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En El Mundo, 26 de Agosto 2006 

El problema es que Zapatero no sabe lo que es la calle. Curró tres años de profesor universitario y por lo demás pasó directamente de delegado de clase a la alta política. Para alguien que no ha sudado un solo día de su vida es normal pensar que la realidad se arregla dando al botón del aire acondicionado.

Si algo ha quedado demostrado este verano es que vivimos en un país (o en varios) con atmósfera artificial, un país (o varios) donde la temperatura que se regula desde el Gobierno no tiene nada que ver con el tiempo que hace fuera. El aire acondicionado es un gran invento, pero uno no puede pasarse la vida dentro de él porque tarde o temprano hay que salir a la calle, y recibir la bofetada feroz de la realidad como un lingote de sol sobre la cocorota.
Esta izquierda irreal, de aire acondicionado, provoca un agradable vientecillo en la nuca, un chorro de aire fresco en las noticias, es decir, ampliación de los derechos civiles, mensajes de paz internacional y hasta llamadas personales de Kofi Annan. Pero apenas sale uno a la calle se encuentra con todos los problemas de la izquierda pendientes de arreglo: la vivienda, como siempre, más cara que nunca; los inmigrantes que siguen jugándose la vida por alcanzar nuestras costas en barcazas de mala muerte; las gentes del Frente Polisario abandonadas a su suerte; el precio del dinero, que sube como el mercurio por la escalera del termómetro; y el vacío de una política internacional basada en el folclore andino.

A una izquierda no ya de charanga y pandereta, sino de zambomba y caramillo, los problemas reales le crecen como los enanos de los circos. Con uno de sus sintagmas enrevesados, Zapatero anuncia «la crisis de la violencia» mientras afuera, en la calle, los autobuses arden a manos llenas. Y gracias a una política forestal de gaita celta, donde los bomberos en vez de apagar fuegos se dedican a aprender gallego, Galicia se ha convertido en una sucursal de Extremadura. Con su estrategia habitual, en vez de cargar con sus propias responsabilidades, el PSOE le echa la culpa al PP de todos los incendios, ya sean batasunos o gallegos. Sólo les falta decir que la plaga de medusas fue obra de Rajoy, que las fue colocando una a una en las playas españolas mientras hacía snorkeling sólo por jodernos el verano.

La sonrisa del presidente es de arcilla y funciona muy bien con la temperatura regulada, pero se resquebraja apenas le da el sol de la calle. Kofi Annan le llama al teléfono y Zapatero se siente orgulloso como un niño con amigos nuevos, sin sospechar siquiera que Annan tiene encima más sospechas de corrupción que una morgue con la nevera averiada.

Le da unos cuantos cortes de manga a Bush, y luego sale abrazando a Putin, un presidente de ojos gélidos con un saldo de cientos de miles de chechenos muertos a sus espaldas.

El problema es que Zapatero no sabe lo que es la calle. Curró tres años de profesor universitario y por lo demás pasó directamente de delegado de clase a la alta política. Para alguien que no ha sudado un solo día de su vida es normal pensar que la realidad se arregla dando al botón del aire acondicionado.