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 Visita del Papa a ValenciaEn un momento muy delicado para el Gobierno que se está viendo obligado a recular en muchos frentes se acaba de llegar a un acuerdo con la Iglesia que será preciso analizar.

Como se recordará, durante la reciente visita del Papa a Valencia, la Iglesia española ha tratado de demostrar al gobierno agnóstico y anticlerical de Zapatero que no está tan liquidada como él desearía. Que no obstante los procesos de cambio social y la ingeniería de almas huecas que impulsa ZP, aún constituye un importante poder fáctico.

Un presidente de la fugaz primera república española, don Nicolás Salmerón, decía que “se pierde laD. Nicolás Salmerón virginidad de la fe para alcanzar la maternidad de la razón”. Pero mucho nos tememos que el actual gobierno, que con su conducta parece confundir laicismo con militancia anticlerical que son cosas distintas e incluso opuestas, pueda perder la virginidad además de otras vergüenzas sin embarazarse de nada útil ni razonable.

 

El Cristianismo de ahora no dicta sentencias de muerte para el disidente como el Islam radical, pero el hecho, insólito en ese contexto, de haber sido abucheado y silbado durante la visita papal debería llevarle a plantearse el porqué muchos ciudadanos le consideran una amenaza.

 D. Miguel de UnamunoSin embargo, para los que creemos, como el maestro Unamuno, que “el Cristianismo es un valor del espíritu universal que tiene sus raíces en lo más íntimo de la individualidad humana” los espectáculos religiosos de masas representan una paradoja y quizás sobran. Pues siguiendo a don Miguel, “la lucha del cristiano, su agonía, no es ni de paz ni de guerra mundanas”. Más allá de la política o de la arquitectura, el templo verdadero donde moran el espacio y el tiempo sagrados es la conciencia. Donde se manifiesta la real hierofanía, el eje vertical de la condición humana. Para algunos quizás ya carezca de sentido el viejo discurso iniciático de Pitágoras del “rinde homenaje legal a los dioses de las naciones pero guarda tu corazón para tu Dios legítimo” que constituye una de los formulaciones más antiguas del laicismo tradicional genuino. Ahora bien, ¿cabe la permanencia de la civilización, cualquiera que sea, cuando el alma está deshabitada del espíritu? El amable lector se responderá a sí mismo si quiere. Yo creo que no.