La Coruña, con L de libertadLas entidades cívicas AGLI -asociación gallega para la libertad e igualdad de idioma- y Coruña Liberal queremos trasladar a nuestros vecinos de La Coruña y a los residentes en la provincia en especial, pero también a los demás gallegos y a los españoles en general, nuestra opinión sobre el absurdamente controvertido topónimo de la ciudad y provincia de La Coruña, y la exigencia ciudadana consecuente.

Aunque la cuestión es esencialmente simbólica -nuestras vidas y haciendas no dependen de ello- es también un pequeño ejemplo, muy notorio, de a qué absurdos puede llevar la imposición lingüística que vienen practicando o tolerando, con mayor o menor entusiasmo, todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria en Galicia, mucho más opresiva en otros ámbitos no meramente simbólicos, como la educación o la administración.

Muy resumidamente, la ciudad y la provincia de La Coruña, ostentaban este nombre oficial desde el origen de la oficialidad misma. Es decir: nunca habían tenido otro nombre oficial, porque la burocracia al servicio de los poderes públicos no conoció en Galicia otra lengua que el español hasta la Constitución de 1978.

A partir de la Ley de normalización lingüística de junio de 1983, basada, como su nombre indica, en el atrevido supuesto de que en Galicia había grupos de población 'lingüísticamente anormales' -especialmente 'anormales' en La Coruña-, se promueve una revisión de la toponimia oficial, y, en un proceso muñido por 'expertos' con exclusión de los ciudadanos, se substituye el artículo en español por el artículo en gallego, es decir: deja de ser oficial La Coruña y pasa a ser oficial exclusivamente A Coruña.

 

La Coruña, con L de libertad


No se trató, por tanto, del mero reconocimiento de una realidad hasta entonces excluida, y de la consiguiente ampliación de derechos. Por el contrario, fue un 'quítate tú que me poño eu'. Fue un estúpido 'ajuste de cuentas', en el que unos extremistas muy reales creían vengarse de otros supuestos, mientras la mayor parte de la población, partidaria de la libertad y de la igualdad en el uso del idioma (y, de paso, también de la corrección) se veía ignorada y excluida del campo de lo oficial hasta hoy, y, según se pretende, hasta el fin de los tiempos.

Con muy escasas y honrosas excepciones, como la del ex alcalde D. Francisco Vázquez, que mantuvo la tensión en favor de la libertad y la igualdad en esta cuestión, los políticos en general promovieron o toleraron este atropello, suponiendo que los ciudadanos, los que no hacen el gamberro con difusores de pintura en rótulos y carteles e incluso jardines públicos, acabaríamos claudicando también ante esta imposición notoria.

Nosotros, muy al contrario de quienes promovieron y sostienen esta usurpación, queremos que se instaure una normalidad distinta: la de la libertad y la igualdad ante la ley. Queremos que se restablezca en su plenitud la oficialidad de La Coruña, sin perjuicio del reconocimiento otorgado a A Coruña cuando se use la lengua gallega, de conformidad con la cooficialidad de lenguas que rige en Galicia. Tan oficial es uno como otro, dependiendo de la lengua que se use. Nuestra demanda no tiene nada que ver con la imposición y exclusión que denunciamos. No es su reflejo, sino una propuesta superadora, que, creemos, concuerda con el sentir general.

Querríamos comprometer a los partidos políticos en un acuerdo superador de la absurda situación por ellos creada. En declaraciones recientes, representantes de los dos partidos de ámbito nacional admiten de manera implícita que no se actuó correctamente en este tema, y proponen soluciones.

¿Serían capaces de ponerse de acuerdo ahora en favor de la libertad e igualdad de los ciudadanos, como antes lo estuvieron en contra? Tendrían todo nuestro apoyo.