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Manolito, de KinoPermalink 23.08.06 @ 21:36:22.

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"Los gallegos le tienen miedo a su propia debilidad" nos dice Cristina Narbona que es ministra de Medio Ambiente, luego, anclada ya definitivamente en el estereotipo, encuentra en Galicia todos los males derivados de la profundidad rural y la general ignorancia de sus naturales. 

Ahí, nos dice ahora, reside verdaderamente la razón última del fuego exterminador. Bueno, nada nuevo bajo el sol, no hay cosa que nos plazca más a los humanos que vulgarizar el conocimiento para anclarlo en la visión impresionista y en la gratuita generalización. Si es a base de glorificar lo propio y denostar lo ajeno, mucho mejor.

 

Uno de los cronistas clásicos cuya lectura me produce mayor placer es el anónimo redactor de la llamada “Crónica manuscrita del Gran Capitán”, para mí un ejemplo de cómo debe gobernarse el buen sentido y esa virtud que llamamos ecuanimidad. Pues bien, en cierta ocasión llegó a su conocimiento el comprensible malestar de Giovanni Francesco Gonzaga, Marqués de Mantua, al enterarse de que algunos de sus lugartenientes franceses solían llamarle a sus espaldas “italiano bujarrón”. El cronista, a pesar de que se ocupaba de glosar las peripecias y heroicidades del general enemigo del Gonzaga, tuvo a bien apiadarse del italiano, tratando de recordar al público general que, en punto de estereotipos, no hay que tomárselo muy a pecho pues todos andamos bien sobrados: de motes y tópicos:

“El Gonzaga sintió mucho aquellas palabras, y las sintió como era razón, porque es costumbre entre los soldados y gente de guerra y en la paz asimesmo deshonrarse unos a otros e injuriarlos de palabras. A los italianos llaman los franceses y aún los españoles, bujarrones, es decir que se les acusa de echarse con muchachos. A los españoles llaman marranos y ladrones; los alemanes llaman a los suizos ordeña-vacas y éstos a los tudescos puercos sucios. A los ingleses, bestiales irracionales; a los portugueses locos elevados; y, en suma, tanto franceses como flamencos son tenidos por borrachos, meros cueros de vino”.

Esto se decía en torno al 1500, y así hemos seguido por lo que se ve, cultivando el erróneo mecanismo mental que nos conduce a hablar de colectivos y no de personas. Un hecho bien visible desde la irrupción de las ideologías proto nacionalistas en la Europa decimonónica. ¿Cómo olvidar las palabras de hiel con que regalaba cada martes y cada jueves Sabino Arana a los no-vascos? Aquellas cosas que decía de los “maketos”, fuera de toda racionalidad y de toda justicia:

"Gran numero de ellos parece testimonio irrecusable de la teoría de Darwin, pues mas que hombres semejan simios poco menos bestias que el gorila: no busquéis en sus rostros la expresión de la inteligencia humana ni de virtud alguna; su mirada solo revela idiotismo y brutalidad" (Bizkaitarra-27)

Muestra excelente de hasta que extremos de inmundicia intelectual puede conducir la cerrazón mental de un sujeto. Tampoco importa, si alguna vez, cosa poco probable, me viese tentado a suscribir veleidades nacionalistas, no tendría más que releer a Arana, ese fenómeno loado, idolatrado y canonizado hasta la extenuación por al menos la mitad de los vascos, para volverme contento al territorio del pensamiento libre, ese lugar difuso en conclusiones y asertos, donde lo más probable es, como mucho… ¿Quién sabe?

Pero, puestos a sufrir estereotipos, somos desde luego los gallegos víctimas propicias y preeminentes de sicofantes y libelistas. Tengo para mí que sobre esto de “los gallegos son…” se pueden escribir tratados enteros alrededor del tópico que identifica a los de nuestro origen con una cierta cortedad de luces embutida en un aliño tosco, provinciano y rural. Tipos primitivos y frugales somos los gallegos. Así por ejemplo, cuando en 1784 los operarios de la maestranza ferrolana solicitaban desesperadamente la mejora de sus salarios, el comandante de la real dependencia respondió a la petición con toda la fuerza de un poder que, si nunca lo fue, siempre se pretendió absoluto, dando cuenta con poco ingenio y puede que con peor intención, del más manido de los estereotipos sobre los gallegos:

“El honor y sudor de las maestranzas se ha de deber por vía del temor...Ferrol es caro, pero no para el operario gallego que ni conoce el luxo, ni necesita de otros géneros de primera necesidad que pan de borona, carne o sardina, unto y berciñas.”

Señal de que la impresión general sobre los nativos del reino de las siete provincias viene de bien lejos y siempre ha gozado de buena salud, ¿Quién no recuerda a aquel inefable Manolito Goreiro de las tiras de Mafalda? Cuánto nos hemos reído con él, y eso que el genial Quino quiso que Manolito, aunque gallego, no fuese obtuso del todo, de negocios entendía lo suyo, vamos que en el fondo era un auténtico liberal en medio de aquella pandilla de niñatos del mayo del 68.

Tal vez, el mayor vilipendio sufrido por los gallegos fue cosa de nuestra democracia, en los círculos ilustrados nadie podía entender como una comunidad rural y atrasada se empeñaba en consagrar como presidente a una legislatura tras otra a Manuel Fraga y por mayoría absoluta además…Si encima de pobres son bobos, se decía, ¡mira que votar a la derecha! Luego, recientemente, vino aquella jugosa polémica sostenida entre Pérez-Reverte y el nacionalista Francisco Rodríguez a propósito de ciertas acepciones del vocablo “gallego” que aún conserva el diccionario de la RAE, concretamente la 5. tonto y la 6. tartamudo.

En fin, ¿a qué seguir? Lo que yo me pregunto ahora es si será la ministra Narbona tan estulta como para no saber huir de los tópicos en sus declaraciones públicas. Naturalmente, la respuesta es negativa, claro que sabe producirse de otra manera más justa y más sensata, lo que ocurre es que no quiere. La ministra Narbona actúa así con manifiesta mala fe. No es idiota, es sectaria y, como se sabe, los sectarios están obligados a defender sus preceptos y convicciones a cualquier precio y por encima de cualquier mesura. Repartir deshonor general para los afectados siempre será mejor que apearse de la burra de la propia ideología. Ellos, los socialistas, no se pueden equivocar. Al fin, es miembro de un gobierno que acostumbra a dividir el mundo entre “los suyos” y “los demás”; las plantas desalinizadoras son buenas, los trasvases son malos; Hizbulá y Hamás son buenos, Israel es malo; Los nacionalistas buscan la paz, el PP la guerra; Chaves, Fidel, Mahmud Ahmadinejad, son estadistas notables, Bush y Blair son cerdos imperialistas; Endesa es taimada, Gas Natural es una empresa industriosa y admirable; ergo los leales andaluces del PER, los catalanes del Estatut, son probos ciudadanos y los gallegos ratones miedosos, ignorantes e inciendiarios, que se han empeñado, todos juntos, en amargarle el verano al gobierno. Ni Sabino Arana lo hubiese hecho mejor esta vez. Si todos siguiésemos tan repugnante modo de argumentar, a mí no me costaría nada decir que la ministra es ministra porque es de cupo y que, como se apellida Narbona, tiende al chauvinismo y a la ingesta desordenada de caracoles, o sea escargots.