Como os podréis imaginar, estoy de luto. El cáncer le dio una tregua de cinco años para decir en voz alta lo que otros piensan y no se atreven a decir. Leí en su momento, los días posteriores al 11-S, los artículos que un año después serían el núcleo de La rabia y el orgullo, y que, a pesar de tener un punto panfletario, fueron la ráfaga de aire fresco que ventiló una habitación cargada de humo. Recuerdo también las reacciones de ciertos bienpensantes multiculturalistas que hoy, cinco años después, paradojas de la vida, comparten plenamente su punto de vista.

Los ojos duros ven más que los húmedos. Amalia Iglesias, Juegos presocráticos

 

Oriana, permaneciendo siempre en el mismo sitio, se adelantó a su época. Fue una bocazas acostumbrada a decir lo que le vino en gana en cada situación. Y fue una mujer de izquierdas. De la izquierda clásica. Vamos, de la izquierda de toda la vida: la internacionalista, la estatalista, la feminista, la laicista y/o atea. La de nuestros abuelos de hace 70 años (ahora que tanto se habla de lo que pasó hace 70 años). Ella nunca se movió de ahí. Se movieron los otros, los que hoy se revuelcan en la izquierda reaccionaria. Por eso la odiaban. Porque su postura les recordaba lo que ellos traicionaron.

Yo prefiero, a la hora de encontrar una exposición calmada y metódica al antagonismo entre islam y Occidente, a Giovanni Sartori, politólogo italiano octogenario que también se nos irá para el otro barrio cualquier día. Si hay que hacer una comparación diría que Oriana es la bofetada que se le pega al alelado o hipnotizado para que vuelva en sí, para que recupere la cordura. Sartori es el tratamiento pautado y metódico, la píldora diaria que nutre tus neurotransmisores.
Mientras tanto, la caverna islámica se alza ahora contra Ratzinger. Era de esperar. Estaban esperando el momento adecuado. Ya están exigiendo excusas. Ya están imponiéndonos sus tabúes. Ya tienen su excusa para tirar granadas contra los templos católicos, como han hecho hoy mismo. Su estulticia teológica se refuerza a sí misma de la manera más burda: se enfadan porque el papa dice que el islam se extendió con violencia y sangre, violencia y sangre que predicó Mahoma, y para protestar provocan violencia y sangre. Está claro que esta gente está muy lejos de la más elemental lógica racional. Yo no sé si Mahoma es el Anticristo, pero lo que está claro es que La Meca es la Anti-Atenas. ¿Aguantará Ratzi? Está claro que, por lo que respecta a los católicos, las cosas van a ir progresivamente porniéndose más feas. Ya lo sabíamos, no es nuevo: primero fueron a por los judíos, pero como yo no era judío, no me importó; luego fueron a por los norteamericanos, pero como yo no era norteamericano no hice caso, más tarde fueron a por los daneses, pero como yo no era danés no me preocupé; luego fueron a por los católicos....hasta que vengan a por cada uno de nosotros por cualquier motivo. Conversión o dhimmitud.

En fin, mi admiración por lo que Oriana, a su modo, se atrevió a decir, y mi pesar por su desaparición. Descanse en paz.