al movimiento cívico- hacen que sea muy difícil defenderla en público.

En fin, y pese a los inevitables peajes con los que un personaje ubicado en la izquierda tiene que salpicar su discurso, los artículos de Roberto Blanco son una permanente reivindicación del sentido común, y desde esta asociación no podemos más que recomendar la lectura de esta selección que es "La aflicción de los patriotas"