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La Coruña, con L de libertad

Imagen: La Coruña, con L de libertad

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1980

 

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Ayer tuve una charla con un viejo conocido. Hablamos sobre el 11-M y este amigo nos tachó, a todos aquéllos que cuestionamos la versión oficial., de conspiranoicos. Le pedí que me explicara en qué basaba esa afirmación :

 

- Estáis cuestionado los resultados de la investigación judicial y policial sin tener la más mínima prueba para avalar vuestras descalificaciones.

- ¿A qué te refieres?

- Toma, por ejemplo, lo que ha sucedido con el episodio de la mochila de Vallecas. Os ponéis a armar ruido diciendo que la mochila nunca estuvo en los trenes, y al final habéis sido incapaces de demostrar que no estuviera. O toma, por ejemplo, el coche Skoda Fabia: también habéis sido incapaces de demostrar que fuera plantado a posteriori, después de dar la lata con las multas que le habían puesto en no se dónde. O toma el episodio de la furgoneta Kangoo: decís que las pruebas fueron colocadas en dependencias policiales, pero de nuevo habéis sido incapaces de demostrar esa imputación. O fíjate en lo de la nitroglicerina: tampoco habéis sido capaces de enseñar ningún informe donde diga que había nitroglicerina en los trenes. Es decir, os lanzáis a hacer afirmaciones sin fundamento y luego sois incapaces de demostrar ninguna de esas afirmaciones. Construís una teoría de la conspiración sin tener la más mínima prueba que la soporte.

- Pues, la verdad, muy mal tienen que estar las cosas para que uses ese argumento.

- ¿Cómo que muy mal? Te reto a que me refutes algo de lo que he dicho.

- Pero es que no quiero refutártelo. Al contrario, me parece un excelente argumento. Lo único que digo es que resulta contraproducente para ti.

- ¿Por qué va a resultar contraproducente para mí? Será para vosotros, que hacéis afirmaciones que sois incapaces de probar.

- Es que lo contraproducente no es lo que tu argumento "dice", sino precisamente lo que "no dice". Son las cosas que tu argumento lleva implícitas las que resultan demoledoras para la versión oficial. Fíjate, por ejemplo, en lo que dices sobre la mochila de Vallecas: dices que nosotros hemos cuestionado que la mochila estuviera en los trenes, pero que luego hemos sido incapaces de probar que NO estuviera.

- Y es verdad. Habéis sido incapaces de probar que no estuviera en los trenes.

- Vale, eso es precisamente lo que dices. Pero ahora date cuenta de lo que "no dices": llega alguien, cuestiona que esa mochila estuviera en los trenes y, en lugar de sacar una prueba que demuestre que SI estuvo en los trenes (por ejemplo, un testimonio de alguien que la viera), a lo más que llegáis es a decir que no se puede demostrar que NO estuviera. Lo mismo pasa con el Skoda Fabia: cuando se ha cuestionado que estuviera en Alcalá en la mañana del 11-M, habéis sido incapaces de sacar una imagen donde aparezca el Skoda en esa calle la mañana de los atentados. Es decir, habéis sido incapaces de demostrar que SI estuviera. Igual que con la furgoneta Kangoo: todos hemos visto en las imágenes de televisión a los policías asomándose por la parte trasera de la furgoneta mientras los perros hacían su labor. Hubiera sido sencillísimo sacar en TV las declaraciones de alguno de esos policías diciendo que habían visto la furgoneta llena por la mañana, pero habéis sido incapaces de hacerlo. Es decir, habéis sido incapaces de demostrar que las pruebas estaban en esa furgoneta desde por la mañana. O lo mismo con la nitroglicerina: hubiera sido sencillísimo decir qué componentes exactos se encontraron en los análisis de los focos de explosión. Y, sin embargo, ni siquiera habéis sido capaces de nombrarlos. ¿Te das cuenta de que, a lo largo de los últimos meses, habéis sido incapaces de exhibir una sola prueba que avale que la versión oficial es cierta? A lo único que os agarráis desesperadamente es a que nosotros todavía no hemos exhibido una prueba que demuestre de manera indudable que esa versión oficial es falsa.

- ¡Es que sois vosotros los que estáis haciendo las acusaciones!

- Perdona, pero no. Sois vosotros los que habéis acusado de cometer los atentados a un determinado grupo de personas, con nombres y apellidos. Y habéis exhibido unas pruebas para avalar vuestras imputaciones. Y cuando hemos señalado que esas pruebas son inconsistentes, contradictorias o sospechosas, en lugar de poder demostrar que esas pruebas son ciertas y veraces, habéis acabado refugiándoos en que no podemos demostrar que sean pruebas falsas. ¿Te das cuenta de la gran victoria que nos habéis concedido de esa manera? Con lo que hemos ido publicando en los últimos meses, hemos dejado patente, ante la opinión pública, que sois incapaces de demostrar la veracidad de las pruebas que habíais exhibido. Sois incapaces de demostrar que la mochila estuviera en los trenes, sois incapaces de demostrar que el Skoda estuviera en Alcalá el 11-M, sois incapaces de demostrar que hubiera explosivo en la Kangoo antes de llegar a dependencias policiales y sois incapaces de demostrar que en los trenes estallara Goma2-ECO. Es decir, que habéis acusado a una serie de presuntos culpables con unas pruebas de las que lo más que sois capaces de decir es: "¡Vale! No podemos demostrar que las pruebas sean ciertas, pero vosotros tampoco podéis demostrar que sean falsas". Y ahora volvamos a tu afirmación inicial: habéis acusado de conspiración a un grupo de traficantes, de chorizos de medio pelo, de esquizofrénicos y de confidentes policiales. Y, cuando se os pide que exhibáis las pruebas en que os basáis, resulta que no tenéis ninguna. ¿Quién es el conspiranoico?